En los países capitalistas la moral de los ciudadanos se va anulando con el tiempo.
En los países capitalistas desarrollados, la moral ha desaparecido o se ha mitigado bastante. Si bien es positivo para la racionalidad el descrédito cada vez mayor de la hipócrita moralidad cristiana, el lugar que ésta ocupaba como guía de la personalidad en el cerebro de la gente fue reemplazado por el fetichismo de la mercancía. Lo cual hace que, obviamente, los habitantes de los países capitalistas desarrollados sientan un gran vacío en sus vidas, lo que los lleva a adoptar ideas y teorías no convecionales (como el budismo o la autoayuda, etc.). No obstante, ésto es insuficiente para ellos, y entonces vemos cómo crecen los casos de suicidios (como en Japón), ya que toda la vida se les enseña que el sistema es incuestionable y, siendo que saben en el fondo que es nefasto, ¿a dónde escapar, no?
En los países capitalistas subdesarrollados de Occidente, el moralismo hipócrita de los cristianos es el que prevalece.
El abandono total de las normas mínimas de humanidad es cada vez mayor y se afianza ante la supuesta "invencibilidad" del régimen capitalista, muy bombardeado a las mentes desde todos lados por la maquinaria del sistema.
No se trata de retrotraer esta situación a la dominación de una religión abrahámica, sino de crear valores nuevos y humanistas que nos ayuden a construir una nueva Humanidad. Y esto puede hacerse sólo con una Revolución.
C. Marat.
19 de noviembre de 2009
Sobre el blog

Puede contactar con el autor al siguiente correo electrónico:
Cultura
Información
Humor
Blogroll
En Cubadebate relatan una hermosa anécdota sobre Gerardo Hernández, uno de los Cinco Cubanos presos en EUA por sus actividades antiterroristas.
La historia comienza así. El 4 de junio de 2009, el mismo día de su cumpleaños, Gerardo Hernández tuvo noticias de aquella criatura. Se enteró por un preso de apellido Lira, que trabaja en la fábrica que está dentro de la prisión. Lira y un guardia limpiaban los techos con una potente manguera y sin querer o sin saber, destruyeron un nido que protegía a tres pichones. Dos de ellos murieron tras el golpe, pero uno quedó vivo. Eran tan pequeños que ni plumas tenían. Posiblemente estaban recién salidos del cascarón.
El guardia se conmovió y sintiéndose responsable, le permitió a Lira que se lo llevara escondido al interior de la prisión e intentara salvarlo. El preso llegó con el pajarito en la palma de su mano y sin saber qué hacer con él, comenzó a preguntar a otros presos. Alguien sugirió: “Preguntémosle a Cuba [como llaman a Gerardo los otros presos], que a él le gustan los animales y seguro sabe de eso”. Así fue que llamaron a Gerardo y él vino a la celda donde tenían al animalito.La primera reacción de Gerardo fue silbar, imitando lo que él suponía hiciera la madre del pichón. Movió los dedos de las manos, como si fueran pequeñas alas. Milagrosamente, el pajarito abrió su pico. Gerardo comenzó a darle migas de pan y luego, introdujo sus dedos en el agua y dejó correr las gotas cayeran suavemente en el pico del pajarito.
Gerardo no quiso llevárselo a su celda, pero todos los días pasaba para alimentarlo. El problema era que al principio el pequeño no quería comer con nadie, salvo con Gerardo. Un día se le ocurrió ofrecerle al pajarito unas hilachas de pescado y después el bribón ignoraba las migas del pan. Comenzaron a crecer sus plumas y Gerardo le enseñó entonces a comer solo. Le ponía los trocitos de alimento en la palma de su mano y el pajarito venía con toda confianza.
Sin embargo, los presos estaban preocupados. En caso de inspección, el pequeño sería un problema.Como ya estaba más grande, lo sacaron la patio para que volara libre. El pajarito volaba un poco y regresaba al hombro de Gerardo. Cada vez que intentaba volar con otros pájaros, lo rechazaban a picotazos. Poco a poco ganó confianza. Gerardo entraba solo al pabellón donde vive, pero cuando salía otra vez al patio, el pajarito se asomaba también para verlo.
En una ocasión estaban muchos presos en el patio. Alguien le dijo a Gerardo que por ahí andaba el pajarito posado en los alambres de púas. Gerardo silbó y frente a todos los presos, el pequeño apareció de la nada y se posó en su hombro. Increíble. Todos hablaban de esta historia.
