Ponencia: «Revolución y educación: el legado de la reforma educativa del régimen de la facción Jalk del Partido Democrático Popular de Afganistán (1978-1979)».

Autor: Prof. Pedro Silvio Vivono, graduado del Instituto de Educación Superior N.º 28 «Olga Cossettini», profesor adscripto de Historia Argentina I en el mismo instituto, miembro del Centro de Estudios sobre Diversidad Cultural de la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario.

Fecha: 16/9/2019.

III Jornadas de Asia y África, organizadas por la cátedra de Historia de Asia y África del Departamento de Historia de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de La Plata.


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¿Luchadores por la fe? No, mercenarios de la muerte

Autor: Mijaíl Koloskov.
Editorial: Agencia de Prensa Nóvosti.
Lugar: Moscú.
Año: 1986.
Título original: Борцы за Веру? Нет, Наемные Убийцы!
Descarga: Mega.










Afganistán, camino de la paz


Autor: Vladímir Avákov.
Editorial: Agencia de Prensa Nóvosti.
Lugar: Moscú.
Año: 1988.
Título original: Афганистан На Пути к Миру
Descarga: Mega.











Otros libros relacionados para descargar

1) Afganistán desde Afganistán; 2) La verdad sobre Afganistán; 3) El árbol en el centro de Kabul; 4) Afganistán. Historia y lucha de un pueblo; 5) Il viaggio di Bang; 6) Visita de amistad a la India, a Birmania y al Afganistán.


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Cuando Afganistán llamó a Fidel y Cuba respondió

Por Fraidoon Amel para TeleSUR, 27/11/2016. Traducido por Socialismo Actual.

Uno de los hechos menos conocidos de la historia mundial del siglo XX es la ayuda militar de Cuba a Afganistán durante los años críticos de la Revolución de Abril de 1978.

Uno de los más destacados faros históricos mundiales del siglo XX es el
serio, espartano y heroico internacionalismo revolucionario de Cuba. Si bien la solidaridad internacionalista de Cuba todavía existe en muchas formas, su componente militar es lo que destaca.

Póster de la OSPAAAL.
La ayuda militar cubana en Ghana, Argelia, Guinea-Bisáu, Congo y Bolivia con el Che Guevara, Granada, El Salvador, Angola, Eritrea, Etiopía, Mozambique, Guinea Ecuatorial, Libia, Irak, Siria durante la Guerra de Yom Kipur, Sahara, Yemen y Sudáfrica —aquí Cuba ayudó a la liberación del apartheid— formó la historia de África y América Latina. Es un registro excepcional y sin precedentes para una pequeña isla caribeña, haciéndolo casi demasiado surrealista para ser cierto.
¿Es desconcertante, entonces, que Cuba orgullosamente haya amasado la rabia del «Imperio» en la forma de bloqueo genocida de décadas de duración?
Sin embargo, uno de los hechos menos conocidos de la historia mundial del siglo XX es la ayuda militar de Cuba a Afganistán durante los años críticos de la Revolución de Abril de 1978. Cuba fue uno de los pocos países que votaron en contra de una resolución del Movimiento de Países No Alineados en la Asamblea General de las Naciones Unidas que condenaba la intervención de la Unión Soviética en Afganistán en 1979.
Cuba estuvo comprometida en la lucha contra el imperialismo en el frente afgano de 1980 a 1986. Estos años fueron decisivos para la Revolución Afgana. Fue durante este tiempo que el Ejército afgano infligió golpes decisivos contra los soldados del imperialismo —afganos, y unos cincuenta mil  no afganos también—.


Los éxitos logrados en esta época se debieron en gran parte a la presencia en Afganistán de más de cinco mil militares cubanos que compartieron su experiencia en guerrilla con los ejércitos afgano y soviético —preparados para la guerra convencional—. Los cubanos también participaron en combate. Es increíblemente irónico que años después algunos de los «luchadores por la libertad» de Estados Unidos a quienes los cubanos combatieron en los '80 fueran encarcelados como terroristas en el territorio cubano del sureste —Bahía de Guantánamo— ocupada por los Estados Unidos
La ayuda cubana cambió el rumbo de la guerra en Afganistán. Para todos los propósitos estratégicos, la contrarrevolución fue derrotada. El gobierno revolucionario logró consolidar el poder. La revolución se hizo sostenible desde un punto de vista estratégico. Había ganado el impulso y la ventaja. La propaganda occidental perniciosamente calificó la situación de «estancamiento estratégico». Occidente, sufriendo una derrota humillante en el campo de batalla, ahora buscaba desesperadamente otras opciones para mantener su agenda permanente : el cambio de régimen en Afganistán.
Occidente recurrió a complementar sus esfuerzos bélicos para perseguir la guerra por otros medios. Utilizando las Naciones Unidas, las llamadas conversaciones de Ginebra que habían sido iniciadas por Afganistán en 1984 desde una posición de fuerza, ahora se usaban para servir a la agenda imperialista. Culminó en los Acuerdos de Ginebra del 14 de abril de 1988 y tenía por objeto facilitar una retirada «honorable» a los soviéticos.
Inmediatamente después, la ONU lanzó su llamado Plan de Paz en Cinco Puntos, que era un plan para la entrega de Afganistán al imperialismo. Estos últimos, entretanto, nunca renunciaron a la opción militar de efectuar un cambio de régimen en Afganistán, quebrar las instituciones estatales y destruir al poderoso ejército afgano. Fue, por supuesto, la opción militar la que finalmente se materializó.


Amín, todavía ministro de Taraki, con Fidel.
Un importante cambio estratégico se dio a la ventaja de Occidente. En 1985, Gorbachov llegó al poder e inició lo que sería el fin de la Unión Soviética y su legado revolucionario, que finalmente decidiría el destino de la desafortunada Revolución de Abril. Gorbachov decidió retirar las tropas soviéticas de Afganistán con la consternación de sus homólogos afganos y cubanos y contra el consejo de sus generales que creían que necesitaban un año más para eliminar por completo la contrarrevolución.
Fidel Castro y el presidente afgano Babrak Karmal, obligado por los soviéticos en 1986 a renunciar al poder, se opusieron firmemente a la política de Gorbachov. Los soviéticos decidieron marcharse. Afganistán
—y la Unión Soviética—, que había sacrificado tanta sangre para defenderse contra la invasión del imperialismo en las fronteras soviéticas, se dejó en manos de una guerra enormemente asimétrica por sí sola.
Estaba destinado a romperse en pedazos. Los «luchadores por la libertad» estadounidenses no se detuvieron en Afganistán. Los soviéticos fueron obligados a pagar por su error histórico —y los rusos hasta el día de hoy— en forma de guerras en Tayikistán, en las repúblicas del norte del Cáucaso de Chechenia, Daguestán, etc.
¿Y Afganistán? Bueno, nunca dejó de ensangrentarse bajo experimentos imperialistas.


El imperialismo occidental, que participó en la peligrosa competencia geopolítica con la Unión Soviética por el control de Afganistán, la cual fue considerada geoestratégicamente, finalmente logró establecer sus puestos avanzados en el país, incluidas bases militares. Oficialmente se hizo cargo del país en 2001 y desde entonces se ha estado preparando para proyectar su poder sobre Irán, China y, gradual pero firmemente, empuja en su camino hacia Asia Central con Rusia como objetivo principal. Competencia geopolítica que nunca dejó de existir.

