Por Stephen Gowans. Traducido del inglés para Rebelión por Atenea Acevedo

Es prácticamente un dictador al frente de un Estado prácticamente de partido único, controlado por su propia minoría étnica. Es cierto que lo han elegido en más de una ocasión, pero recurre a la violencia y la intimidación para vencer en “procesos electorales increíblemente sesgados”. (1) En las elecciones más recientes su partido obtuvo 544 de 546 escaños. (2)

Cuando la oposición objetó un o de sus dudosos triunfos electorales ordenó a las fuerzas del régimen abrir fuego; “murieron 193 personas y cientos resultaron heridas. Miles de líderes de la oposición y sus seguidores fueron cercados y detenidos”. (3) Los opositores que no cayeron presos sufrieron otras represalias: se les negó el subsidio para alimentos, el derecho al empleo y otras prestaciones sociales. (4)

La reacción a una revuelta en contra de su régimen fue la organización de “campañas brutales” en contra del pueblo, campañas que incluyen violaciones y asesinatos. (5) El año pasado sentenció a dos periodistas occidentales a once años en prisión por escribir reportajes sobre grupos rebeldes que luchan por derrocar su tiranía. (6) Además, en 2006 envió fuerzas a un país vecino a fin de ocuparlo militarmente . Se trataba de una nación debilitada, incapaz de defenderse.

¿Estaremos hablando de Bashar al-Asad en Siria ? ¿Quizás de Robert Mugabe en Zimbabue? La descripción bien podría coincidir con el cuadro que de estos dirigentes suelen pintar el Departamento de Estado de los Estados Unidos y su caja de resonancia: los medios masivos occidentales. Pero no, no se trata de ninguna de estas figuras vituperadas en Washington (y automáticamente en la prensa occidental) por cuestiones supuestamente vinculadas a su mala leche para la democracia y los derechos humanos, razón por la que el lector tenderá a suponer que los primeros párrafos de este texto se refieren a alguno de ellos.

La verdadera razón por la que el Departamento de Estado y sus secuaces en los medios occidentales tratan a estos señores como a abominables criminales tiene que ver con su actitud hacia la libre empresa occidental y la dominación proveniente del exterior. Ninguno de ellos se ha mostrado dispuesto a abrir sus fronteras a la explotación sin límite por parte de manos extranjeras (o, en el caso de Zimbabue, manos de descendientes de colonos). Ninguno de ellos vota en la ONU como Washington manda y ninguno de ellos está dispuesto a hacer de escudero militar del Pentágono.

Por su parte, Meles Zenawi, el dirigente al que sí me refiero en los primeros párrafos de este texto, el dictador del que nadie nos habló, sí estaba dispuesto a todo lo anterior. Meles, primer ministro de Etiopía, murió el lunes 20 de agosto. De filiación anticomunista, abandonó sus estudios en la facultad de medicina en la década de 1970 para combatir al entonces gobierno marxista leninista en Etiopía. Como primer ministro, entregó al país al libre mercado y la libre empresa al abrir la economía a la inversión extranjera . (7) En 2006, cuando Estados Unidos le pidió invadir Somalia, su vecino, Meles, inflexible agente de los intereses estadounidenses en la zona, estuvo más que feliz de obedecer.

A cambio de sus servicios, el hombre de mano dura en Etiopía recibió toneladas de “asistencia” de Washington: mil millones de dólares en 2010 y un monto casi idéntico el año pasado. (8) A demás, sus “servicios militares y de seguridad” son apreciados en Washington como “uno de los socios predilectos de la CIA […] en África ”. (9)

Si bien Meles es el prototipo de dirigente que Washington afirma repudiar, el Departamento de Estado de Estados Unidos nunca lanzó una campaña para derrocarlo… campaña a la que se habrían sumado sin dudarlo los medios de comunicación masiva y después carretadas de liberales, izquierdistas blandos, activistas a favor de la democracia y la no violencia, y trotskistas que simpatizan con “restringir los vuelos que llevan armas a los rebeldes”. Todos estos grupos han estado demasiado ocupados en su lucha por el protagonismo como denunciantes de la galería de canallas socialistas y defensores del nacionalismo económico que Washington preparó para el desdén público, supuestamente porque odian la democracia y los derechos humanos, pero en realidad porque odian la dominación extranjera . Meles nunca llegó a la lista de “canallas” de Washington. Los medios occidentales, desde luego, hicieron mutis… al igual que los izquierdistas blandos ya citados.