Al pajarito lo llamaban Cardenal, porque Gerardo le pintó las plumas de la cola con un marcador rojo, para distinguirlo de los demás. La pintura lo afectó un poco. El pajarito perdió las plumas de la cola, pero por breve tiempo. Después las recuperó, con su color natural. Sin embargo, el nombre se quedó: Cardenal.
En una ocasión otro preso encontró al pajarito en el patio con el pico abierto. Hacía mucho calor, tenía sed. Lo tomó y se lo dio a Gerardo. Él lo ocultó dentro de su gorra para entrarlo sin que lo vieran. Por supuesto, se dieron cuenta de que algo extraño tenía en la cabeza. “¿Qué tienes debajo de la gorra?”, y él dijo: “Nada”. Cardenal también respondió piando como loco. “No me digas que lo estás entrenando para llevarle mensajes a Fidel”, reaccionó uno de los guardias riéndose.
La historia no terminó todavía. Gerardo se lo llevó a su celda y le preparó un lugar para que se quedara allí. Jugaba con él, se le posaba en el hombro, en la cabeza. Cuando Gerardo estaba escribiendo, venía a entretenerlo y el cubano le daba una palmadita cariñosa, para que lo dejara tranquilo. Entonces Cardenal se escurría por la espalda hasta donde la mano amiga no podía alcanzarlo. A veces se acurrucaba en el cuello de la camisa del preso y allí se dormía. O picoteaba la oreja del amigo y cuando Gerardo sacudía la cabeza, Cardenal se mudaba a la otra oreja.
En una ocasión en que Gerardo había soltado a Cardenal, este voló hasta el comedor y aterrizó en el plato de un preso grande y fuerte que estaba comiendo un pedazo de pollo. El preso agarró al pajarito en sus manos para apretarlo y alguien le gritó: “No lo mates. Es de Cuba”. El grito lo tomó desprevenido. El hombre soltó a Cardenal y preguntó asombrado: “¿Y quién coño es Cuba?”
Gerardo en realidad estaba muy preocupado. A cierto guardia no le hacía ninguna gracia el pajarito. Durante una inspección, el guardia había obligado al preso a soltar a Cardenal y cerrar la puerta después. El pajarito regresó luego estropeado. Gerardo lo dejó unos días más en su celda para que se recuperara. Y en eso hubo un lockdown (incomunicación aplicada a todos los prisioneros) y siempre que hay lockdown hay registros.
Cuando Gerardo escuchó que estaban registrando por espacio que queda entre el piso y la puerta, lo empujó hacia afuera. Cardenal salió volando, dentro del pabellón donde está la celda de Gerardo. Al llegar el guardia, vio la caja donde vivía Cardenal. Gerardo le dijo que ahí vivía su amigo, por voluntad propia: “El problema es que yo lo saco para afuera, pero el pajarito vuelve; yo no tengo la culpa”. “Mira si te voy a creer que el pajarito va a volver”, le contestó el guardia, que hace el ademán de irse como diciendo: “estás loco”. Gerardo silbó dentro de su celda y el guardia se quedó frío viendo como regresaba el animalito. Sin equivocarse, Cardenal identificó el lugar de su amigo en la enorme galería de celdas del primer y segundo piso, todas exactamente iguales.
Cardenal llegó a la celda de Gerardo. Miró por la rendija, pero no pudo entrar (esto sucede durante lockdown). Allí se quedó quieto hasta que el mismo Gerardo, conmovido, abrió la ventanilla por donde meten la comida y Cardenó entró. Unos días después hubo otro registro. Cuando los guardias llegaron a la celda de Gerardo éste les dijo que tenía un pajarito, para que no se fueran a asustar si les volaba encima. Le dijeron que tenía que soltarlo, pero como ninguno de ellos lo podía agarrar, llevaron a Gerardo hasta la puerta del pabellón para que el mismo lo soltara. Como estaban en lockdown, Gerardo y el pajarito salieron por el pasillo escoltados por los guardias. Todos los presos los vieron a través de la rendija de sus celdas, y comenzaron a gritar: “Se llevan a Cuba y al pajarito al hueco” y comenzaron a golpear las puertas en protesta. El guardia gritó: “¡Cálmense! No lo llevo al hueco; sólo vamos a dejar libre al pájaro.”
Esa fue la última vez que Gerardo vio a Cardenal. El lockdonw duró un mes sin que el pabellón se abriera. El cubano no pudo salir y Cardenal no pudo entrar. El pajarito había estado dentro de aquella dura prisión de alta seguridad desde el cumpleaños de Gerardo, el 4 de junio hasta el 16 de julio, un día después del aniversario de bodas Gerardo y Adriana.
