Hoy se recuerda un nuevo aniversario del fatídico 24 de marzo de 1976, cuando los militares traidores derrocaron al inepto gobierno de María Estela Martínez de Perón por orden directa de Washington: pronto habría que aplicar el neoliberalismo puro y duro y nadie debía oponerse.

Mientras aniquilaban toda una generación de personas, al más puro estilo imperialista, querían distraer la atención con acciones como el ridículo intento de recuperar las Malvinas, que si bien son argentinas, fue una guerra que careció de planificación y de oficiales comprometidos. Quizás haya sido mejor que el país no ganase esa contienda, o de lo contrario tendríamos milicos en el poder para rato. Pero la historia indicaba que era una nueva época la que surgía y tiranías militares no tenían cabida en ella. Argentina no podía ganar esa guerra.

Tras asesinar a 30.000 personas los militares nos dejaron como grandioso legado esta sociedad podrida y repugnante que tenemos en Argentina, donde no puede ni vislumbrar una idea progresista realizada.


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