Segunda noche del ciclo de debate Noches con Marx, realizado por el Instituto del Pensamiento Socialista (Argentina, 2007).


El mito del determinismo. Marx y los debates de la teoría social.

Los últimos 25 años (y más en realidad) fueron de fuertes cuestionamientos al marxismo, por parte de diversas corrientes, en un marco de triunfalismo ideológico capitalista. Del ’95 para acá parecería haber mejorado nuestra situación. Sin embargo, la teoría marxista todavía tiene poco que ver con el desarrollo de la clase obrera y su capacidad explicativa tanto como su horizonte estratégico y su proyecto de sociedad están relativamente desacreditados o son utilizados instrumentalmente por los ambientes académicos. Hay ciertos «posmarxismos» que utilizan las categorías de Marx para mejor dar por sepultada su teoría.

Para entender por qué estamos así, tenemos que señalar a grandes rasgos de dónde venimos.
La Revolución Rusa había dado un gran impulso al estudio y publicación de las obras de Marx. David Riazanov, director del Instituto Marx y Engels de Moscú, fue quien preparó, por ejemplo, la publicación de los Manuscritos de 1844, texto mil veces más popular en Occidente que en la propia URSS. Una URSS con democracia obrera y una política internacionalista hubiese creado las bases para un florecimiento mayor de la teoría marxista. El proceso de burocratización remplazó la inquietud teórica por la obsecuencia degradante y se bloqueó esa posibilidad.

Por eso hubo stalinismo y hubo marxismo occidental, como llama Perry Anderson a los marxismos académicos o ligados a los partidos comunistas de Occidente, que se centraron en temas de estética y cultura.

En este marco, Marx no estuvo bien representado por ninguna de ambas corrientes, aunque el marxismo occidental hizo aportes teóricos de los que no se puede jactar el stalinismo. Solamente Trotsky mantuvo una continuidad de innovación teórica y práctica militante revolucionaria, dentro del cuerpo teórico de la tradición clásica.

Entonces, venimos de la laceración del marxismo entre un stalinismo que degradó la teoría marxista, remplazó la revolución internacional por el socialismo en un solo país, la dialéctica por el avance irrefrenable de la burocracia, el materialismo histórico por el productivismo y la lucha de clases por la represión; y un marxismo académico que buscó desarrollos en terrenos no contaminados por la política, pero que no logró ser una alternativa al stalinismo.

Pero siendo así ¿parecería que el marxismo transcendió como teoría al costo de perder en sus aspiraciones de cambios revolucionarios radicales? En la actualidad ser marxista o no serlo tiene mucho que ver con cómo pararse frente a este problema, qué lectura hacemos y cómo pensamos recomponer la relación entre desarrollo teórico del marxismo y desarrollo del marxismo en la clase obrera.

El problema del determinismo

Elegimos la temática del determinismo, porque es un núcleo del ataque contra el marxismo y uno de los principales argumentos para considerar superada o anticuada la teoría de Marx.

En un sentido, es un tema más sencillo de lo que parece. Marx afirma en el Manifiesto Comunista que la historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases. Pero la lucha no se desarrolla como un mero choque de voluntades. Las relaciones de fuerzas de la lucha de clases dependen, en última instancia, de elementos estructurales del capitalismo.

Por eso, en el conocido texto del prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política, escrito varios años después del Manifiesto, Marx va a señalar que los seres humanos formamos parte de relaciones de producción que son independientes de nuestra voluntad y se corresponden con el grado de desarrollo de las fuerzas productivas alcanzado por la sociedad. Entonces, la lucha de clases implica la existencia de una estructura de clases, la pertenencia de los individuos a determinadas clases sociales más allá de si quieren pertenecer o no y más allá de lo que opinen sobre su propia situación (un obrero no deja de ser obrero porque opine que es «de clase media», por ejemplo). Esas relaciones sociales fundamentales son la base sobre la que se sustenta la superestructura ideológica-política y jurídica.

Engels decía «los hombres hacen la historia, pero en circunstancias que no han elegido». Esto quiere decir, a su vez, que las revoluciones no son un mero acto de voluntad. La voluntad es fundamental, pero requiere de ciertas condiciones. Por eso en ese mismo texto, Marx va a decir que las épocas revolucionarias surgen de la contradicción entre la necesidad de desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones sociales (expresadas en las relaciones de propiedad) que se constituyen en una traba para las mismas. En este sentido, la humanidad se plantea los problemas que puede resolver. Es decir, no se dan movimientos de lucha para los cuales no estén planteadas las condiciones objetivas necesarias.

Resumiendo:
  • Para Marx, la lucha de clases es el motor de la historia, pero las clases no luchan como quieren. La existencia misma de las clases, indica un conjunto de relaciones sociales fundamentales, relaciones de producción, acordes al desarrollo de las fuerzas productivas logrado por la sociedad, que son independientes de la voluntad de los individuos. 
  • La superestructura jurídica, política e ideológica se levanta sobre la base de la estructura conformada por dichas relaciones sociales fundamentales. 
  • Las épocas de revolución social se abren cuando las relaciones sociales entran en contradicción con el desarrollo de las fuerzas productivas. 
  • La humanidad se plantea los problemas que puede resolver. Debe haber condiciones objetivas para los procesos de lucha revolucionaria. Por lo que los revolucionarios deben partir de las condiciones objetivas para mejor actuar. Este es un punto de vista tildado de objetivista, positivista y evolucionista por la crítica anti-marxista y por cierta crítica post-marxista.

