En su edición 1229, de hace dos semanas, Prensa Obrera (órgano del Partido Obrero, Argentina) publicaba el artículo «La despenalización de la marihuana. Una crítica socialista» de Diego Mendoza, nota que sigue la posición comunista clásica sobre el tema de la despenalización y legalización de las drogas. En respuesta a él, la última edición, la 1231, publica «Por la legalización y el monopolio estatal de las drogas» de Maximiliano Jozami, posición que recuerda a la muy debatida del gobierno uruguayo del renegado Mujica, matizada con un toque marxiano.

Mendoza tiene razón en cuanto al embrutecimiento de los trabajadores a causa de la droga; a diferencia del idealismo de Jozami, que alega que las drogas «no son un problema por sí mismas; por el contrario, han jugado un rol cohesivo en distintas sociedades». ¿Desde cuándo un revolucionario menciona como elogio la característica de algo que ha servido para unir a la sociedad (1)?

Dice Maximiliano Jozami:

«Por otra parte, hay un problema de clase muy fuerte; la nocividad de la droga es inversamente proporcional al poder adquisitivo del consumidor: en Puerto Madero se consume “alita de mosca” -cocaína de alta pureza-, la clase media consume cocaína cortada con la sustancia que se le haya ocurrido al dealer -anfetas, pastillas, tiza…-, y en las villas está el paco, al que en Chile llaman “la cocaína de los pobres”. La legalización y el monopolio de la producción y distribución por parte del Estado terminarían con esta situación, lo que sería un gran atenuante en términos sanitarios.»
Es decir que el Estado capitalista debería vender a un precio bajo la droga cara. Para que no haya un mercado negro de droga un poco más barata que la vendida por el Estado, seguramente estaría subvencionada: todos los ciudadanos pagarían por el tranquilizador de la descomposición social, algo que Mendoza señaló y que Jozami acepta pero no rebate, incluso insiste en que es parte de la búsqueda de la felicidad. Ni hablar de toda la corrupción que es obvio se enquistaría en el Estado.

Al final de su artículo Jozami cita a Aristóteles, ¿no recuerda también lo que ha señalado Trotsky? En Problemas de la Vida Cotidiana, el revolucionario soviético aboga por la prohibición y lucha contra el consumo de alcohol, que es una droga de consumo mayoritario. Jozami asegura que prohibir una droga de consumo mayoritario es «propio de curas». Así que podemos ir diciéndole a Antidoto: «padre León».

Y Jozami ni siquiera defiende el combate a la droga bajo el socialismo, sino sólo a la adicción.

Y llegados a este punto quiero presentar mi aporte. Pienso que el capitalismo y el socialismo deben ser lo más puros posibles y por eso es importante criticar las tendencias socialistas de mercado y los estatismos capitalistas.(2) En el capitalismo debe permitirse ejercer la mayor cantidad posible de libertades que este sistema ofrece, incluso cuando tienen repercuciones negativas. Por ejemplo, estamos en contra del control de la internet, a pesar de la cantidad de ilícitos que se llevan a cabo impunemente en la deep web. Así, también deberían legalizarse todas las drogas, a pesar de que facilitarían la idiotización de los trabajadores. Porque es importante que el sistema se despliegue plenamente para facilitar la revolución sobre el mismo y el levantamiento de un nuevo sistema.

En el socialismo, debería combatirse por todos los medios a las drogas, incluyendo al tabaco y al alcohol (en el socialismo del siglo XX, además del combate a las drogas, otra lucha exitosa fue contra los juegos de azar). Con una vida sana y plena, los avances tecnológicos en entretenimiento son suficientes para colmar las necesidades recreativas. La droga dificulta la concepción de la realidad de la sociedad y sus transformaciones, en el tiempo que la persona no se recree, y se convierte en un escollo para el desarrollo del comunismo.

Notas:

(1) Teniendo en cuentan que dichas sociedades han estado bajo un régimen de clase.
(2) «¿Estamos en contra del libre comercio? No, estamos a favor de libre comercio, porque por el libre comercio todas las leyes económicas, con sus contradicciones más sorprendentes, actuarán en una escala mayor, a lo largo de toda la Tierra, y porque a partir de la unión de todas estas contradicciones en un solo grupo, donde ellos estarán cara a cara, dando lugar a la lucha que concluirá con la emancipación del proletariado.» (Karl Marx, artículo en el períodico Chartist, 1847)


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