En un artículo publicado en la más reciente Prensa Obrera, periódico del Partido Obrero, éste rechazaba lo escrito en una nota de La Nación, en la cual se señalaba que en 1982, durante la Guerra de Malvinas, «casi sin excepciones, lo que quedaba del peronismo setentista y la izquierda se hizo malvinero, con la descabellada ilusión de que se ganaba la guerra y, acto seguido, se cambiaba el fusil de hombro y se pasaba a desalojar a la dictadura». Lo cual es totalmente cierto y el mismo PO lo termina diciendo al final de su nota: «planteamos: guerra a muerte, guerra revolucionaria al imperialismo. Esto es: no sólo una guerra naval en el sur, sino un ataque a las propiedades imperialistas en todo el territorio nacional, confiscación del capital extranjero y, por sobre todo, armamento de los trabajadores».

El apoyo al sempiterno distractor discurso de la recuperación para Argentina de las Malvinas no podía hacer realidad que después se pasara a combatir a la dictadura. Precisamente sólo la derrota de Argentina en esa guerra iba a traer el fin de la tiranía del Proceso genocida, así como la derrota frente a Japón trajo la revolución a la Rusia de 1905.

Los únicos que tuvieron una posición digna y realmente marxista fueron los seguidores de Ted Grant en Argentina.


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