Los recientes acontecimientos en la provincia de Kunduz, situada estratégicamente en el norte de Afganistán, fronteriza con Tayikistán, es un irónico recordatorio de que Rusia podría verse obligada a entrar en el teatro de guerra afgano, ahora más complejo, para luchar contra una guerra que dejó inacabada. Pero esta vez, probablemente necesite un millón de soldados como Karmal había advertido a Gorbachov en la primavera de 1985. Y sin Cuba y sin Fidel.


Diplomacia

 

El Departamento de español que sobrevivió a la guerra


El Departamento de Español de la Universidad de Kabul ha subsistido a dos décadas de guerra civil, a la falta de recursos, y a la manía que le tuvo el régimen integrista talibán.
Najibulá y Fidel.

A las afueras de la capital, en la carretera que conduce hacia el sur de Afganistán y pasados los escombros de lo que fueron miles de hogares, se encuentra la Universidad de Kabul, un complejo de varios edificios de dos plantas pintados de color amarillo.


La época dorada de esta universidad, y con ella la del departamento de Español, tuvo lugar durante el régimen pro soviético del presidente Mohamed Najibulá, a quien los «muyahidines» ahorcaron del cañón de un tanque al tomar Kabul en 1992. «Durante el régimen de Najibulá el departamento de español vivió su mejor época», explica Jedaiatulla Momand, uno de los dos únicos profesores que continúan en el servicio activo.


El Departamento, cuenta Momand, fue fundado hace dieciocho años por el gobierno de Cuba, que hasta poco antes de la caída de Najibulá mantuvo en el centro a ocho profesores cubanos de las universidades de La Habana y Camaguey. Durante los poco más de cinco años que duró el régimen talibán, que nombró a un clérigo islámico como rector de la Universidad, el Departamento de Español estuvo amenazado con la desaparición. «Los talibanes tenían muchos prejuicios con el Departamento de Español porque lo asociaban con el régimen comunista de Cuba, incluso sospechaban de nosotros», explica el profesor.


Hasta la llegada al poder de los talibanes en 1992, el Departamento de Español contó con cinco profesores, pero la cifra se redujo a dos cuando el régimen integrista prohibió trabajar a la mujer afgana.


Karzai lamenta muerte de Fidel Castro

Afghanistan Times, 26/11/2016. Traducido por Socialismo Actual. Karzai fue un muyahidín, pero durante su presidencia se acercó a Rusia.

El ex presidente Hamid Karzai expresó su profundo pesar por el fallecimiento de Fidel Castro, ex líder y presidente de Cuba, fallecido a los 90 años debido a una enfermedad de la que sufría.

«Fidel Castro fue uno de los pioneros del Movimiento No Alineados y fue un símbolo de libertad y humanidad», dijo Karzai en una declaración.

El ex presidente dijo que «él [Castro] luchó tenazmente contra el colonialismo y la explotación y dio muchos sacrificios para lograr la independencia de Cuba».

Karzai envió sus más sentidas condolencias a la valiente familia y pueblo de Cuba, expresando que su muerte fue una gran pérdida.
 


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Título: Asia nueva. Primera línea de defensa de la democracia
Autores: Raymond Arthur Davies y Andrew J. Steiger.
Año: 1944.
Editorial: Lautaro.
Ubicación: Buenos Aires.
Descarga: un archivo PDF de 80 MB en Mega (clave de cifrado: JMe8x08pHiaXSeWx_VbCrYZHNsioonlPSiJ1reG6OAc).


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Por Ángel Ferrero.

Agentes de los servicios secretos exteriores (BND) y miembros de unidades especiales del Bundeswehr, el ejército de la República Federal Alemana, combatieron a las tropas soviéticas en Afganistán desde el año 1981 hasta el fin de la guerra. La información la reveló el documental Unser Krieg – Kampfeinsatz in Afghanistan (Nuestra guerra: intervención militar en Afganistán), emitido recientemente por la segunda cadena de televisión pública en Alemania. La tarea de los entonces agentes y soldados, coordinados por la sección 16 del BND, responsable de Oriente Próximo y Oriente Medio, era principalmente capturar la tecnología militar que el Ejército Rojo utilizó durante el conflicto –vehículos acorazados, munición, aparatos de visión nocturna y de geolocalización– y trasladarla a Alemania para su posterior análisis.

Durante la operación lluvia de verano (Sommerregen), como se la llamó oficialmente, los servicios secretos alemanes entregaron regularmente a los muyahidines que combatían al gobierno afgano un litado de armas y tecnología que estaban interesados en capturar en el campo de batalla. Los agentes del BND actuaron de incógnito, haciéndose pasar por personal de organizaciones humanitarias en los campos de refugiados que se montaron en Pakistán para acoger a la oleada de refugiados provocada por el conflicto. El material capturado por los combatientes islámicos primero se estudiaba en un contenedor que servía como clínica en un campo de Parachinar, en la frontera con Afganistán, y desde allí se enviaba a Peshawar, desde donde todas las semanas despegaba un avión con el botín de guerra.

La operación, sin embargo, no se redujo únicamente al espionaje: algunos de los efectivos del BND y del Bundeswehr llegaron a combatir junto con los muyahidines que habían declarado la yihad al gobierno procomunista de Kabul, renunciando incluso a llevar consigo documentos de identidad. El BND también cooperó con los servicios de inteligencia pakistaníes (ISI), que facilitaron todo tipo de ayuda a los insurgentes islámicos, que también contaron con el apoyo financiero de los emiratos del Golfo Pérsico. A una pregunta del entrevistador, sobre si llegaron a abrir fuego contra las tropas soviéticas, un exsoldado que respondia al nombre de Bernd contestó: “en caso contrario, los muyahidines no nos habrían visto como iguales”. Oficialmente, ningún agente del BND o soldado del Bundeswehr perdió la vida en esta operación encubierta.

La participación germano-occidental en la guerra de Afganistán fue hasta el mes pasado un secreto para la mayoría de alemanes. Apenas existen documentos y el secretismo que rodea la participación de Alemania occidental contrasta con la difusión mediática que se ha hecho de los vuelos secretos del Ejército Popular Nacional (NVA) de la RDA para transportar municiones y provisiones al Ejército Rojo y las tropas de la República Democrática de Afganistán. Lluvia de verano se inició con el canciller socialdemócrata Helmut Schmidt y fue continuada por su sucesor, el democristiano Helmut Kohl, con un coste anual de 250.000 marcos.

A pesar de la gravedad de las revelaciones del documental, y el inevitable paralelismo con el polémico despliegue de tropas del actual Bundeswehr en Afganistán –57 soldados alemanes han muerto y 245 han resultado heridos; se desconoce el número exacto de víctimas afganas–, no ha habido ninguna reacción por parte de los organismos oficiales. Cuando el diario Die Welt preguntó al BND por esta cuestión, los servicios secretos declinaron hacer declaraciones.

