Después de que el oficialismo anunciara que la ropia presidenta reclamó detenciones en el caso, la Fiscal Federal de Quilmes Silvia Cavallo, ordenó la detención de Omar Merino y Jorge Hospital, trabajadores ferroviarios y militantes del Partido Obrero, fueron detenidos e incomunicados ayer por haber participado del corte de vías del último 23 de diciembre. En un discurso insostenible, diferentes ministros y animadores oficialistas intentan vincular a esa organización de izquierda con la derecha peronista, que está más cerca de la interna del FPV que de una alianza con sectores trotskistas.

Merino y Hospital fueron detenidos el último domingo 26 en los allanamientos de las vivienda de los trabajadores. Otras tantas casas y locales de PO fueron inspeccionadas por la policía y, según fuentes del partido, habría más militantes con pedido de captura. Una vez detenidos, los ferroviarios fueron trasladados a la Unidad Roca de la Policía Federal, la misma unidad que el domingo 18 de diciembre intentó detener a punta de pistola a un puñado de militantes que pintaban un mural en la estación Irigoyen en recuerdo de Mariano Ferreyra, asesinado en las inmediaciones por una patota de la Unión Ferroviaria.

Los detenidos fueron acusados de interrupción del servicio de trenes y en una segunda instancia se los acusó de extorsión, sin muchos más fundamentos que el pedido de la fiscal Silvia Cavallo. Horas antes de las detenciones, los principales diarios y voceros oficialistas señalaron al Partido Obrero como un sector marginal y peligroso, que pondría en peligro la democracia. Horas después detuvieron a los militantes y se reforzó la persecución con la denuncia de una insólita conspiración entre Eduardo Duhalde, Luis Barrionuevo y el Partido Obrero, para derrocar al gobierno de Cristina.

Es indudable que los ferroviarios precarizados realizaron una acción muy poco popular al cortar el servicio de tren en vísperas de navidad y el día más caluroso del año, tan indudable como que la bronca desplegada en Constitución es fruto del malestar social más complejo y más intuitivo que organizado entre gallos y medias noches por ex compañeros de ruta del oficialismo. Lo cierto es que el macartismo promovido por el ejecutivo nacional, así como los intentos por vincular a las organizaciones de izquierda y los reclamos populares con acciones de la derecha más recalcitrante, hablan de una probable relectura del oficialismo de la relación del Estado con los movimientos sociales y políticos, de cara a recomponer la hegemonía kirchnerista dentro del peronismo.

Esta mirada se refuerza cuando, luego de una alharaca importante de los sectores más progresistas o del ala izquierda del oficialismo, se desvinculan y le niegan la legitimidad a luchas que hasta hace semanas veían con buenos ojos y acompañaban. Así el caso de los qom formoseños que acampan desde hace más de una semana en la Av. 9 de julio. Encabezados por Felix Díaz, los integrantes de la Comunidad La Primavera realizan una huelga de hambre reclamando ser atendidos por Florencio Randazzo, quien el lunes se negó a hacerlo pero tuvo los reflejos suficientes para cercarlos con policías e impedir el corte de la avenida céntrica.

Por estos días, se publicita la asunción de Nilda Garré en la cartera que dirige a la Policía Federal como un avance en la democratización de la fuerzas de seguridad, pero en paralelo el oficialismo está dando señales de querer buscarle una vuelta de tuerca a la teoría de los dos demonios, a través de la amenaza justiciera de dejar caer todo el peso de la ley sobre las “patotas”, de izquierda o de derecha, equiparando así a las bandas criminales del sindicalismo empresario, con los reclamos genuinos de trabajadores precarizados que, más allá de la identidad política a la que adhieren y lo acertado de las acciones, no hacen más que reclamar lo que les corresponde: un trabajo decente en un país que se precia de crecer a tasas chinas.

Por Prensa de Frente para Kaos en la Red.


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