- En la foto, Gerardo y Cardenal. Imagen tomada por el fotógrafo de la prisión el 30 de julio de 2009.
- Alicia Jrapko escribió esta historia de memoria dos horas después de escuchársela a Gerardo en una visita que ella le hiciera a la cárcel de máxima seguridad de Victorville, California. Él después revisó y corrigió el texto, que Alicia quiere entregar a la Casa Editora Abril para que sea publicado para los niños.
- Gerardo Hernández nació en La Habana el 4 de junio de 1965. Se graduó en 1989 en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales (ISRI) “Raúl Roa García”. Un año antes, en 1988, contrajo matrimonio con su actual esposa, Adriana Pérez O’Connor. Es caricaturista y artista gráfico, trabajos que realizó en Cuba y Estados Unidos. A mediados de los años noventa, cumplió misiones en Estados Unidos dirigidas a prevenir a Cuba de acciones terroristas, planificadas y ejecutadas por organizaciones contrarrevolucionarias radicadas en Miami. El 12 de septiembre de 1998 fue arrestado junto a cuatro compañeros, que sufrieron como él un juicio plagado de irregularidades y prejuicios en Miami. Lo condenaron, sin evidencias, a dos cadenas perpetuas más 15 años que cumple en la prisión de alta seguridad de Victorville, California.
C. Marat
17 de noviembre de 2009
Conmovedora historia sobre uno de los 5 héroes cubanos
Transcribo a continuación el artículo Capitalismo: ¿fin de una ilusión? de Marcelo Justo para la BBC.
Con la caída del Muro de Berlín en 1989 se habló del "fin de la historia", vieja ilusión humana que quedó hecha trizas con los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos.
Ahora una encuesta global de la BBC derrumba otro de los pilares de aquel momento de supremo optimismo, cuando el derrumbe del comunismo se equiparó con la apertura de un futuro luminoso para la humanidad.
La consulta a más de 29 mil personas en 27 países pone de manifiesto un fuerte rechazo al vencedor de la Guerra Fría: el capitalismo.
Sólo un 11% de los encuestados cree que el sistema está funcionando.
La gran mayoría piensa que se necesita una profunda reforma del capitalismo para que sirva como sistema económico-social.
La crítica es tal que hubo una fuerte división entre los que valoran positivamente el fin de la Unión Soviética y los que piensan que fue un hecho negativo.
El fin de la historia
El resultado es más impactante aún si se lo compara con el discurso dominante luego de la caída del Muro de Berlín.
El historiador estadounidense Francis Fukuyama encarnó mejor que nadie aquel optimismo irrepetible.
En un artículo de investigación publicado en The National Interest, Fukuyama argumentó que, con la derrota del comunismo, la historia había llegado a su fin porque el ser humano había encontrado dos pilares permanentes sobre los que montar una sociedad: en el aspecto económico, el libre mercado, y en el político, la democracia parlamentaria.
De una manera u otra, las sociedades debían llegar allí: el ser humano no tenía que buscar más allá de esta fórmula.
La historia, por supuesto, continuó y hasta se podría especular que aceleró su movimiento.
De hecho, en poco más de una década, con los atentados del 11 de septiembre en 2001, la misma caída del muro resultaba irrelevante respecto a la nueva realidad global.
Los participantes de la encuesta de la BBC demuelen la otra premisa de la tesis de Fukuyama: el libre mercado no es la vía de la felicidad social.
El capitalismo "real"
Este desencanto tiene curiosos parlalelos con lo ocurrido con el marxismo.
En el siglo XIX, el socialismo y el comunismo se propusieron expresar el descontento de los sectores más postergados del capitalismo ante la miseria y la extrema desigualdad de la época.
El problema fue que la praxis concreta del comunismo en el siglo XX llevó a una dramática divergencia entre el optimismo de las consignas (el "paraíso de los trabajadores") y la realidad cotidiana de sociedades sometidas a gobiernos represivos y pesadillas burocráticas.
Esta diferencia llevó a los comentaristas de la época a distinguir entre un "socialismo real" y otro "ideal" que sólo existía en el universo platónico de los manuales de texto y las consignas.
Una diferencia similar se puede plantear actualmente entre el "capitalismo real" y el "ideal" que se difunde por un complejo proceso mediático y visual.
El paraíso del consumo feliz que impregna el discurso social tiene poco que ver con la percepción cotidiana de las mayorías.