La intervención soviética en Afganistán duró nueve años, de 1979 a 1989. El objetivo de la intervención, en el marco de un tratado de amistad entre los dos países, era restablecer el orden en un país desestabilizado por las intrigas del Partido Democrático Popular de Afganistán (PDPA), el partido gobernante –el presidente del Consejo revolucionario, Hafizullah Amin, llegó al cargo después de ejecutar a su predecesor, Nur Muhammad Tariki–, como por los integristas islámicos armados y entrenados por Pakistán y EE.UU., el objetivo estratégico de los cuales, según confesó el entonces consejero de seguridad de la administración Carter, Zbigniew Brzezinski, era arrastrar a la Unión Soviética a un largo conflicto para acelerar su desintegración. La derrota de facto de la Unión Soviética contribuyó decisivamente a su fin y la retirada de las tropas soviéticas no hizo sino agravar la guerra civil afganas, que terminó con la creación del Estado islámico de Afganistán en 1992. Éste sólo duró cuatro años antes de que los talibanes capturasen Kabul e instaurasen su régimen de terror. Durante la intervención soviética, conocida popularmente como el Vietnam de la URSS, 14.453 soldados perdieron oficialmente la vida, 53.753 resultaron heridos de diversa consideración y 256 desaparecieron en combate. Un centenar de civiles de ciudadanía soviética también pereció como consecuencia de la guerra.


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Por Pepe Escobar para Asia Times Online. Traducido al castellano por Germán Leyens para Rebelión.


Si se necesitara alguna evidencia adicional para destruir el mito de una “revolución” que lucha por una futura Siria “democrática”, las grandes noticias de la semana eliminaron cualesquier duda.

Once, trece o catorce brigadas “rebeldes” (según la fuente) han abandonado al “moderado” Consejo Nacional Sirio (CNS) respaldado por EE.UU. y al no tan libre Ejército Libre Sirio (ELS). Los dirigentes del montón son los demenciales yihadistas de Jabhat al-Nusra, pero incluyen a otros malucos como las brigadas Tawhid y Tajammu Fastaqim Kama Ummirat en Alepo, algunas de ellas hasta hace poco parte del agonizante ELS.

Los yihadistas prácticamente ordenaron que la miríada de “moderados” se sometiera, “se unificara en un claro marco islámico”, y jurara lealtad a una futura Siria con la sharía como “única fuente de legislación”.

Un tal Ayman al-Zawahiri debe de estarlo pasando bien en su confortable escondite a prueba de drones en algún sitio de los Waziristanes. No solo porque su llamado a una yihad multinacional –al estilo Afganistán de los ochenta– está dando resultados, sino también porque el CNS dirigido por EE.UU. ha sido desenmascarado como el roedor desdentado que es realmente.

Y los hechos en el terreno lo siguen corroborando. El Estado Islámico de Irak y el Levante respaldado por al Qaida se apoderó de un pueblo cerca del cruce fronterizo Bab al-Salam con Turquía que estuvo en manos del ELS, porque el ELS fue acusado de luchar por la “democracia” y de tener estrechos vínculos con Occidente. Falso: el ELS quiere esos vínculos pero bajo un régimen controlado por la Hermandad Musulmana. El Estado Islámico de Irak y el Levante –del cual Jabhat al-Nusra es el principal componente sirio– quiere un Siriastán "talibanizado".

Las bandas yihadistas de la línea dura en Siria pueden contar hasta con 10.000 combatientes; pero son responsables de lo que podría decirse que es un 90% de los combates duros, porque son los únicos con experiencia en el campo de batalla (al incluir a iraquíes que combatieron contra los estadounidenses y chechenos que combatieron a los rusos).

Al mismo tiempo, y no por accidente, desde que el príncipe Bandar bin Sultan, asumió la dirección de la yihad siria por encargo del rey saudí Abdalá, el CNS de la Hermandad Musulmana, alineado con el “moderado” Catar, ha sido progresivamente marginado.

Queremos las cabezas de esos pacifistas 

Pero si hablamos de desastres, nada se compara con la excusa del gobierno de Obama de una “estrategia”, que teóricamente se limita a armar y entrenar extensivamente al eslabón más débil –bandas seleccionadas del ELS infiltradas por agentes de la CIA– y al “escrutinio” de armas que caen en manos de yihadistas. Como si la CIA tuviera inteligencia local fiable sobre la miríada de fuentes de financiamiento y logística yihadistas basadas en el Golfo.

Ahora el CNS, el ELS y el así denominado “Comando Militar Supremo” en el exilio dirigido por el grandilocuente general Sali Idriss no son más que un chiste. Todo el asunto ocurrió mientras el líder del CNS al-Jerba estaba en la Asamblea General de la ONU en Nueva York, donde se reunió con el secretario de Estado John “Asad-es-como-Hitler” Kerry. Kerry no habló de armas sino de más “ayuda” y de futuras negociaciones en la eternamente postergada conferencia Ginebra II. Al-Jerba estaba furioso. Y para colmo, algunas de sus bandas del ELS se unieron abiertamente a al Qaida.

¿Por qué? Hay que seguir la ruta del dinero. Así funciona, en pocas palabras. Por lo menos la mitad de las “brigadas” del ELS están formadas por mercenarios financiados desde el extranjero. Combaten donde sus amos –que los arman y les pagan– les dicen que lo hagan. El “Comando Supremo” controla, en el mejor de los casos, un 20% de las brigadas. Y esa gente ni siquiera vive en Siria; están basados en el lado turco o jordano de la frontera.

Los yihadistas mercenarios, por otra parte, están a tiempo completo en el terreno. Es la verdadera fuerza combatiente, reciben sus salarios a tiempo y sus familias están bien atendidas.

Por lo tanto, para todos los propósitos prácticos ahora se trata de una guerra entre el Ejército Árabe Sirio (EAS) y un montón de yihadistas. Por supuesto esto NO lo explicarán los lánguidos medios corporativos a la opinión pública occidental.

Ahora imaginad a esos fanáticos de la sharía, decapitadores y devoradores de hígados, dispuestos a ir a la conferencia Ginebra II para negociar un alto el fuego con el Gobierno sirio y un posible acuerdo de paz con el eje OTAN-Casa de Saud. Obviamente no va a suceder, como el propio príncipe Bandar bin Sultan telegrafió en persona en Moscú al presidente ruso Vladimir Putin.

Peor todavía, desde el punto de vista de Washington, no hay modo de justificar por qué pueden tener lugar negociaciones significativas. Hasta los infieles perplejos con medio cerebro de Washington serán capaces de ver la conexión con hordas de “rebeldes” sirios que se unen a al Qaida inmediatamente después del ataque de al-Shabab contra el Westgate Mall en Nairobi.

Sobra decir que Bagdad está enloqueciendo ante estos eventos. El Estado Islámico de Irak y el Levante está aumentando los atentados con coches bomba y los ataques suicidas en el propio Irakq, porque el apóstata gobierno al-Maliki dirigido por chiíes es un objetivo en la misma medida como el secular Bacher el-Asad. Cuesta creer que hace solo cinco meses, yo haya estado escribiendo sobre el advenimiento del Emirato Islámico de Siriastán. Ahora es obvio hasta qué punto el “invisible” al Zawahiri y el astuto príncipe Bandar bin Sultan se han apropiado de la “estrategia” de Washington para conseguir lo que realmente quieren.


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A continuación está el enlace de descarga de un archivo comprimido (RAR) que contiene el libro Afganistán. Historia y lucha de un pueblo, de Yenia Dumnova, en formatos DOC (procesador de texto), AZW (Kindle) y EPUB (otros lectores de libros electrónicos).


