Cuarta noche del ciclo de debate Noches con Marx, realizado por el Instituto del Pensamiento Socialista (Argentina, 2007). 


Entre Esquilo y la revolución industrial. Marx y el problema de la cultura.

Marx y la cultura. Título bajo el cual se han dado y pueden seguir dándose numerosas polémicas.

En efecto, lo que en otra reunión de este ciclo denominamos como «el mito del determinismo», opera también en los debates respecto de las relaciones entre marxismo y cultura.

Esto es así, en parte porque Marx no se dedicó especialmente a estudiar temas culturales, con lo cual podría suponerse que no asignó importancia a la cuestión. Y sin embargo, es justamente la concepción marxiana de la cultura una de las expresiones más claras de lo lejos que estaba Marx de un materialismo mecánico o vulgar.

Aclaramos de paso que partimos de una visión de la cultura que está relacionada con el trabajo humano. La cultura entendida como una mediación entre el hombre y la naturaleza, a partir del trabajo que modifica la naturaleza y la humaniza. A su vez, hacemos un recorte para delimitar mejor el tema en discusión. En esta charla nos centraremos en las representaciones culturales a partir de las cuales los/as hombres y mujeres se explican e interpretan la realidad. Analizado el problema desde este ángulo, veremos que Marx tenía una visión de la cultura, que está muy lejos de la caricatura trazada por cierta crítica anti-marxista e incluso pos-marxista.

En primer lugar, el marxismo es el producto de una profunda y original síntesis cultural. Marx se formó en las tres corrientes teóricas más avanzadas de su tiempo (economía política inglesa, filosofía alemana, tradición política francesa). El marxismo no es la sumatoria sino la crítica de estas tres tradiciones. Sin embargo, sin ellas sería muy difícil pensar que hubiera sido posible un pensamiento teórico como el de Marx.

A su vez, es conocida y analizada por diversos autores la presencia de Shakespeare o Goethe en la prosa de Marx. Marshall Berman ha llegado a decir que El Manifiesto Comunista es la primera obra de arte modernista, por su temática y su lenguaje, mientras el mismísimo Marx se proponía que su obra El Capital tuviera la forma de un «todo artístico».

Marx fue sin duda un «hombre de cultura». Solamente desde una sólida formación cultural pudo Marx unir el análisis objetivo de las contradicciones del capitalismo con imágenes tomadas de Shakespeare y Goethe y pensar una obra teórica de alta complejidad en términos de un «todo artístico».

Ahora bien, no es aquí donde debemos establecer las coordenadas de la discusión. El problema se plantea en cuál es la visión que tiene Marx de la cultura, es decir, qué lugar asigna a la cultura en su concepción materialista de la historia.

Cuando decimos que Marx estaba entre Esquilo y la revolución industrial, queremos señalar que hay en Marx una operación compleja por la cual su teoría por un lado subordina en un sistema de jerarquías la cultura a la estructura de clases de la sociedad y por otro la proyecta más allá de los límites que esa estructura de clases le impone.

En el Prólogo a la Contribución, Marx sostiene que cuando se estudian los cambios ocurridos en las sociedades, se debe diferenciar entre los conflictos ocurridos en el terreno de las relaciones sociales fundamentales y aquellas formas ideológicas a través de las cuales los hombres van cobrando conciencia del conflicto y luchan por resolverlo. Las expresiones artísticas aquí quedarían englobadas en el concepto de ideología, que forma parte de la superestructura construida por los hombres como forma de legitimación y reproducción de las relaciones de clase.

¿Cuáles son los principales cuestionamientos a este punto de vista?

Según una crítica «culturalista»:
  • Marx establece una relación mecánica entre el nivel de desarrollo material de la sociedad y el nivel de desarrollo de la cultura (incluido el arte).
  • Marx tiene una visión instrumental de la cultura, donde las manifestaciones culturales expresan sólo intereses de clase y deben servir fines exlusivamente políticos.
  • Por ende, Marx no asigna suficiente importancia a los factores culturales en su explicación de los procesos históricos.
Sin embargo, si pasamos del prólogo al interior del libro que comentamos encontraremos un pasaje muy interesante en el que Marx sostiene que no hay que olvidar que existe una relación desigual entre el desarrollo de la producción material y la producción artística. Y refuta la idea mecanicista de que si una época es más avanzada que otra en cuanto a la producción material, debe serlo también en cuanto a sus manifestaciones artísticas.

Toma como ejemplo de esto el arte griego y señala que si bien el desarrollo de la sociedad burguesa ha dado por tierra con las bases materiales del pensamiento mitológico, lo verdaderamente llamativo es el placer estético que nos sigue ocasionando. Sostiene que el arte griego es inseparable de las inmaduras condiciones materiales en que se originó, pero que justamente su carácter de expresión de una cierta «infancia» de la humanidad define su originalidad, dado que esas condiciones no podrán volver a darse.

