Por Said Bouamama. Traducido por Beatriz Morales.

“Cada generación, dentro de una relativa opacidad, tiene que descubrir su misión cumplirla o traicionarla.”
Frantz Fanon.

La juventud africana afronta de nuevo el descubrimiento de su “misión”, por retomar la expresión de Frantz Fanon. De manera significativa las vastas movilizaciones de la juventud en Egipto, Túnez o Burkina Faso han ido acompañadas del redescubrimiento de las grandes figuras de las independencias (Nasser, Sankara, N’Krumah, etc.).

Desde las manifestaciones contra la explotación del gas de esquisto en Argelia a las grandes huelgas de mineros en Sudáfrica pasando por el formidable movimiento de revuelta que acaba con el reinado del asesinato de Sankara en Burkina y por las revoluciones egipcia y tunecina, etc., hay un punto común que los medios de comunicación dominantes se guardan bien de poner de relieve: la presencia generalizada de jóvenes. Emergen nuevas generaciones de militantes que reaccionan por una parte ante las escandalosas condiciones de existencia impuestas por la globalización capitalista y, por otra, ante la acción de los gerentes locales de esta globalización que son la mayoría de los gobiernos vigentes. Es nueva actitud de la juventud tiene una base concreta: la mutación sociológica y demográfica del continente, y la pauperización generalizada de los y las jóvenes. Esa es la razón de que las potencias imperialistas, vía las ONG, estén particularmente activas para desviar a esta juventud de la misión que se ha impuesto: la lucha por la segunda independencia.

Una África joven

África tiene la población más joven del mundo. El continente cuenta con 200 millones de jóvenes de 15 a 24 y esta cifra se debería doblar para 2045. Las personas menores de 15 años conforman el 40 % de la población, mientras que las mayores de sesenta solo son un 5,5 %. Dos terceras partes de la población tiene menos de 30 años y más del 50 % tiene una media de edad de 21 años (1). De esta estructura demográfica se desprende una consecuencia en el mercado laboral. “Si continúa esta tendencia, la mano de obra del continente será de mil millones de personas en 2040. Será la más numerosa del mundo, por delante de la de China e India” (2).

Esta juventud también se caracteriza por un paro generalizado. Así, casi un 60 % de las y los parados africanos son jóvenes y en la mayoría de los países del continente la tasa de paro de las personas menores de 25 años es dos veces mayor que la de las personas adultas. Por ejemplo, en África del Norte era del 23, 4 % en 2009, esto es, 3,8 veces mayor que la de las personas adultas. En África del Sur es del 48 %, es decir, 2,5 veces mayor que la de las personas adultas (3). A la mayoría de estas personas jóvenes solo les queda el sector informal para tratar de sobrevivir. La pobreza generalizada es otra característica de la juventud africana. Una media del 72 % de las personas africanas jóvenes vive con menos de dos dólares al día y más del 80 % en países como Nigeria, Uganda o Zambia (4).

Por último, destaquemos que la juventud africana también está cada vez más instruida. Aunque desagrade a los nostálgicos de la colonización, el acceso a la escolaridad es uno de los resultados de las independencias. A pesar de la degradación de las condiciones de la enseñanza y de su calidad, los gobiernos, hasta los más reaccionarios, dudan en poner en tela de juicio el acceso a la enseñanza por temor a las revueltas sociales. Así, actualmente un 42 % de las personas de 20-24 años han recibido una enseñanza secundaria. Una juventud cada vez más importante, pero también muy afectada por el paro, el empleo informal y la pobreza. Una juventud que también está más instruida. Esta base material es lo que explica la renovación militante de la juventud africana.

Una nueva edad política

El cambio en el lugar de la juventud no es solo cuantitativo. También tiene lugar un proceso cuantitativo portador de concienciación. Así, en nuestra opinión se puede mencionar la existencia de “tres edades” de la juventud africana. Cara una de ellas ha forjado su relación con el mundo y su experiencia política en un contexto particular. La primera edad es la de la juventud de las décadas de 1960 y 1970 que podemos calificar de “juventud de las independencias”. Esta generación emerge en un contexto de lucha de los pueblos africanos por la emancipación nacional y social. En el plano de la experiencia conoció la colonización o la herencia inmediata de esta. En el plano material, debido a las independencias conoce globalmente (por supuesto, de manera heterogénea de un país a otro) una mejora de sus condiciones de existencia (acceso a la escolaridad, a la salud, etc.). En el plano ideológico se caracteriza por el antiimperialismos y la voluntad de “servir al pueblo”. Este contexto genera una relación con el mundo optimista, compromisos progresistas y una conciencia antiimperialista y panafricana.

La segunda edad es la de las décadas de 1980 y 1990 que podemos calificar de “juventud de la globalización y de los planes de ajuste estructural”. Esta generación emerge en un contexto mundial marcado por el final de la URSS y la victoria de la globalización capitalista. En el plano de la experiencia conoció la desaparición sucesiva de las experiencias progresistas africanas a causa de los “golpes de Estado”, de los asesinatos de los dirigentes revolucionarios y de las imposiciones de la nueva relación de fuerzas mundial. En el plano material conoce los planes de ajuste estructural y la pauperización generalizada que provocan. En el plano ideológico se caracteriza por la creencia en la economía de mercado y en la ideología de los “derechos humanos”. Este contexto produce una relación con el mundo hecha de mimetismo de Occidente, de salidas individuales, de individualismo y de una tendencia a renunciar a la lucha política colectiva.