Índice de capítulos:
  • I. El país y su gente;
  • II. El colonialismo británico sobre Afganistán;
  • III. El despertar de un pueblo;
  • IV. Las relaciones con el vecino soviético;
  • V. Lawrence de Arabia, el coronel de las intrigas;
  • VI. Los planes de Hitler para Afganistán y la penetración norteamericana;
  • VII. EE. UU. contra la política de no alineación;
  • VIII. Se crea el partido de la revolución;
  • IX. El bazar: pulso de la vida del pueblo;
  • X. El pequeño y grande mundo del pueblo afgano;
  • XI. La Revolución de Abril marca el inicio;
  • XII. Los enemigos de siempre son tomados por sorpresa;
  • XIII. Tiempos difíciles para la Revolución;
  • XIV. El sagrado derecho a la legítima defensa;
  • XV. El islam no está en peligro: la Revolución respeta los sentimientos religiosos del pueblo;
  • XVI. El milagro afgano lo hace el propio pueblo;
  • XVII. Laila: un destino que quedará en el nefasto pasado;
  • XVIII. Fazila: la justificación de una lucha que aún es diaria.
También incluye bastantes imágenes.
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Bonus

Il viaggio di Bang, novella di Nùr Muhammad Tarakì (in italiano).


Fonte: LUCIA SERENA LOI: « IL VIAGGIO DI BANG » DI NÙR MUHAMMAD TARAKÌ in Oriente Moderno, Nuova serie, Anno 2 (63), Nr. 1/12 (Gennaio-Dicembre 1983), pp. 163-221. Istituto per l'Oriente C. A. Nallino. Digitalizzata da JSTOR.


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Vergonzosa actitud de periódicos considerados progresistas como La Jornada y The Guardian en su labor de ocultar la verdad de la agresión imperialista a Siria. Comentarios para CX36 Radio Centenario del sociólogo norteamericano Prof. James Petras. Lunes 23 de julio de 2012.

Chury: Ya está en línea con nosotros y le estoy dando la bienvenida a James Petras, como te va...

Petras: Estamos muy bien, un día de verano tranquilo con sol y buen tiempo, como andan vosotros.

Chury: Nosotros con un tiempo frío pero soleado por ahora, así que estamos llevando bien el invierno digamos, por lo menos en el estado del tiempo.

Petras: Me imagino que habrá mucha gente caminando por el malecón.

Chury: Debe haberla en este momento aunque más bien eso es a la tarde.

Hace 10 o 15 minutos llegaba una noticia que a uno lo sorprende, porque la imagen que uno tiene de los Estados Unidos es la del reino de la prosperidad económica y llegan datos que se está afrontando la pobreza más alta en medio siglo ubicada en 47 millones de personas. ¿Esto realmente se puede confirmar, como se ha llegado a esta situación?...

Petras: Es una cifra alta, ha crecido mucho en los últimos años, particularmente con la crisis provocada por Wall Street ha desplazado mucha gente, no solo del sector manufacturero y servicios, incluso sectores de clase media. Junto con eso de los pobres tenemos que juntar los trabajadores que han perdido el primer trabajo y trabajan ahora en un sector clandestino que es gente que no consigue trabajo con contrato, trabajan bajo la mesa y eso ha multiplicado el número de pobres y también ha ampliado el sector que no tiene cobertura en el plan de salud. Aquí en Estados Unidos para tener un plan de salud necesitas empleo, en general los empleados públicos tienen cobertura pero los contratados de tiempo limitado no tienen ninguna cobertura, ni pensiones, ni garantía social, entonces más allá de los ingresos pobres tenemos todos los que le faltan todas las protecciones sociales que puede incluir otro 50 millones de personas y eso hay que ponerlo sobre la mesa como un tema, empobrecimiento de la vida más allá del nivel de ingreso que es otro factor que debemos tomar en cuenta.

El otro asunto que debemos entender es que muchos millones han perdido la casa, no pudieron cumplir con los pagos de la hipoteca porque han cambiado las condiciones con los bancos, han perdido el primer trabajo, etcétera, entonces tenemos otros millones más que han sido desplazados y viven con familia, con amigos o alquilan un lugar mucho más inferior del que vivían antes, es otro factor que debemos poner sobre la mesa, el empobrecimiento de la vida en relación con la habitación. Y finalmente las condiciones de trabajo son peores, podríamos decir que hay una aceleración del ritmo del trabajo, hay aumento de las horas y no reciben ningún pago extraordinario y podríamos decir que también hay una pobreza de protección en salud, en el trabajo también. Yo puedo decir que más de la mitad de la población, el 16 % de pobres podríamos multiplicar eso por tres a llegar al factor que podríamos decir que tiene empobrecimiento de vida. Ahora en las últimas noticias de esta semana los registros en las páginas financieras dicen que el ritmo de desaceleración de Estados Unidos está cada vez peor y las pronosticaciones son de que en el tercer semestre vamos a entrar en otra recesión, eso no es una profecía o es una predicción en función de los datos de inversión y la desinversión de los sectores capitalistas, entonces de la leve recuperación que hemos visto de enero a junio va pasando ahora a una situación de recesión y con la recesión obviamente las condiciones de pobreza van a crecer, el nivel de desempleo crece y las condiciones de empobrecimiento en general se van ampliando.

Chury: ¿En ese marco Barack Obama igual tiene casi la certeza de ser reelegido nuevamente como presidente?...

Petras: No, está cada vez más negativo, ahora, tiene un candidato no muy popular, un rico que esconde los formularios de impuestos, no quiere mostrar que no pagó los impuestos, es un escándalo incluso dentro de su propio partido porque no quiere presentar públicamente si pagó o no impuestos sobre los 250 millones de fortuna que tiene, a pesar de eso el hecho es que la crisis económica económica va a provocar una situación en que la mayoría del electorado va a votar en contra del presidente en poder, es decir que no van a votar por Rodney pero van a votar contra Obama y Rodney va aprovecha esta situación y tal vez conseguir una estrecha victoria, esa es la tendencia que tenemos, cuando la desocupación sube arriba de 8% y hay toda una indicación que con la nueva recesión va a subir casi a 9%, es casi garantizado que la derecha va a explotar esta situación y tal vez ganar las elecciones, eso implica que las cosas van a seguir peor que lo que hemos visto en los últimos 4 años.

Chury: Cuales son los otros temas salientes que tú tienes...

