Marx fue el más grande científico social, por desgracia, nadie lo ha superado todavía. El materialismo de Marx es la expresión más refinada y alta del materialismo, la única corriente científica de la filosofía (claro que el idealismo aportó a la ciencia, así como en su momento los alquimistas aportaron a la química y los astrólogos a la astronomía).

Como ha dicho el filósofo Gustavo Bueno, ignorar la concepción materialista de la historia es como ser precopernicano. Sin embargo, el combate a la pseudociencia y las corrientes anticientíficas ha tenido lugar principalmente en las ciencias naturales, mientras que la ciencia histórica se haya plagada de ellas, es más, la mayor parte de la historia que se muestra como ciencia es anticientífica. Y pese a ello, ha habido intentos de invertir el análisis y presentar a todo el pensamiento de Marx y sus seguidores como anticientífico. Ya explicó Lenin por qué no podemos esperar un combate sincero contra la pseudociencia en las ciencias sociales bajo el actual régimen:
«La doctrina de Marx suscita en todo el mundo civilizado la mayor hostilidad y el odio de toda la ciencia burguesa (tanto la oficial como la liberal), que ve en el marxismo algo así como una "secta perniciosa". Y no puede esperarse otra actitud, pues en una sociedad que tiene como base la lucha de clases no puede existir una ciencia social "imparcial". De uno u otro modo, toda la ciencia oficial y liberal defiende la esclavitud asalariada, mientras que el marxismo ha declarado una guerra implacable a esa esclavitud. Esperar que la ciencia sea imparcial en una sociedad de esclavitud asalariada, sería la misma absurda ingenuidad que esperar imparcialidad por parte de los fabricantes en lo que se refiere al problema de si deben aumentarse los salarios de los obreros disminuyendo los beneficios del capital.» (1)
Los que además de reconocer los aportes mencionados anteriormente (y otros tantos más, como la realidad diaria de la lucha de clases), somos partidarios de una revolución para construir una sociedad mejor, es decir, de la vía científica a la utopía, ¿debemos llamarnos «marxistas»? Dijo el dirigente socialista Juan Bautista Justo en 1921 (primer traductor de El Capital al castellano directamente del original alemán, en 1898):
«Necesitamos y debemos saber más que Marx en materia histórica y social. Marx no fue nunca un marxista. Era demasiado genial para suponerse fundador de una nueva doctrina que habría de llamarse marxismo, como se llama cristianismo al sistema de instituciones eclesiásticas que provienen o dicen provenir de Cristo. Pero así como no se habla de pasteuristas ni de pasteurismo, no es propio hablar de marxismo.» (2)
Marx cuando le explicaron el marxismo-leninismo.
En la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas se inventó el término «marxismo-leninismo» por los stalinistas para evitar ser llamados así. Los trotskistas, en vida de Trotsky, también se llamaron por otro nombre: bolchevique-leninistas. Ellos sabían que se referían a una corriente política para renovar el movimiento comunista internacional y limpiarlo de las desviaciones stalinianas. En cambio, los stalinistas y sus herederos jruschovistas terminaron llamando «marxismo-leninismo» a una doctrina utilizada para justificar cualquier desmán (dictadura del partido único, desviaciones nacionalistas, voluntarismo, etc.). Lenin hizo sus aportes a la ciencia sin crear una escuela específica. El estar de acuerdo o no con sus medidas o métodos políticos no justifica la creación de una filosofía política, que terminó cerrando y dogmatizando el pensamiento de Marx y de Lenin. El célebre erudito David Riázanov, ejecutado por orden de Stalin, señaló: «No soy bolchevique, no soy menchevique; y no soy leninista. Sólo soy un marxista, y como marxista soy comunista». (3)

Referencias:
(1) Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo, en Prosveschenie, núm. 3, marzo de 1913.
(2) Citado en: Portantiero, Juan Carlos, Juan B. Justo. Un fundador de la Argentina moderna, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 1999, pp. 21-22.
(3) Citado en: Nicolás González Varela, Riazanov, editor de Marx, disidente rojo, 2006.


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