Con el ascenso de Obama como el nuevo inquilino de la Casa Blanca, muchos distraídos esperaban un cambio en las políticas internacionales del Imperio yanqui. Pero como era de esperar, luego del romance y titubeos iniciales, se volvió a lo clásico.

La diferencia entre los demócratas (supuestamente más moderados) y los republicanos (más duros) son prácticamente nulas, a lo sumo el primero es un puño de hierro con guante de seda y el segundo el puño de hierro directamente. En Estados Unidos no manda el Presidente ni el Congreso, sino los poderes fácticos: en primer lugar, la minúscula y poderosísima oligarquía local (principal accionista de la Tiranía mundial) y luego sus adláteres más cercanos: los militares y los servicios de inteligencia.

Es lastimoso ver a este señor, Barack Obama, prestando gustosamente sus servicios al infame Estado que esclavizó y segregó a los negros (a los que siempre considerará una "raza" aparte). Obama es el prostituto capitalista, prestando su cara para que el Imperio al que sirva pueda parecer más "humano" o más "benévolo".

Créditos de imagen: Josetxo Ezcurra.


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