Petras: Tenemos fuentes confiables, reportajes que están llegando desde Europa, de Francia, Alemania y Bélgica, de las actividades de los terroristas en Siria, hemos recibido noticias que estos terroristas mal llamados rebeldes, han cometido muchas violaciones de mujeres en los distritos y las ciudades donde han entrado y ocupado. Hay reportajes de que han capturado civiles, simpatizantes de Bashar Assad que los han pasado por las bayonetas, hemos recibido noticias de que no están tomando presos, están asesinando en forma sumaria cualquier persona sospechosa de no apoyar a los terroristas, en otras palabras, hay una seria violaciones de los derechos de la población siria en manos de estos terroristas y a pesar de eso los medios de comunicación siguen apoyando a los gobiernos occidentales que están fomentando el transporte de armas, incluso uniformes y armas pesadas a monarquías absolutistas. Las dictaduras de Saudí está fomentando a Al Qaeda y los alafis el grupo más extremista de los grupos musulmanes, es terrible lo que está pasando allá; pero tenemos que decir que están colaborando en eso muchos participantes de centro izquierda, por ejemplo tenemos el diario La Jornada de México que normalmente está considerado progresista que sigue publicando esta terrible noticia sobre los rebeldes, podríamos decir que The Guardian de Inglaterra también está en esta situación. No tenemos una buena vista de lo que es una izquierda que está cumpliendo su función de presentar la verdad sobre esta intervención imperialista, es una cosas muy triste, muy terrible que la violación de la población siria está bajo la propaganda occidental e incluso sectores de medio y centro izquierda. Es trágico porque si los grupos terroristas van a repetir lo que está pasando en Irak donde hoy día murieron más de 91 personas a partir de guerras entre CIA, sunis, Al Qaeda y los grupos ultra han dominado por ahora el país. Eso también ha pasado en Libia donde los noticieros no están dando ninguna información sobre las masacres y las detenciones arbitrarias y los tiroteos entre los grupos que ocupan espacios políticos militares ahora, es decir que la destrucción de Siria es el proyecto occidental, no están buscando ninguna ventaja, ningún gobierno democrático ni nada, mucho menos transición democrática, lo que hicieron en Irak, lo que hicieron en Libia es destruir un gobierno regular, estable y que han adoptado políticas por lo menos de bienestar social en relación con las exigencias populares, no, están destruyendo estos gobiernos y no pueden conseguir un tránsito hacia la democracia y eso es lo que está frente a Siria, debemos entender que el proyecto occidental es destruir enemigos, gobiernos independientes y no construir nuevas democracias. Eso tiene que ver con Siria y podríamos decir que lo que está pasando en Siria es simplemente otra intervención imperialista como en Irak, Afganistán, Libia que destruye y no construye

Chury: Es bueno que tú hagas estos comentarios porque hay colectividades numerosas en varios países de América Latina, también en el nuestro, descendientes de sirios, de libaneses, pero si aquí los uruguayos se atienen a la televisión y a los grandes diarios, la televisión lo único que da como noticia es que los mercenarios tienen razón, que si matan están bien muertos los que murieron a mano de los mercenarios, aquí la desinformación que siembra la televisión y los grandes diarios es tan grande que nosotros tenemos escasas opciones a veces de poder esclarecer algunas cosas, por eso es importantísimo todo este esclarecimiento que tu estabas haciendo...

Petras: Continuamos con otro tema que creo es importante. Hace una semana un investigador de alta calidad que ha trabajado con consultores de alto prestigio, ha hecho una investigación sobre la evasión de impuestos y según este experto hay 21 trillones de dólares escondidos en los offshore en las Islas Caimán y otros lugares ¡21 trillones de dólares! que son fondos ilegales que han escapado a los impuestos. Para entender por qué el ciudadano tiene que pagar altos impuestos, por qué un pensionista tiene que pagar una porción de su ingreso, es porque precisamente la gran mayoría de los millonarios en el mundo desde Washington, desde Nueva York, Los Ángeles, Paris, Londres, Milán o Montevideo, no pagan impuestos, esconden el dinero en cuentas externas, esconden en fuentes de dinero muchas ilícitas propiamente , pero como consecuencia de altos impuestos para los trabajadores, los empleados, también hay recortes sociales, y si el gobierno que no tiene los fondos para financiar tal y cual educación, tiene que aumentar las subvenciones , tiene que aumentar el pago al médico privado, pero la doble cosa, las limitaciones de los servicios sociales públicos y los auto impuestos injustos contra la gran mayoría de la población es porque los que ganan más no pagan impuestos o pagan solo una pequeña fracción, no hay otra explicación. Hay 21 trillones de dólares escondidos, hay un experto y otro que están criticando esta cifra dicen: no es posible 21 trillones porque ¿donde están escondidos? , estas sumas son demasiado grandes para quedarse simplemente en cuentas externas. El argumento de los críticos no es que hay no hay evasión máxima, dicen que la cifra real es entre 9 y 10 trillones, el argumento, el debate no es sobre el enorme escape de los multimillonarios, es sobre la escala, si es 21 trillones o 10 trillones. Lo mismo es ahora en América Latina, cada empleado de banco, cada basurero, cada camionero, cada chofer de autobuses paga un porcentaje de su impuesto, puede ser entre 15 y 30% depende en cuanto uno puede calcular, pero frente al millonario el banquero que paga 1 o 2% de su verdadero ingreso, es la gran injusticia, la injusticia fiscal es uno de los ejes mayores en el mundo actual y ese estudio no circula mucho en los medios de comunicación, hemos descubierto eso y hemos seguido investigando la forma como investigó este señor, una investigación de un año, utilizó fuentes oficiales y documentos internacionales en Suiza y otros lugares. Ahora esta gran estafa, esta gran injusticia está facilitado no simplemente por los contadores expertos en la evasión, sino por los bancos que no rebelan las cuentas que esos evasores han montado y tercero los gobiernos no están haciendo la investigación para castigar, si usted Chury no paga el impuesto va a tener los investigadores golpeándole la puerta, pero si Chury no paga 20 o 30 millones de impuestos lo van a invitar a un banquete del club rotario.

Chury: Muy bien James Petras, estupenda la aclaración esa que estabas haciendo. Te agradezco por las noticias, por el análisis particularmente y por todas estas cosas a las que tenemos poco acceso muchísimas veces. Te mandamos un abrazo en nombre de la audiencia.

Petras: Gracias Chury y saludos a Victoria mi vieja amiga a larga distancia.


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El análisis de James Petras este 9 de julio en CX36 Radio Centenario.

Chury Iribarne: Le estamos dando la bienvenida a James Petras. Buenos días ¿Cómo estás?

James Petras: Muy bien. Ahora mejor porque ha bajado la temperatura, hubo una ola de calor tremenda con 40º, pero ahora ha bajado a 26º. Hoy está muy bien.

ChI: Para comenzar, te pediría nos hables de las elecciones mexicanas y sus consecuencias.

JP: En primera instancia, debemos anotar que las elecciones –en el pasado y actualmente- en México, son muy corruptas. En el caso actual tenemos el testimonio de miles de personas que recibieron tarjetas prepagas por el PRI para hacer compras en el supermercado. El PRI, el partido supuestamente ganador, entregó estas tarjetas a cualquiera que se comprometió a votar por su candidato, el señor Peña Nieto. En este caso no es nada secreto: es una compra de votos abierta y con reclamos de los que recibieron estas tarjetas porque no recibieron el monto comprometido para hacer las compras, pero que igual están llenando supermercados.

En segundo lugar, tenemos el caso de que en más de mil centros de votación, hubo más votos que las personas que estaban registradas para votar en esos lugares. Incluso hay denuncias de casos en que duplican los votos la cantidad de votantes registrados.

En otras palabras, tenemos el mismo carrusel de personas que votan dos y tres veces por su candidato del PRI.

Ahora, con esta información que tenemos ¿qué va a pasar? El Instituto Federal Electoral dice que va a investigar, pero por el momento no va a intervenir y supuestamente el voto está legalizado. Pero, como dice el candidato que salió segundo, Andrés Manuel López Obrador, el candidato ganó legalmente pero no es legítimo.

