El ginecólogo, revolucionario y presidente (1987-1992) afgano Mohammad Nayibulá contó, en una entrevista concedida al periódico Izvestia el 29/12/1989:

«¿Cómo llegué a ser un revolucionario? Estudié en un liceo en Kabul y me iba de vacaciones con mi padre, que servía en Peshawar, todos los años. En algún lugar de Jalalabad había un alto. Y ahí, una cascada clara. Las mujeres y los hombres estaban separados. Y un día veo a una mujer que corre a lo largo de un camino en la parte superior y le grita a alguien de los hombres: "su hijo nació". Todo el mundo comenzó a ir cuesta arriba. Yo estuve buscando durante veinte minutos dónde acababa de pasar y ví a la mujer que dio a luz envuelta en un chal y con su hijo lléndose con una caravana de nómadas. Sentí un impulso interno, temblaba. Pensé, ¿por qué la mujer afgana debe dar a luz en la tierra entre las piedras, como animales desamparados? No pensaba en una revolución sino que sólo me estaba llenando de ira y vergüenza. Yo amaba mi tierra y mi pueblo, ¿por qué él tiene que vivir como lo peor de la raza humana?» (V. N. Plastun y V. V. Andrianov: «Najibulá. Afganistán en las garras de la geopolítica.», 1998, Instituto Biográfico.)



Pero en Argentina:

Parto casero fatal: fiscal dijo que “no habrá pena para los padres”: «Nadie está acusando a alguien de querer matar, sino una pareja que quería que su hijo nazca pero que actuó con negligencia. La pena no es una solución, ya tendrán esta carga para toda la vida», dijo el fiscal. «No es gente de bajos recursos, sino que es una pareja de una clase social media alta con todos los recursos a disposición», subrayó.


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