La tercera edad es la edad actual que podemos calificar de “juventud de la segunda independencia”. Esta generación emerge en un contexto mundial marcado por la multiplicación de las agresiones imperialistas para saquear las riquezas naturales y por el fracaso de las opciones liberales, pero también por el desarrollo de las potencias emergentes. En el plano material conoce un “descenso a los infiernos” que les confina a una “lógica de supervivencia”. En el plano ideológico esta juventud vuelve a entroncar con la movilización política sin haber encontrado todavía el canal de expresión de su revuelta. A consecuencia de ello, experimenta nuevas formas de organización y de contestación. Este contexto es productor de una relación con el mundo hecha de movilizaciones colectivas aunque esporádicas, de radicalizaciones antiimperialistas pero todavía poco formalizadas, de revueltas sociales que todavía no logran convertirse en revolución.

La juventud africana afronta de nuevo el descubrimiento de su “misión”, por retomar la expresión de Frantz Fanon. De manera significativa las vastas movilizaciones de la juventud en Egipto, Túnez o Burkina Faso han ido acompañadas del redescubrimiento de las grandes figuras de las independencias (Nasser, Sankara, N’Krumah, etc.). Incluso en los países que no conocieron este tipo de movimiento se asiste a un redescubrimiento de estas figuras en las canciones rap, en las camisetas , etc. Esta búsqueda de un anclaje en las luchas pasadas pone de relieve la salida de un periodo de “odio de sí mismo” y de fascinación por Occidente. También refleja el desarrollo de una conciencia, sin duda todavía embrionaria, de la necesidad de retomar el combate de los mayores. Por ello nos parece que la expresión más pertinente es la de “segunda independencia”. En efecto, esta expresión apareció y se teorizó en la década de 1960 para poner de relieve la necesidad de consumar la independencia política por medio de una independencia económica real.

Una juventud que retoma el camino de las luchas colectivas, tiende a romper con la fascinación por Occidente y trata de volver a entroncar con los periodos anteriores del combate emancipador, esas son las características dominantes de la juventud africana.

El papel de corruptor de conciencias de las ONG

Las grandes potencias son consciente de estas mutaciones de la juventud africana. Conocen los peligros que estos cambios suponen a sus intereses. Desarrollan una política ambiciosa de corrupción de las conciencias por medio de las múltiples ONG que afecta a todos los ámbitos de la vida social. Aunque no sea un fenómeno nuevo, hoy conoce un nuevo impulso relacionado con las nuevas luchas de la juventud.

En la década de 1960 Estados Unidos y las potencias europeas iniciaron ya vastos programas “de ayuda” desarrollados por las ONG. Ya en 1965 el panafricano Kwame N’Krumah alertó acerca del papel neocolonial de las ONG del Norte. Las ONG desarrollaron una profusión de intercambios universitarios, formaciones de sindicalistas, formación de dirigentes, etc., con el objetivo de desviar a la juventud de la conciencia antiimperialista. Hoy ocurre lo mismo. Demos alguna información sobre las características de estas ONG:

“En general las asociaciones del Tercer Mundo tiene poco que decir a la hora de decidir la orientación de los programas de ayuda financiados por el Norte. Solo 251 de las 1.550 ONG asociadas al departamento de información de las Naciones Unidas tiene su base en países en desarrollo. Unos estudios demuestran también que de cincuenta asociaciones occidentales especializadas en abogacía, solo dos habían consultado efectivamente a sus socios del Sur antes de emprender una acción en su nombre. Las ONG de Norte afirman que las asociaciones del tercer mundo no son suficientemente sólidas para prescindir de su dirección”(6).

Basándose en la precariedad económica de la juventud, estas ONG ofrecen unos puestos de supervivencia a los dirigentes potenciales de las luchas, con lo que les llevan a depender de las ONG. Además, los programas de intercambios y de formación son verdaderos mecanismos de formateado ideológico. Estas formaciones sustituyen el análisis político y económico por el enfoque metodológico y técnico, la reivindicación política se sustituye por la compasión humanitaria y la organización de las primeras personas concernidas se abandona a beneficio de dependencia de la ayuda. Se trata ni más un menos que de despolitizar a una juventud que necesita una herramienta política para organizar su “misión generacional”, como afirma Fanon.

Pero las ONG también tienen una función más inmediata, la de justificar las intervenciones militares occidentales. Basándose en informes “objetivos” de ONG es como se despliegan unas operaciones de desestabilización de aquellos gobiernos que hayan cometido el crimen de alejarse de la línea dictada por Washington o por Europa como, por ejemplo, firmar un contrato comercial con una potencia emergente. Estos mismos informes suelen preparar a la opinión pública para que acepte la llegada de tropas extranjeras como solución a las crisis. El nuevo desarrollo de la acción de las ONG en África no se debe a un aumento de la conciencia humanitaria en Occidente. Refleja las nuevas potencialidades revolucionarias de la juventud del continente y tiene por objetivo neutralizarlas e instrumentalizarlas. Al igual que en la década de 1960 la juventud africana se vuelve a enfrentar a las tareas de la formación política de los militantes y de la organización de los condenados de la tierra.


Notas:
(1) http://www.africaneconomicoutlook.org/fr/thematique/youth_employment/ , consultado el 27 de abril de 2015 a las 10:40 hs.
(2) Banco Africano de Desarrollo, OCDE, PNUD, Perspectives économiques en Afrique, 2012, p. 108.
(3) http://www.africaneconomicoutlook.org/fr/thematique/youth_employment/
(4) Ibíd.
(5) Kwame Nkrumah, Le néocolonialisme, dernier stade de l’impérialisme, Présence Africaine, París, 1973, capítulo "Les mécanismes du néocolonialisme", p. 245.
(6) Marc-Antoine Perouse de Montclos, La face cachée des ONG, Politique internationale la revue, n° 116, http://www.politiqueinternationale.com/revue/read2.php?id_revue=116&id=656&content=texte


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