Es una frase aguda pero que pasa del marco de lo que debe ser un enorme escándalo, una enorme movilización, pero parece que López Obrador no está dispuesto a entrar en la campaña de movilización y protesta callejera, según él esto debe seguir los canales legales. Sin embargo, los canales legales no existen en realidad porque la corrupción en México afecta no sólo el proceso electoral, sino también al Instituto Electoral, a los juzgados electorales, etc. etc. Entonces en poco tiempo van a dar un anuncio diciendo que existieron irregularidades, que hubo casos de coimas, que hay que rectificar eso para las próximas elecciones pero que por el momento el margen de victoria de Peña Nieto es suficientemente grande como para cancelar la parte corrupta. Y con eso se lavan las manos los canales legales y la izquierda queda otra vez con representación minoritaria en el Congreso y con algunas gobernaciones.

ChI: Seguimos en la región, ¿cómo ves la campaña electoral venezolana?

JP: La política de Estados Unidos es muy clara: cuando ganan elecciones los candidatos que ponen, las elecciones son libres y honestas. Si Estados Unidos o su candidato pierden las elecciones son corruptas, ilegítimas, etc. No quieren aceptar una derrota.

En el caso de Venezuela y también en otros casos donde hay candidatos populares y nacionalistas con tendencias socialistas.

En el caso de Venezuela hemos recibido información que Estados Unidos sigue canalizando dinero hacia ONG’s –organizaciones no gubernamentales- que siempre son una fachada para los que existe en Venezuela. Son agentes pagados, organizados, dirigidos por los Estados Unidos hacia varias tácticas. Una es el brazo político que está dirigido a hacer campaña donde la derecha no tiene fuerza, o sea los barrios populares, la clase media baja y otros sectores donde podrían tener alguna disidencia.

Ahora, la práctica de ellos no es presentar una alternativa porque no tienen alternativas con resonancia popular. Lo que hacen es aprovecharse de algunas condiciones negativas que existen, por ejemplo que no recogen la basura o un alcalde no cumple una promesa o el problema de la delincuencia; o sea cualquier tema que sea queja popular, ellos entran y explotan esa situación. Sin contar que ellos no ofrecen ninguna solución, más allá de los clichés de siempre de la derecha.

Ahora, este trabajo desde abajo está complementado por unas campañas de medios de comunicación de masas, donde la derecha sigue controlando los principales medios electrónicos y particularmente la televisión.

Además, hay un grupo que están más clandestinos, que son los grupoide choque, que son los que van a fomentar algún desorden si pierden las elecciones, lo que es más probable que nunca.

Entonces, está funcionando la política norteamericana en tres niveles: Uno es el de abajo con las ONG’s; el segundo son los medios de comunicación de masas; y tercera es la línea dura con grupos de choque, que ya hemos mencionado en otros contextos.

En la actualidad, hasta las últimas semanas previo a las elecciones, vamos a ver en funcionamientos los grupos uno y dos, los medios y la política de agitación para fomentar conflictos. Pero el otro existe y está ampliando sus redes, y se mantienen como una amenaza a la democracia, incluso más allá de las elecciones buscando instalar una situación similar a la que crearon en Siria y en Libia.

El problema clave es que no tienen una masa crítica que pudieran levantar. En este sentido la democracia bajo el gobierno de Hugo Chávez y la influencia masiva que tiene en todos los sectores del país y sobre todo en los sectores populares, hace muy difícil que puedan repetir en Venezuela lo que montaron en Siria y otros lugares, que se basa en dar apoyo armado a grupos disidentes para provocar choques violentos.

En ese sentido, creo que la señora Hillary Clinton, el señor Barak Obama y su ministro de Defensa, Leon Panetta, han calculado mal: Venezuela no es Siria, Venezuela no es Libia; Venezuela es un país democrático con una amplia base popular organizada libremente que están dispuestos a enfrentar cualquier desafío violento desde abajo.

Por tanto, Venezuela tiene una vacuna democrática que neutraliza esos esfuerzos. Peor eso no quiere decir que no haya aventureros en ese sector violento de la oposición. Ellos pueden pensar –y esto hay que anotarlo- que pueden hacer detonar con un pequeño grupo violento y determinado; un conflicto, una confrontación, donde haya heridos o muertos, y pensar que a partir del pequeño motor, arranca el gran motor. Un tipo de ‘foquistas’ de la derecha.

Pero están equivocados porque esa pirotecnia va a caer en el vacío.

ChI: Ya que lo mencionaste ¿Cuál es el papel de las ONG’s? ¿Cómo surgen?

JP: Bueno, surgen realmente con gran fuerza durante las dictaduras, porque era la forma de mantener abierta alguna actividad por los derechos humanos. Pero rápidamente estos grupos voluntarios comenzaron a recibir subvenciones de fundaciones de Europa y de Norteamérica, entre socialdemócratas y liberales. A la vez, rápidamente la derecha captó su importancia como un instrumento de intervención.

Entonces tienen un origen que uno puede decir es casi progresista, pero sobrepasaron esa primer fase y luego comenzaron a funcionar con la agenda de sus financistas de Estados Unidos y Europa.

Hay que ver que al comienzo tomaron el título de Organización No Gubernamental originalmente, pero enseguida reciben apoyo gubernamental y más adelante empezaron a colaborar con los gobiernos de turno en sus países. Así pierden cualquier originalidad que tuvieran.

Hoy las ONG’s –sobre todo las grandes- reciben millones de dólares, con un ejército de funcionarios bien pagos y enormes subvenciones para viajar a todos partes y dar testimonio sobre problemas que en realidad no afectan el poder del imperialismo ni la explotación de las multinacionales.

Ellos están mucho más dedicados a la tarea de crear pequeños nichos, donde hablan de autoayuda, donde los pobres deben juntar sus dineros para mejorar su vida en vez de exigir mayor gasto público. Y en vez de enfrentar la estructura del poder acomodarla y adaptarse a las exigencias de las clases dominantes.
En otras palabras asistimos al proceso en los últimos cincuenta años de la conversión de algo que tenía contenido humanitario, hacia instrumentos del imperialismo y las oligarquías. Hablan del microcrédito, dando pequeños préstamos, y después convierten las microfinanzas en una gran empresa, donde cobran tasas de interés usurarios y las tasas de bancarrota de las pequeñas empresas es realmente impresionante, alcanza casi el 50% en el primer año.

Entonces, eso no son soluciones. Ellos siempre funcionan con el contexto de mejoramiento incremental dentro del sistema de poder, pero las ONG’s no son democráticas, hay grupos de intelectuales, de profesionales que manejan la empresa y ellos toman sus decisiones en consulta con los financistas externos, de la política externa de Estados Unidos, Europa, etc. No son democráticos por ese contexto donde formulan su estrategia, su agenda y sus principales orientaciones.

Por todo esto debemos descalificar las ONG’s como instrumento de la lucha popular.

ChI: Llega poca información de la situación actual en Siria. ¿Qué nos podes comentar sobre esto?

JP: No hay ninguna duda de que Siria es ahora el principal lugar de expansión imperialista. Estados Unidos dice abiertamente que está apoyando, financiando, armando la oposición. No tienen nada de rebeldes, de disidentes, de demócratas, son bandas de terroristas que operan con el respaldo imperial que son un conglomerado de liberales, asaltantes, terroristas, fundamentalistas. No hay nada democrático, no hay nada nacionalista, no hay nada en este conglomerado que pudiéramos decir que representa la voluntad del pueblo sirio.

El pueblo sirio tal vez tiene sus críticas a Al Assad, tal vez quiera cambios, pero no a partir de la intervención imperialista, son ellos que quieren decidir su futuro democrático, pacífico e independiente. No quieren pasar del gobierno de Al Assad a un dominio imperialista.

