En esta nota de hace un par de meses, el célebre ateo Richard Dawkins critica lo que el llama «izquierdistas retrógrados». A partir de esto, reflexiono acerca de esa gente tan abundante en la política desde la centroizquierda hasta el ultraizquierdismo.

Los centroizquierdistas, los progres, defienden raudamente al islam de cualquier crítica con la excusa de que han varios tipos de islam, diferentes del extremismo. En Latinoamérica existe una variante parecida con los populistas que reivindican esa doctrina de nombre oximorónico: teología de la liberación. El islam y el cristianismo son religiones totalitarias, que pretenden controlar hasta lo que piensan las personas. Hasta la idea del pecado de pensamiento, a nadie se le había ocurrido llevar tan lejos la tiranía. Este mérito del cristianismo, que como primera religión militante universal lo llevó a todos los lugares que pudo, se extendió también en Oriente con el islam, que en definitiva es una variedad de cristianismo. En el islam la deshumanización del individuo es mucho mayor que en el cristianismo. En la religión original las personas consideradas virtuosas eran deificadas: podían estar al mismo nivel que los dioses. En el catolicismo, así como entre los cismáticos y algunos heréticos, los virtuosos todavía pueden ser semidioses, llamados santos, beatos, etc. Pero en el islam nada de esto se permite, sólo puede haber un dios y el humano más relacionado con él, Muhammad, está cada vez más despojado de su humanidad, ni siquiera se lo puede recordar como tal, es sólo un trazo de tinta: محمد. Y «cuanto más pone el hombre en Dios, tanto menos guarda en sí mismo».

En las izquierdas radical, extrema y ultra, el justo odio al imperialismo le provoca muchas veces desvaríos que la llevan a adherir a los enemigos de éste, pero que también son notables enemigos de todo lo revolucionario, como es el caso de ciertos referentes islámicos (gobernantes iraníes, talibanes, etc.). No diferencia entre el análisis de las estrategias y tácticas políticas que nos llevan a repudiar las agresiones imperialistas contra esos enemigos, o a estimar el margen de maniobra, que permite el conflicto entre potencias, a una política no proimperialista, de la adhesión explícita a algunos de esos regímenes o grupos. Error que se potencia por 1) la orfanidad ante la falta de un referente internacional como la URSS, Hoxha, Mao, etc., 2) la confusión traída desde ciertas doctrinas antropológicas, que con fines más egoístas que solidarios —vivir de escribir libros—, han promovido el estancamiento de muchas sociedades, considerando que el progreso es un dogma positivista que destruye las identidades, no viendo que es justo que todos se beneficien de los avances de la ciencia y de la tecnología, que no son capitalistas ni comunistas ni nada, sino logros de la humanidad, y que no tienen por qué perder su identidad si, promovido el pensamiento racional por los revolucionarios, pueden los pueblos revalorizar aquello de su cultura que engrandece al género humano y difundirlo al universo, y suprimir («Lo que contribuyó más que todo a hacer a los romanos señores del mundo, fue que habiendo peleado sucesivamente con todos los pueblos, renunciaron siempre a sus usos, luego que conocieron otros mejores.» Montesquieu, Consideraciones..., I) aquello que lo enajena y le causa sufrimientos innecesarios en la finitísima vida.


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