Pensemos un momento en la cantidad de gente que hay en el mundo. Son 6 mil millones de personas que albergan pasiones y pensamientos de todo tipo. Una cifra tan grande resulta fácil de leer apuradamente, no así de comprender. Para entender realmente la magnitud de la cifra resulta indispensable colocarse uno en el lugar de ser uno sólo y comparar 1 con 6.000.000.000.000. Obviamente, la existencia del individuo es insignificante. No obstante, después de todo, es nuestra vida. ¿Cómo puede ser insignificante entonces? No es insignificante. Cada persona alberga dentro de sí una fuerza potencial inmensa. Es probable que esa persona, que bien pudiera iniciarse en una posición social baja, termine siendo un importante líder. Bien lo podemos ver como por ejemplos personas que siendo pobres en su juventud terminaron siendo importantes líderes, como los tiranos Stalin, Hitler, Hussein, Pol Pot, etc.

Ahora bien, mediante los golpes de Estado, las conspiraciones, la megalomanía, la paranoia y demás trastornos, son las formas en las que uno puede llegar al poder siendo de una clase diferente a la dominante (siempre y cuando manteniéndose en el contexto capitalista). La más refinada de todas es, sin lugar a dudas, serrucharle el piso al competidor, método predominante en la sociedad neoliberal. Aún así, vemos el motivo por el que el capitalismo nos lleva a la destrucción: por el hecho de que no todas las personas tienen tales capacidades, el capitalismo no aprovecha la potencialidad de todas las personas y, mientras un científico es aprovechado sólo para el pragmatismo capitalista (por ejemplo, si se necesita que desarrolle nuevas armas, o si lo conveniente en ese momento es algo bueno: como desarrollar un medicamento, que obviamente será comercializado a un alto precio), un hombre o mujer vacío es aprovechado por el sistema para mostrarlo como ejemplo de vida. No obstante, el capitalismo siempre tratará de utilizar las capacidades de alguien para su propio beneficio, que es redundante aclarar que es en perjuicio de la humanidad.

En cambio, en la democracia participativa, la verdadera democracia, cada persona puede encontrar su verdadera vocación, en beneficio de la democracia que es una herramienta para el beneficio de la humanidad y, por lo tanto, de esa misma persona. La democracia participativa es la mejor forma de gobierno que existe. Pero sólo puede aplicarse en la economía socialista (combinando la planificación y la participación de los trabajadores) y en medio de una revolución permanente. Es vital combinar todas esas formas de emancipación para poder avanzar hacia el comunismo.

Pensando, de vuelta, en la cantidad y complejidad de la población mundial, es necesario pensar en aquellos que tuvieron la desgracia de nacer en África (continente bárbaro, barbarizado aún más por los civilizadores occidentales y cristianos) y Asia (ahogado en costumbres ancestrales barbáricas y por fanatismos religiosos peligrosos: el musulmán, especialmente). Piensen, ¿cómo puede tomarse como normal la barbarie que se desata en esos lugares? La esclavitud, la prostitución infantil, las bandas armadas, las matanzas étnicas… Unidas todas a la explotación capitalista propiamente dicha y a las acciones imperialistas conforman una mezcla hedionda de barbarie de todo tipo. ¿Por qué no hay justicia para ellos, para los esclavos, los niños hambrientos y abusados, las personas que llevan como pecado un determinado color de piel y una creencia religiosa? Para ellos no hay justicia. Y mientras vivan en la oscuridad del capitalismo, no la habrá nunca. Es vital, para su salvación y la de todos, el triunfo del socialismo. Sólo así habrán sido eliminadas las explotaciones que afligen a los hombres, mujeres y niños. Y entonces, por fin, el potencial humano, colaborando al unísono en armonía libertaria mundial, podrá llevar a la especie al futuro de eterna paz y justicia que es el comunismo.

Sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda de un revolucionario.

Ernesto Che Guevara, en la carta a sus hijos.


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3 comentarios:

Marat dijo...

Aclaro que el título del post es en honor a un texto de Albert Einstein que se titula igual en el que explica por qué él está a favor del socialismo; ud. lo puede leer en esta dirección:
http://www.marxists.org/espanol/einstein/por_que.htm
Se me ocurrió hacerlo así basándome en Lenin, quien escribió un libro titulado ¿Qué Hacer?, al igual que uno escrito por el nadodnik Chernishevski.

José Luis dijo...

Muy buenas amigo Marat, disculpa la descortesía al no haberte agregado a mis contactos pero realmente más allá de los post que subo es poca la atención que le dedico al blog debido a mi trabajo. Siempre un placer leer tu espacio. Un abrazo amigo

Marat dijo...

Un abrazo también, amigo.

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