Eso es muy claro y debemos respetarlo y poner mucha distancia de las bandas trotskistas que han apoyado esta intervención imperialista llamándola revolución democrática. Otra vez tenemos un ejemplo de este fallo de los trotskistas que confunden sus ilusiones con las realidades en el mundo.


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Artículo de 2001, por José Antonio Egido.

El imperialismo nos anuncia que gracias a sus bombardeos masivos, que han costado la vida a miles de afganos inocentes y destruido las pocas infraestructuras que seguían en pie, a las victorias de sus amigos locales y a la "Conferencia de Bonn" en la que éstos se han repartido la tarta afgana, por fin ha llegado la hora de la democracia a Afganistán, el castigo de los terroristas y el fin de la dictadura oscurantista.

Nada más lejos de la realidad. La partida se está jugando entre las distintas facciones de la clase feudal afgana que incluye a los distintos jefes tribales, a los terratenientes de las diferentes etnias y a los clérigos reaccionarios sunitas y chiitas, todo con la bendición del ejército anglo-norteamericano de ocupación, que sigue matando afganos, y de la CIA, para la que trabajan desde hace décadas muchos de dichos señores feudales.

Hasta abril de 1992 en que cayó el gobierno popular y progresista dirigido por el Secretario General del Partido Comunista (llamado Partido Democrático Popular de Afganistán-PDPA) Mohammed Najibullah (salvajemente torturado y asesinado por los talibanes en 1996), la contradicción básica del país era el binomio progreso-socialismo frente al binomio dominio feudal-dominio extranjero. Los talibanes no son más que una variante archirreaccionaria de la misma clase feudal apoyada además por grandes burgueses sauditas, chechenos, yemeníes, bosnio-musulmanes y pakistaníes. El gran capitalista saudita convertido en terrorista Osama Bin Laden es un ejemplo significativo de la naturaleza de clase de este movimiento.

Los sicarios de la CIA y del poder burgués ruso de la llamada "Alianza del Norte" uzbeko-tajika y de los partidarios de la monarquía no son mejores que los talibanes en cuanto a despotismo y barbarie se refiere. Tenemos algunos datos que la prensa esconde cuidadosamente:

Por ejemplo ¿Quién es realmente el hasta ahora presidente reconocido por la ONU de Afganistán y jefe político de la "alianza del norte"? Burhannuddin Rabani: nacido en 1940. Fundador en 1976 de la Sociedad Islámica de Afganistán (Jamiat-e islami Afganistán), dueño de inmensas haciendas en Badajshán y Kabul y de empresas de exportación de astracán y principal suministrador en una época de alfombras a Occidente. Le dicen profesor porque enseñó cierto tiempo en la facultad de teología de Kabul. Creó su grupo para combatir la república de Daud que consideraba "demasiado liberal" y se lanzó al terrorismo contra el poder popular nacido con la Revolución de 1978 cuando éste le expropió sus propiedades. Sus vínculos con la CIA eran tan estrechos que las autoridades iraníes cerraron y prohibieron las oficinas de su grupo en la ciudad de Khorosan por intentar espiar en beneficio de los EE.UU.. Rabani se repuso de la pérdida de sus haciendas ordenando a sus terroristas robar en Afganistán
esmeraldas y lazurita en el valle de Panshir y Badajshán que luego vendía en el extranjero y traficando con drogas. Su fortuna calculada en millones de dólares estaba depositada en el Banco de Omán a nombre de terceras personas. Sus bandas terroristas fueron entrenadas y asesoradas por expertos militares yankis y británicos. Entre los actos terroristas de estas bandas está el atentado contra el aeropuerto de Kabul en agosto de 1984 que dejó 27 muertos y mas de 200 heridos. En la provincia de Herat en 1984 violaron, asesinaron y descuartizaron a una maestra y a su hermana. Su especialidad era atacar hospitales y asesinar a inocentes. Cuando accedió al poder tras el derrocamiento del gobierno comunista sus bandas cometieron todo tipo de tropelías y destrozaron Kabul hasta ser expulsadas por los talibanes en 1996.

Uno de los grandes apoyos de los talibanes es el jefe feudal más cruel y más vinculado a la CIA: Gulbudin Hekmatyar. Nacido en 1944 de un padre terrateniente y usurero al que los campesinos pobres obligados a pagarle sus deudas con enormes intereses llamaban "chacal". En 1971 asesinó a personalidades públicas progresistas y fue la presión que hicieron sus protectores vinculados a la CIA en su favor lo que le permitió pagar con sólo 2 años sus crímenes. En 1976 participó en la creación del Partido Islámico de Afganistán (Hezb-e islami Afganistán) de extrema derecha vinculado a la organización reaccionaria internacional "Hermanos Musulmanes" que buscaba lo que consiguió: crear un estado islámico ortodoxo. Su gran negocio fue su actividad terrorista contra el poder popular que le aseguró generosas subvenciones de la CIA y de la monarquía saudita con las que compró todas las joyerías de la calle Shahibzade de Peshawar. Además era dueño de un infame negocio de 400 cochecitos de tracción humana en dicha ciudad pakistaní cuyos conductores se ganaban la vida con un trabajo extenuante. La marca "Toyota" le regaló un coche lujoso . Su partido tenía un servicio de seguridad interno que torturaba a los miembros disconformes o críticos con su jefe. Hekmatiar ha mostrado una crueldad extraordinaria: estableció una tarifa por los asesinatos: por cada soldado del ejército afgano de 5 a 7 mil afganis, por cada militante del PDPA de 10 a 15 mil afganis, etc. Asesinó personalmente con una ametralladora a cien refugiados afganos del campo de Parachinar en Pakistán después de que uno de sus ayudantes fuese agredido. Sus terroristas decapitaban a las familias campesinas pobres que recibían tierras por la Reforma Agraria impulsada por los comunistas, los maestros eran atados de pies a los parachoques de los autos y arrastrados hasta el lugar de ejecución, quemaron vivos a todos los obreros de una fábrica de algodón, tenían órdenes de destruir aviones civiles de transporte de pasajeros, como en Argelia estos criminales asesinaron a destacados artistas e intelectuales de manera atroz (el famoso cantante folklórico Khan Karabaghi, el director del liceo de Parwan Shohr, etc.), quemaron vivos a todos los habitantes de la aldea de Mian Pusht, destruyeron 1500 escuelas, centenares de hospitales, puentes y mezquitas, ... . Estos terroristas no dudaban en asesinar a los miembros de las bandas rivales.

Se mantuvo en contacto con el traidor Hafizullah Amin que dio un golpe de estado en 1979 y que le prometió el cargo de primer ministro. Una vez desmantelado el golpe de estado por las fuerzas sanas del Partido Comunista y la ayuda soviética, las ambiciones de Hekmatyar se hundieron.

Partidario de que las mujeres no reciban ninguna instrucción, circulen completamente cubiertas y no realicen ningún empleo fuera del hogar. Partidario de crear movimientos integristas fanáticos en las repúblicas asiáticas soviéticas, contribuye de esta manera a la destrucción de la URSS y a la extensión del poder imperialista en Asia. Es el precedente más directo de los talibanes.