En cuanto a la supuesta escasa importancia que Marx asignaría a los factores culturales en los cambios históricos, debemos lamentablemente volver a contradecir a los antimarxistas. Si salimos de la lectura mecanicista del prólogo, instalada por el stalinismo y una interesada «ciencia social» acorde a los intereses burgueses, vemos que Marx dice que debemos diferenciar los conflictos en el terreno de las relaciones sociales fundamentales de las formas ideológicas en las que los hombres toman conciencia de esos conflictos. Marx busca distinguir los intereses materiales que persiguen los seres humanos de las formas en que se representan dichos intereses, porque realidad y representación no siempre coinciden exactamente, más bien tienden a coincidir sólo parcialmente. Pero si la toma de conciencia se da a través de ciertas formas ideológicas (lo cual incluye la cultura y el arte), esas formas juegan un papel muy importante, que es el de mediar entre la situación real de la clase trabajadora, su estado actual de conciencia y su potencial conciencia futura. Ninguna realidad puede ser comprensible sin formas a través de las cuales explicarla. Entonces, Marx asigna una importancia fundamental a las representaciones ideológicas (culturales). Esas representaciones permiten elaborar en términos inteligibles la experiencia de lucha de la clase obrera. Pero Marx no confunde los tantos, como suelen hacer ciertos «culturalistas» o defensores de un «concepto semiótico de cultura» entendido como contrario al marxismo, que niegan la primacía de los intereses materiales por sobre las representaciones culturales e incluso niegan la existencia de tales intereses.

Recapitulando
  • Marx es un «hombre de cultura» y el marxismo es también un hecho de cultura en el sentido de que se inscribe en el cruce de ciertas tradiciones culturales en economía, filosofía y política (economía política clásica, idealismo alemán y tradición política francesa, incluido el socialismo utópico) que a su vez está relacionada con manifestaciones del arte y la literatura, como los caso comentados de Shakespeare y Goethe.
  • Marx considera la cultura en estrecha relación con el grado de desarrollo de las fuerzas productivas alcanzado por la sociedad.
  • Marx señala que no obstante esta premisa, hay un desarrollo desigual entre el desarrollo material y el desarrollo cultural y artístico.
  • Marx asigna un rol central a la ideología y la cultura como mediación entre la situación objetiva de la clase obrera y su toma de conciencia de dicha situación, pero no sustituye la experiencia de lucha de la clase obrera, ni olvida la primacía de los intereses materiales por sobre las representaciones.

Trotsky, arte y revolución.

En los debates desarrollados a propósito del desarrollo del arte y la cultura durante la revolución rusa, encontramos un interesante desarrollo de Trotsky sobre el mismo tema.

En su entusiasmo por construir un mundo nuevo de la mano de la clase obrera victoriosa, ciertos intelectuales y artistas dieron vida a la propuesta de un «arte proletario», que sería expresión del punto de vista del proletariado en el arte. Un mecanicismo que consideraba todo el arte del pasado como «burgués».

Trotsky polemizaba con esta posición, señalando que no podía existir «arte proletario», un arte propio de la clase obrera porque la clase obrera era una clase explotada en la sociedad burguesa. En el poder el proletariado perseguía su liberación de la esclavitud asalariada y por ende el fin de su situación de clase. Por lo tanto, el arte producido en las condiciones del Estado obrero era un arte de transición entre el «arte burgués» y el «arte socialista» del futuro.

El arte actual, siguiendo esta idea, debía rescatar lo mejor del «arte burgués» para crear el arte nuevo. Trotsky hacía extensiva esta concepción a toda la herencia cultural del pasado. Señalaba la necesidad de apoyarnos en las conquistas culturales anteriores a la revolución, sin tomar ni desechar en bloque los desarrollos del pasado. En cuanto a la relación del arte con la revolución, Trotsky sostenía que los artistas tenían que definirse a favor o en contra de la revolución en términos políticos, manteniendo total libertad en cuanto al contenido artístico de sus obras.

Esta posición, contraria al dogmatismo rígido del «realismo socialista» impuesto años más tarde por el stalinismo, fue plasmada por Trotsky a fines de los años '30, en un ambicioso manifiesto escrito con André Breton y Diego Rivera, que sostenía: El arte por la revolución, la revolución por la liberación definitiva del arte.

Para terminar, debemos decir que la cultura y la lucha cultural son fundamentales para nosotros los marxistas. Como decía Benjamin, la lucha de clases es una lucha por cosas ásperas y materiales, sin las cuales no existirían las más refinadas y espirituales. Pero nuestra lucha por las «cosas ásperas y materiales» es la precondición para las «más refinadas y espirituales». Esto quiere decir que también luchamos por que la clase obrera tenga acceso a la cultura, el arte y el ejercicio de las ideas. En la actualidad, luchar para que la clase obrera conquiste su independencia política respecto de las corrientes políticas patronales, implica también recrear en la clase obrera las ideas necesarias que contribuyan a crear las condiciones para esa independencia política.

Y en ese sentido, la gente del arte y la cultura puede jugar un importante papel, tendiendo a crear con su talento nuevas imágenes, superficies e ideas que ayuden a despertar la imaginación de los que todavía están dormidos.


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1 comentarios:

Tomás dijo...

Buenos días a todos y muchas gracias por compartir tanto sobre cultura. Para los que estamos dando los primeros pasos, este tipo de recursos nos ayuda mucho a aprender y mejorar. Les comento que hace un tiempo hice un curso y empecé a producir mis propios diseños. Estaría bárbaro que nos recomienden también otros sitios en donde salir a vender el diseño que producimos. Gracias y saludos desde Temperley, Buenos Aires!

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