La crisis económica mundial ha contribuido decisivamente a poner al desnudo esta discrepancia.
Me parece que lo más importante del artículo es la conclusión a la que llegó el autor: el capitalismo fracasó en intentar poner al mismo nivel su restauración mediocre con las grandes revoluciones proletarias, pues lo primero sólo trajo apatía a la gente, mientras que lo segundo había traído esperanza.
C. Marat
13 de noviembre de 2009
Fin de una ilusión
El tan odiado Muro de Berlín, apodado "muro de la vergüenza" con fines de propaganda pro-capitalista, cayó hace 20 años, un 9 de noviembre de 1989, uno de los años más trágicos para la Humanidad. Es cierto que cayeron con él las dictaduras del partido único, que eran deformaciones del socialismo y no tenían nada que ver con el comunismo (más allá de la simbología), pero también es cierto que estos sistemas no fueron "diabólicos" como dice la prensa burguesa y, aunque no encarnaban el verdadero socialismo científico, no había punto de comparación con las atrocidades de las dictaduras capitalistas (que se llaman a sí mismas "democracias", cuando es claro que no lo son, ya que el pueblo no tiene el control de los medios de producción ni de los medios de comunicación, o sea que carece por completo de poder).
Por ejemplo, las víctimas del Muro de Contención Antifascista fueron 79 personas a lo largo de 27 años. Pero las víctimas del muro EUA-México ya son 3.000 aprox. y apenas lleva poco más de 4 años. El capitalismo también ha edificado otros muros: el que separa los enclaves coloniales de Ceuta y Melilla del resto de África, el que construyeron los isaraelíes contra los palestinos, el que construyó el Reino marroquí para aislar a los saharauis, el muro antiinmigración entre Botsuana y Zimbabue, el muro de 2.900 km entre India y Pakistán, el que divide Chipre en dos zonas y los múltiples muros que los yanquis levantaron en Bagdad tras la invasión a Iraq.
En el mundo actual "pacífico y libre" hay más muros físicos que nunca en la historia, pero los más terribles son los inmateriales. Lo que celebran en Berlín no es más que el hecho de haber podido levantar una vez más el muro que separa a los burgueses de los proletarios para evitar que estos últimos recuperen los robado por los capitalistas.
En los festejos por el '89 asistieron notables personajes: el primer ministro británico Gordon Brown, la secretaria de Estado yanqui Hillary Clinton, los presidentes de la Comisión de la Unión Europea, el avalador de la guerra de Iraq José Manuel Durão Barroso, el del Parlamento Europeo, el ultraderechista checo Jerzy Buzek, así como el Nobel de la Paz y nacionalcatólico polaco Lech Walesa y el ex secretario de Estado de EUA Henry Kissinger, responsable de la Guerra de Vietnam y del golpe de Estado de Chile, entre otros numerosos crímenes contra la Humanidad.
P.D.: U2 celebró la "libertad" y la caída del muro berlinés con un muro capitalista acorde a la "nueva época". También recomiendo leer el artículo El Comunismo ha derribado el Muro de Berlín, de John Brown.
Sobre el Muro de Berlín y otras edificaciones
Imperdible artículo de Paloma Casaseca en Rebelión.org: Ruanda 1994: un conflicto ¿étnico?. La autora nos explica cómo en realidad las etnias de Ruanda no son tales, sino que sus diferencias menores fueron exacerbadas por las pseudociencias racistas de la época colonial, con el obvio fin de enfrentar a los africanos entre sí y mantenerlos débiles e ignorantes.
Estas aberraciones forman parte del extenso prontuario del infame Reino de Bélgica, uno de los Estados más sanguinarios en el colonialismo de fines siglo XIX-comienzos siglo XX. Y eso que para ser el más sanguinario había que esforzarse. Hoy los medios de la dictadura capitalista no quieren acordarse, pero durante el reinado de Leopoldo II en Bélgica, fueron exterminados 10 millones de personas, la mitad de la población del Congo (que también era colonia belga, al igual que Ruanda).
También recomiendo leer los siguientes artículos: La nefasta herencia del rey Leopoldo II, de Roberto Correa Wilson, África de rodillas, de Alejandro Nadal, El horror del colonialismo. El Congo de Leopoldo II., El horror del Estado "libre" del Congo (partes 1 y 2) de Álvaro Peredo.