Al redactar el obituario de Meles , el periodista del New York Times Jeffrey Gettleman se sintió obligado a señalar el abismo entre la retórica de Washington respecto a la defensa de la democracia y los derechos humanos y su práctica de respaldar a los enemigos de estos mismos valores : “Etiopía no es el único caso que plantea complejas preguntas sobre la manera en que Estados Unidos habría de equilibrar sus intereses y sus principios”. Lo que escapa a Gettleman es que no hay equilibrio posible entre intereses y principios: los intereses de Estados Unidos (es decir, los intereses del 1%) superan por mucho los principios, hecho que explica por qué Washing ton sigue apoyando a personajes como Meles y sátrapas en el Golfo. Los principios no son más que retórica para maquillar la violación de otros países en pos de ganancias.

Gettleman señala que “Arabia Saudita es un ejemplo evidente de la manera en que los intereses pueden más que los principios, un país en el que las mujeres se ven privadas de muchos derechos y prácticamente no hay libertad de culto. Sin embargo, sigue siendo uno de los más cercanos aliados de Estados Unidos en Medio Oriente por una sencilla razón: el petróleo”.

Ajá. Pero no es el petróleo, un recurso del que dependen los consumidores y las industrias estadounidenses, pero que pueden conseguir en otro sitio. De hecho, Estados Unidos es uno de los principales productores de petróleo en el mundo y más de la mitad del petróleo que se consume en el país es de producción nacional.

Canadá, país vecino, vende tanto petróleo a Estados Unidos como todos los productores de crudo en el norte de África y Medio Oriente juntos. (10) Perder la simpatía de Arabia Saudita no dejaría a Estados Unidos sumido en la escasez petrolera; por el contrario, Arabia Saudita aporta una pequeña parte del petróleo que se consume en Estados Unidos. Es, eso sí, una fuente colosal de ganancias petroleras para las empresas estadounidenses, no solo de manera directa, sino también a través del reciclaje de petrodólares en bancos estadounidenses. Arabia Saudita sigue siendo uno de los aliados más cercanos de Estados Unidos en Medio Oriente por una sencilla razón: no el petróleo en sí mismo, sino las ingentes ganancias que devenga.

Gettleman continúa y apunta que “ En África, Estados Unidos coopera con varios gobiernos que son básicamente Estados unipartidistas, dominados por un solo hombre, a pesar de haberse comprometido a fomentar la democracia ”. (11) Sin embargo, no señala por qué. Si en el caso de Arabia Saudita la respuesta es “el petróleo”, ¿cómo se explica lo de África? El Wall Street Journal es más directo: Meles transformó una economía bajo control comunista al “relajar el acceso a industrias lucrativas” y al atraer “la inversión en agricultura y manufactura”. (12) En otras palabras, ayudo a enriquecer aún más a los inversionistas estadounidenses… el consabido 1%.

Mientras tanto, los dirigentes que oponen resistencia a la explotación de sus países a manos del 1% occidental han sido objeto de desestabilización, sanciones, bombardeos y, con la ayuda de un montón de izquierdistas, degradantes campañas de vilipendio.


1. Jeffrey Gettleman (a), “Ethiopian leader’s death highlights gap between U.S. interests and ideals ,” The New York Times, 21 de agosto de 2012.
2. Peter Wonacott, “Ethiopia in flux after leader dies”, The Wall Street Journal, 21 de agosto de 2012.
3. Wonacott
4. Gettleman (a)
5. Jeffrey Gettleman (b), “Ethiopian leader’s death highlights gap between U.S. interests and ideals ,” The New York Times, 21 de agosto de 2012 .
6. Gettleman (a)
7. Wonacott
8. Wonacott
9. Gettleman (a)
10. Danile Yergin, “America’s new energy security”, The Wall Street Journal, 12 de diciembre de 2011; Juliet Eilperin, “Canadian government overhauling environmental rules to aid oil extraction”, The Washington Post, 3 de junio de 2012; Sheila McNulty y Ed Crooks, “US groups unlock secret recipe for oil”, The Financial Times, 3 de marzo de 2011.
11. Gettleman (b)
12. Wonacott


Share/Save/Bookmark

2 comentarios:

Anónimo dijo...

¿que opinas de lo que le paso al All-Ethiopia Socialist Movement?

Coruscante dijo...

Han terminado como todos los ultraizquierdistas: ahora son una organización socialdemócrata. Para una descripción gráfica, véase su logo: llevan una florcita en reemplazo de la hoz y martillo.

Publicar un comentario