La crítica anti y post-marxista

Según la crítica anti y post-marxista:
  •  Marx es determinista económico. Considera que la economía determina mecánicamente el conjunto de las manifestaciones de la vida social. 
  • Marx hace una definición objetivista de las clases sociales, supone que las clases sociales existen más allá de lo que los individuos que las componen quieran o piensen al respecto. 
  • De esa definición, Marx deriva el rol objetivamente revolucionario de la clase obrera. Supone que la clase obrera es revolucionaria en sí y que sólo debe adquirir conciencia de su esencia. 
  • Marx supone que las ideas, la política y la cultura son un mero reflejo de la estructura económica, desconociendo la autonomía relativa de la política. 
  • Marx cree en una sucesión automática y unidireccional de los modos de producción, por lo cual la humanidad marcha inevitablemente hacia el comunismo, a través del desarrollo de las fuerzas productivas.

El punto de vista de Marx

Cada una de esas premisas constituye una falsificación del punto de vista de Marx porque
  • Ya Engels explicó que para él y para Marx, el «factor económico» determinaba sólo en última instancia el resto de los «factores». Esto quiere decir que los movimientos de lucha, políticos e ideológicos se desarrollan en los marcos de las relaciones sociales fundamentales, que producen y reproducen las condiciones de vida de la sociedad. Pero el resultado de la lucha no puede determinarse de antemano, porque además de las condiciones, hay relaciones de fuerzas y la propia acción de las clases. Por el contrario, las distintas explicaciones de los «factores» aíslan cada elemento del proceso real oscureciendo el movimiento de conjunto.
  • La estructura de clases es objetiva, sencillamente porque ninguno de nosotros eligió ocupar el lugar que ocupa en ella. Aunque se use o no el concepto de «clase», este es un hecho innegable. 
  • Marx nunca dijo que la clase obrera fuera revolucionaria en sí misma, sino que asignaba un rol central a la experiencia de lucha por la cual la clase obrera se constituye como clase conciente de sus intereses históricos. 
  • Marx estuvo muy lejos de derivar mecánicamente la lucha política de las condiciones económicas. El 18 Brumario o La Lucha de Clases en Francia, son ejemplos de esto. En esos textos, Marx analiza los vaivenes de la política francesa, dando peso a la cultura política del país, su historia y a los hechos de la coyuntura. Sin embargo, la «determinación en última instancia» se expresa en que para Marx la política se analiza como lucha de clases y fracciones de clase.
  • Por último, Marx nunca sostuvo que la historia tenía un sentido exterior al proceso histórico mismo. El comunismo no es el «fin» al que se encamina la humanidad sino un proyecto a realizar por gente conciente de que lo realiza. Contra las falsificaciones, es necesario poner de relieve que Marx establece una tensión dialéctica entre las determinaciones objetivas y la voluntad subjetiva. Esto quiere decir que el movimiento histórico es de una sola pieza, objetivo y subjetivo, pero que esos elementos se encuentran en una interacción y una mutua dependencia no exenta de roces y contradicciones. Por eso Marx puede analizar la historia como lucha de clases o como dialéctica de los modos de producción, pero la clave de su pensamiento es cómo ambas lecturas se articulan en análisis históricos concretos.
Sin embargo, la persistencia del mito del «determinismo» groseramente entendido cumple una función necesaria.

Si hablar de clases sociales es ser esencialista, determinista, mecanicista, etc., tanto peor es hablar de política de clase. En ese sentido, los postmarxistas actuales, que critican el determinismo marxista, ejercitan un determinismo burgués. Limitan las luchas populares a meros movimientos sociales por reclamos particulares, entre los cuales ninguno podría aglutinar al resto para hacer una revolución y construir un nuevo tipo de Estado. Para ellos, la democracia capitalista, determina el conjunto de opciones posibles en la política.

Contra estas lecturas, sostenemos que los movimientos sociales entendidos como reclamos sectoriales, incluido el corporativismo sindical, forman parte de una realidad asimilable por el capitalismo, porque toman como dadas las relaciones sociales fundamentales, de explotación, que Marx puso de relieve para comprender la estructura de la sociedad y las posibilidades de modificarla.

La experiencia ha demostrado que la clase obrera difícilmente pueda lograr conquistas duraderas, sin cuestionar su rol de clase explotada. Para esto, es necesario que la clase obrera logre expresarse en el terreno político, en concordancia con sus intereses en el terreno social, no sólo para defender algunas conquistas que sin duda son importantes, sino sobre todo para terminar con este sistema de opresión y barbarie.

Por eso, la lucha por reconstruir la teoría marxista es también una lucha por reconstruir el marxismo en la clase obrera.


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