Antes de mi reflexión, les dejo un interesante texto de Orlando Barone, columnista de Radio Continental, sobre el reciente ascenso del ciudadano apolítico:

El auge del ciudadano “apolítico”

El ciudadano apolítico es político y todavía más que el político. Pero no lo reconoce, o lo que es peor: no lo sabe.

Se aparta de cualquier filiación partidaria agitando la bandera Argentina. Aún votando lo hace a disgusto y enseguida que vota se arrepiente. Si por él fuera el voto sería calificado. Y él se incluiría como votante. Habla con desprecio de los políticos; y aún más de quienes están en funciones públicas.

Y proclama que ningún gobierno le dio nada y que es más lo que le quitan. Es proclive a creer en cualquier dicho o rumor que descalifique a un gobernante o lo acuse de corrupto.

El ciudadano apolítico repite frases como que “los que no trabajan es porque no quieren”; “los sindicalistas son una manga de ladrones” o “aquí lo que hace falta es disciplina”. Extraña el orden de las dictaduras. Y no entiende que haya que esclarecer tragedias del pasado.

El ciudadano apolítico se horroriza más por la inseguridad que por el origen social que la provoca. Se aterra más ante un delincuente morocho que ante uno rubio. Aún siendo él morocho. Podría aplaudir un linchamiento sin juez, solo por sospechar del ajusticiado. Reniega de los fallos que no condenen a cadena perpetua y desprecia a los abogados defensores.

Le atraen los líderes episódicos que enfrentan al poder público con rigor cívico; así como los líderes populares le parecen ramplones.

Cree en Dios, pero descree de quienes creen en otros dioses, o no creen. Pregona no tener prejuicios contra nadie salvo contra los que se los merecen. Piensa que hay demasiada inmigración que no es la apropiada. Considera también inapropiados a los homosexuales, travestis y prostitutas.

Sólo sale a la calle cíclicamente por arrebatos que él llama espontáneos, aunque se autoconvoque con intención por cadena de Internet o por teléfono. Nunca esos arrebatos expresan demandas laborales y nunca coinciden con los trabajadores.

Siente placer en demostrar descontento público. Y que esa demostración luzca diferente a las otras marchas de gente heterogénea y desordenada a la que traen de cualquier parte. Por eso protesta por el barrio; para que al lado suyo estén otros como él: no distintos.

Cree no estar ideologizado: no comprende que su apoliticismo es ya una ideología. Solo sabe quienes son los enemigos: llevan la marca en el orillo: siempre hablan de la desigualdad y la pobreza. Está seguro que el país sería mejor sin políticos, sin vagos, sin delincuentes, y sin razas indeseables. Pero no explica cómo lo conseguiría y quien estaría a cargo del diseño. Acaso imagina un gran gerente nórdico, y un gabinete de técnicos impolutos que gobernaran con un barbijo. El ciudadano apolítico presume estar en una posición neutra en el centro perfecto. Pero está a la derecha.


Además del texto de Barone, ya Brecht se había explayado sobre este tipo de ciudadano, llamándolo analfabeto político:

“El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el costo de la vida, el precio de los frijoles, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales”.

Nadie está exento de tener una ideología. Todos poseen una al menos o la combinación de varias, aunque no quieran reconocerlo. Las ideologías son el filtro que permite ver la realidad... o deformarla. Ideologías:
Liberalismo: la ideología predeterminada, la gente tiene preinstalada en la cabeza el liberalismo, hasta ahora, la más efectiva de las ideologías del capitalismo.
Socialismo: la ideologías más abierta, pues hay muchas variantes: anarquismo, anarcocomunismo, comunismo, socialdemocracia, nacionalismo populista.
Fascismo: el conservadurismo, el tradicionalismo, el corporativismo o el nazismo tienen raíces diferentes según el país, pero sus características estás presentes por doquier, no es casual que el racismo prolifere en la sociedad capitalista.

Liberalismo
Reconozco los siguientes tipos de liberales:
Liberal por predeterminación: es aquel individuo que nunca se interesó en política, dice no le importa la política, pero a diferencia del “apolítico”, este manifiesta opiniones plenamente liberales, mientras que el anterior se asemeja más al fascismo que al liberalismo. El sistema nos quiere convertir en este tipo de liberal, pero por diversos factores no lo logra en muchos casos.
Liberal fracasado: un tipo gracioso de liberal. Éste sí se interesa en política, profesa el liberalismo y se cree lo que dice, no teme tanto dar sus opiniones a diferencia del anterior. Cree en la competencia salvaje como mejor organización social y siente un profundo desprecio hacia los pobres, aunque él también lo sea, de allí lo de “fracasado”.
Liberal propiamente dicho: este es el liberal conciente de lo que sucede. Sabe lo nefasto del capitalismo y no le importa. Éste es el burgués (para los países productores de manufacturas) u oligarca (para los subdesarrollados o en vías de desarrollo), cuyo interés es el de la ganancia, naturalmente.

Socialismo
Reconozco los siguientes tipos de socialistas:
Socialdemócrata: defensor de un programa condenado al fracaso, pues el capitalismo remueve las reformas más rápido de lo que fueron aplicadas. Son útiles al capitalismo, pues lo salvan en varias ocasiones, para evitar que la situación se salga de las manos.
Socialista electoral anticapitalista: el socialista que participa de los partidos socialdemócratas o similares, pero a diferencia de éstos no ha abandonado el “programa máximo”, es decir, aún es anticapitalista. El término para este tipo de socialista lo acuñó el amigo bloguero de Mundo Rojo, CSA, aunque yo cambié la palabra “democrático” por “electoral”, pues los demás tipos de socialistas también están a favor de la democracia.
Comunista: vanguardia del proletariado, el comunista articula estrategias para lograr emancipar a los hombres del yugo del capitalismo. A veces será la lucha armada, otras la participación electoral.
Anarquista: no forma partidos ni participa elecciones. Comete un error dialéctico combatiendo al Estado, en una época donde el capitalismo es el enemigo, el Estado es sólo una de sus cuantiosas herramientas para la dominación. Dentro del anarquismo tenemos varias escuelas de pensamiento, donde cada una hace hincapié en un tipo específico de lucha contra el sistema.

Fascismo
El fascismo no es una ideología, aunque habitan en él distintos conjuntos de ideas generalmente incoherentes, como el corporativismo. El fascismo no es ni siquiera un movimiento, sino una reacción a los avances de la sociedad generada por las pasiones más “escondidas” del ser humano, provocada su salida por el avance en su mente de ideas (como prejuicios) o provocadas estas pasiones por individuos inescrupulosos. Los fascistas tienen distintos nombres según el lugar donde se desarrollen, pues son supuestamente nacionalistas, aunque con su acción sólo benefician al capitalismo, un orden mundial y globalizador: nazismo en Alemania, conservadores en EE.UU., franquistas en España, “apolíticos” en Argentina, etc., etc.


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1 comentarios:

Partisano dijo...

El apoliticismo es un invento de la ideologia burguesa y de sus poderes mediaticos, haciendose eco, amplificando y tomando ejemplos de abanderados por la causa.
Casualmente sus adeptos, que suelen ser enemigos ideologicos en potencia, se ven reafirmados en sus postulados y apoyados en su integridad, a pesar de que los medios difusores suelen ir en relacion directa su efusividad con su posicion reaccionaria. Aprovechan sus propias corrupciones, defectos, delitos ,etc. para utilizar la frustracion como arma de alienacion.
AUNQUE TU PASES DE LA POLITICA, ELLA NO PASA DE TI.

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