Va pasando el tiempo y, con ello, los tiempos de la Humanidad se agotan. Está más que claro que la contaminación ambiental, acústica y visual no es sólo una consecuencia directa de las delirantes acciones del capitalismo: es una forma de crear una nueva sociedad, una sociedad horroroza. Mientras que para las ONGs, activistas y otras personas de buena voluntad estas alarmas no son más que las consecuencias más nefastas de políticas irresponsables, en la realidad son productos marcados por el inconfundible sello capitalista. No se puede evitar y revertir la contaminación bajo el capitalismo. Los liberales, gracias a su inmenso poder monetario, no se cansan de inculcar a la gente la doctrina del libre mercado, de la no-intervención estatal en la economía y de la libertad del burgués de administrar como le plazca. Sin embargo, contrariamente a lo que podría pensar un peronista o cualquier socialista pequeño-burgués, no es la intervención estatal en el mercado capitalista lo que puede salvar a los pueblos y, por consecuencia, lo que tampoco salvará al ambiente natural de su continua contaminación.

Carlos Marx ya advirtió los problemas de la biosfera en el primer tomo de El Capital:

Todo progreso de la agricultura capitalista no es sólo un progreso en el arte de esquilmar al obrero, sino a la vez en el arte de esquimar el suelo; todo progreso en el acrecentamiento de la fertilidad durante un lapso dado, un progreso en la ruina de las fuentes duraderas de esta fertilidad.
En una carta a Federico Engels del 25 de marzo de 1868, Marx le manifiesta que
[...]el cultivo, cuando se desarrolla en forma primitiva y no es controlado conscientemente, deja desiertos tras de sí[...]
Claro que Marx vivía en una época en donde los problemas recién comenzaban. Y aunque en esa época las fábricas eran altamente insalubres, no sólo que ahora lo siguen siendo, sino que además se agregan la delgadez de la capa de ozono, la tala indiscriminada y la escacez de agua.

Aunque un líder político estableciera un Estado benefactor y con ello protegiera el ambiente, es más que claro que los medios de (in)comunicación unidireccionales y los burgueses en general le harían la guerra abierta y encarnizada. Y aunque lo evitara un tiempo, pronto vendría otro gobierno que desharía los cambios. Además, la solución tiene que ser global, no local, pues muchos problemas ambientales son globales. Pero la solución nunca vendrá de parte del capitalismo. Por eso la causa del ecologismo, lamentablemente, no logrará sus fines sin combatir al sistema que los causa, así como la Iglesia nunca ha solucionado la pobreza por criticar sólo consecuencias superficiales en lugar de la maldad que late en el núcleo del sistema opresor.

Las mayores probabilidades de evitar el terrible sufrimiento de la Humanidad son bajo un régimen revolucionario que establezca una política clara y comprometida sobre la protección del medio ambiente. Y eso se logra con energía, convicciones, voluntad y el debido irrespeto a la propiedad privada.

P.D.: recomiendo leer la Reflexión de Fidel Castro sobre el tema aquí.


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