C. Marat.
9 de noviembre de 2009
El colonialismo genocida del Reino belga

Hoy 7 de noviembre de 2009 se cumplen noventa y dos años de la Revolución Bolchevique (también conocida como Revolución de Octubre, pues ocurrió la noche del 24 al 25 de octubre -para los occidentales 6 y 7 de noviembre- de 1917 en el calendario juliano, que usaba en aquella época Rusia), la primera vez que se estableció un Estado obrero y en el que los proletarios salieron vencedores frente a la reacción. Este acontecimiento, uno de los más importantes en la Historia, abrió un período de luchas para lograr la emancipación humana y el establecimiento del Comunismo.
- Descargar el libro Diez días que conmovieron al mundo (título original: Ten Days that Shook the World) del periodista John Reed, quien relata los sucesos de la Revolución de Octubre y los días posteriores a la toma del poder.
- Ver la película Octubre (título original: Октябрь) del director de cine Sergéi Eisenstein, película muda (en esta versión remasterizada posee música de fondo y algunos efectos sonoros) que describe apasionadamente este importante suceso. Para descargarla a la computadora personal pueden usarse diferentes programas informáticos o sitios web, como AtrapaVideos.
92º Aniversario de la Gran Revolución Bolchevique
A continuación transcribo una de las muchas anécdotas recopiladas en el libro Absuelto por la Historia - edición extraordinaria (click para descargar en formato PDF) del periodista Luis Báez. Este testimonio conmovedor sirve para entender el humanismo de la personalidad del revolucionario y estadista Fidel Castro y, en el fragmento que he resaltado en negrita, el motivo de la solidaridad internacionalista de la Revolución Cubana.
Anécdota contada por Andrés Allamand, político chileno del Partido Renovación Nacional, en la Revista de El Mercurio, 11 de julio de 2006.
En 1990, nuestro hijo Juan Andrés sufrió un grave accidente que lo dejó con importantes secuelas neurológicas. A los pocos meses, recibimos a través de amigos comunes, y en medio de la incredulidad, una invitación para trabajar en su recuperación en La Habana. Quien la formulaba era el propio Fidel Castro.
Desde el primer día, Fidel se ocupó personalmente de la recuperación de Juan Andrés. No se le escapaba detalle. Durante años, se mantuvo al tanto de los altos y bajos de un esfuerzo que no admite tregua y era capaz, ante el asombro de todos nosotros, de participar, como un médico más, en las juntas y reuniones en que se ajustaban los tratamientos, los medicamentos y las terapias. Muchas veces llamaba a Bárbara –mi esposa, de la que hoy estoy separado– para preguntarle si había algo más que él pudiera hacer con el niño. Y durante aquellas semanas en que Juan Andrés permanecía en La Habana con sus enfermeras, él multiplicaba sus visitas. Como todas, sin aviso. A veces, se quedaba con Juan Andrés más tiempo que el que su agenda le permitía, ante el desconcierto de la comitiva que lo acompañaba a sol y sombra.
Una vez, uno de esos miembros me confesó a qué se debía tal conducta: «El comandante le habla a Juan Andrés. Y tiene la esperanza de que algún día él le conteste». Fidel es un hombre que cuando abraza causas nunca las abandona.
La vida tiene pasajes impensables y paradojas misteriosas. Ninguna vuelta del destino habría permitido imaginar que una familia chilena –separada por un abismo ideológico– iba a gestar tal lazo humano con un líder político que en Chile genera dos sentimientos: admiración y odio. Lo gravitante es que, camuflados detrás de los personajes históricos, siempre hay hombres de carne y hueso.
Cuando Juan Andrés falleció, resolvimos a instancias de Bárbara, ir a dejar las cenizas en el mar de Cuba. Lo hicimos por dos razones: porque allí nuestro hijo era feliz, caminaba en el agua, se reía sin parar, se quedaba horas jugando en la arena cálida. Vivía una vida que le era esquiva. Era un niño más: sin sufrimientos, sin diferencias. Y porque era nuestra forma de agradecer a Fidel y a nuestros amigos cubanos todo lo que habían hecho por nuestra familia.
En esa última oportunidad no vimos a Fidel. Pero nos mandó un mensaje que transmitía una pena que él quizá no quería admitir: «Dígale a Bárbara y a Andrés que nosotros somos los que tenemos que agradecer. Es un honor que Juan Andrés se quede aquí para siempre».
De la misma manera que señala el texto resaltado, la Revolución Cubana le habló y habla al mundo porque tiene la esperanza de que algún día ésta conteste y se sacuda el yugo de la opresión que tanto sufrimiento causa.
C. Marat
7 de noviembre de 2009
El humanismo de Fidel Castro














