El Estado de Israel es un Estado genocida, criminal y terrorista. Su fuente ideológica es el sionismo, doctrina que no merece mucho análisis: es un nacionalismo judío. Especialmente terrible porque el nacionalismo judío equivale a una opresión, discriminación y abusos terribles contra los palestinos.

También es justificadamente odiado por gran parte del mundo el nacionalismo yanqui, que implica imperialismo, chovinismo extremo, terrorismo internacional, guerras contra países débiles, etc.

Pero atacar el nacionalismo de Israel o el de EUA sin estar contra el propio nacionalismo, implica una postura hipócrita, porque si bien significa la defensa de pueblos más débiles, también significa perpetuar prejuicios, odios, discriminaciones y conceptos antirracionales, que son inherentes a todo nacionalismo-patriotismo.

En Argentina, por dar como ejemplo mi propio país, la izquierda repudia, naturalmente, al sionismo y de vez en cuando ocurren las tradicionales quemas de las banderas israelita y yanqui. Sin embargo, las innumerables matanzas de indígenas que cometió en el pasado el Estado argentino no suscitan el deseo de la izquierda de quemar la celeste y blanca y no lo hace sólo por conveniencia política, pues casi la totalidad de la izquierda apoya reclamos nacionalistas, como la anexión de Malvinas y un trozo de la Antártida.

Repudiar solamente el nacionalismo de algunos países abre la vía para un nacionalismo propio muy peligroso (también los sionistas repudian el nazismo, por ej., para después comportarse como fascistas). Y apoyar la destrucción de Israel -sin apoyar la lucha por un único Estado global de trabajadores surgido de un Revolución Internacional que suprima las clases para luego disolverse- abre paso al antisemitismo que es inaceptable en las filas de la izquierda revolucionaria.

Todos los nacionalismos son nefastos para la cultura, el conocimiento, la justicia, la libertad, la paz entre pueblos y la lucha entre clases.

Los sentimientos nacionalistas están siempre estrechamente unidos a la religión y a la defensa y justificación del orden establecido y afloran con fuerza en los peores momentos: guerras y dictaduras. Quizás en lo único en lo que son inocuos es en las banalidades de los colores nacionales y las competencias deportivas.


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3 comentarios:

///HastaLaVictoriaSiempre\\\ dijo...

Yo soy de España y, como bein sabrás, aquí hay nacionalismo catalán, gallego y vasco.
Me opongo a estos tres tipos de nacionalismo, sobre todo cuando utilizan motivos raciales para justificarlo (como es el caso del vasco). Abogo por un internacionalismo, ya que, al fin de cuentas, las fronteras las creamos las personas.

Estos nacionalismos sólo sirven para ensalzar sentimientos absurdos de yo soy diferente a ti o soy mejor que tú.
Me repugnan por el igual el nacionalismo catalán, por ejemplo, y el español.
Además ¿por qué sentirse orgulloso de ser de aquí o ser de allá? ¿es algo mejor o peor ser argentino, francés o checo? En todo caso uno debería sentirse orgulloso de ser humano, de ser una buena persona, de comportarse correctamente con los demás, pero no de haber nacido en un determinado punto del mundo, puesto que eso es suerte, nada más.

CSA dijo...

La postura respecto al nacionalismo es oponernos a cualquier división de la clase obrera venga de donde venga. Dicha división viene marcada en España a través de la burguesía central o "españolista" y por la burguesía periférica (CiU, PNV) Sin embargo, los trabajadores que siguen el nacionalismo vasco, gallego o catalán no lo hacen (la mayoría) por simple odio al trabajador español sino que están hartos de la opresión de la burguesía nacional.

¿Qué hacer? En el caso de España hay que defender el derecho de autodeterminación de los pueblos (enfatizando en la unión de trabajadores madrileños y catalanes por ejemplo) para que los trabajadores decidan su destino. Obviamente esto no va a ocurrir bajo la España capitalista: la única posibilidad es que España sea socialista y extender la revolución a Europa y demás países. En el caso de Argentina habrá que combatir cualquier prejuicio nacionalista.

Sería el caso similar al de Rusia, donde los bolcheviques unieron las reivindicaciones de los trabajadores a las de la cuestión nacional. Gracias a esto los bolcheviques permitieron la enseñanza de los idiomas maternos prohibidos en la época zarista. ¡Y Stalin se cargó cualquier avance en este sentido prohibiendo a Georgia la escisión decidida democráticamente por medio del fuego y la sangre!

Obviamente la unidad de los trabajadores, tanto de la periferia como del centro, debe ser la clave: la lucha por el socialismo beneficia a todos los trabajadores.

Erróneo es por ejemplo el no dar apoyo a ELA y LAB en la Huelga General del 21 de mayo de 2009 como hizo UGT. Tampoco es correcto no haber apoyado la Huelga General del 29 de septiembre como hicieron ELA y LAB.

En definitiva, frente al nacionalismo y dichos prejuicios la lucha por la autodeterminación

Anónimo dijo...

GRAN ARTICULO

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