Otro jefe feudal monárquico pastún que hoy aspiraba a primer ministro es Sayed Ahmad Gailani. Su familia por vía paterna proviene de la influyente orden Sufita Qadiriya originaria de Irán. Sus antepasados mantuvieron estrechos lazos con el servicio secreto británico ya que el Imperio Británico intentó fracasadamente apoderarse del país. Por vía materna desciende de un policía alemán. Su madre, Maria Richter, era hija de un oficial de policía alemán. Fue consejero privado del rey y sobre todo uno de los latifundistas más ricos y activo hombre de negocios. Era propietario de grandes almacenes en Kabul y dueño de una concesión de venta de coches "Peugeot" y de villas en Peshawar y Londres. Cuando la Revolución le expropió creó en 1978 con otros ex latifundistas y funcionarios monárquicos un partido para recuperar sus privilegios llamado "Frente Nacional de Afganistán". Siempre de orientación prooccidental, Gailani se convirtió en agente de la CIA y habló varias veces en comisiones del congreso de los EE.UU.

El llorado (por Occidente) jefe militar Ahmad Shah Masud era en los años 80 receptor de abundantes armas modernas y municiones entregadas generosamente por los servicios secretos imperialistas.

El rey Mohamed Asir Shah no representa una etapa de paz y prosperidad como quiere hacernos creer la prensa burguesa sino una etapa de profundo atraso, de analfabetismo casi total de la población, de sumisión de la mujer afgana y de dominio de las clases feudales afganas. Ahora el imperialismo lo presenta como un hombre providencial para asegurarse la consolidación de un Afganistán sometido a su protectorado. Una especie de Kosovo centroasiático que le sirva de base de operaciones para saquear las grandes reservas de petróleo y de gas natural de las repúblicas ex soviéticas. El rey fue derrocado por dirigir un régimen autoritario y antipopular, intentó dirigir la contrarrevolución pero fue incapaz de integrar los intereses de los distintos jefes feudales.

Aunque algunos jefes integristas fanáticos como Bin Laden usan el sufrimiento del pueblo palestino como excusa para sus crímenes sabiendo que es una herida permanente en el corazón de las masas populares árabes y musulmanas, otros no han tenido ningún inconveniente en colaborar estrechamente con el servicio secreto de Israel, el Mossad, en su lucha contra el gobierno progresista afgano. Es el caso del jefe integrista pastún Muhammad Nabi que dirigía en los 80 la banda llamada "Movimiento Revolucionario Islámico". La conclusión es que un Afganistán sometido a la dominación imperialista y a la ocupación militar anglo-yanki y administrado por los grandes explotadores del Pueblo va a seguir siendo uno de los países mas atrasados del Mundo, en que su Pueblo seguirá estando sometido a la mas brutal de las opresiones pero además atrapado por la ignorancia religiosa y la obediencia a las peores tradiciones. Sólo una nueva Revolución protagonizada por los campesinos pobres, los nómadas, los intelectuales patriotas y otros sectores populares y obviamente conducida por una fuerza consecuentemente revolucionaria (como lo fue el glorioso PDPA) puede, a la vez, resolver los gravísimos problemas del país y construir una Nación Independiente. Hoy la correlación de fuerzas es favorable a la reacción en Afganistán y en las repúblicas ex soviéticas pero el amor por la Justicia y la Libertad de los Pueblos es demasiado grande para que el imperialismo cante victoria demasiado pronto. La Revolución avanza en Asia, concretamente en Nepal, en la India, en Filipinas y se defiende en Corea Popular, Vietnam y Laos. El imperialismo ya no tiene mas cartas que jugar. Ahora jugarán los pueblos de Asia.


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Un viejo pero excelente artículo de Antonio J. Torres. La izquierda occidental no defendió la revolución afgana y aquel pueblo tuvo que luchar exclusivamente con la ayuda de los soviéticos (y también colaboraron cubanos). A pesar de quedar de sobra demostrado que era un mito la caracterización de «revolucionarios» de los extremistas religiosos de Afganistán, gran parte de la izquierda volvió a cometer el mismo error con el caso libio en 2011, que aunque no era una revolución popular lo que se defendía (el régimen gadafista), al frente de la rebelión se hallaban los retrógrados al servicio del imperialismo.



Durante los años 50 y 60 del pasado siglo XX, importantes revolucionarios marxistas como Ernesto Che Guevara o Mao Zedong, entre muchos otros, marxistas o no, denunciaron justa y certeramente la degeneración burocrática de la URSS, a la vez que esa interpretación del marxismo esquematizada y encorsetada que la Academia de Ciencias de Moscú propugnaba al mundo entero. Sin embargo, todas aquellas críticas acertadas sirvieron a numerosos intelectuales y organizaciones de izquierdas occidentales para cometer toda clase de despropósitos, una veces de forma consciente otras no, que favorecieron, directa o indirectamente, a las campañas antisoviéticas que la CIA llevó a cabo en los Estados Unidos y Europa occidental de las más diversas y sorprendentes maneras, como últimamente se ha conocido con el caso de la Fundación Ford (nota 1).

Un buen ejemplo de ello fue la actitud de gran parte de la izquierda occidental (trotskistas, maoístas, anarquistas, autónomos, y por supuesto, la socialdemocracia) durante la "I Guerra de Afganistán" en los años 70 y 80 del pasado siglo XX. Al unísono, se alzó la voz contra la intervención soviética, en ayuda de un gobierno, que como el del PDPA (Partido Democrático del Pueblo Afgano), y como está más que demostrado, distribuyó tierras entre campesinos hambrientos, construyó colegios y hospitales en un país sin apenas infraestructuras y con una inmensa mayoría de la población analfabeta y empobrecida; incluso, la Universidad de Kabul se llenó de mujeres que deseaban realizar estudios superiores (nota 2). Sin embargo, la mayoría de la izquierda occidental no reparó en las circunstancias sociales, políticas y económicas de aquel país, y llevada por un antisovietismo ciego, y sobre todo sectario, no denunció en ningún momento las salvajadas de los muyahidines integristas afganos, ni a quienes estaban detrás de ellos: los Estados Unidos (y Pakistán), cuya intención última no era solamente la de desplazar del poder al PDPA, sino ir más allá, y someter a la URSS a una "guerra silenciosa" de desgaste de la que, sin duda alguna, la URSS salió más que derrotada (nota 3).

Durante aquella época ningún grupo feminista occidental por muy radical que fuera denunció como, por ejemplo, los muyahidines afganos arrojaban ácido a la cara de las de las niñas que acudían a la escuela elemental o a las jóvenes que estudiaban en la Universidad de Kabul, o cuando directamente las degollaban; ni siquiera la "famosa" RAWA (Mujeres Revolucionarias de Afganistán), que ahora desea la vuelta del déspota y decrepito Mohammed Zaïr Sha, antiguo Rey de Afganistán (nota4), que tuvo sumido al país durante su reinado en la ignorancia, el hambre, y por supuesto en la opresión a la mujer. Hoy, en cambio, determinados grupos feministas en Occidente han justificado la masacre norteamericana en Afganistán porque así "se pondría fin a la opresión sobre las mujeres afganas". Pero la palma de los despropósitos se la llevaron los maoístas afganos (y sus colegas occidentales que les apoyaron) que se aliaron con los integristas musulmanes, siendo por tanto cómplices de todas sus fechorías (como la matanza de campesinos a los que el gobierno afgano entregó tierras), para combatir al "socialimperialismo soviético"; cuando los maoístas no fueron útiles al "señor de la guerra" integrista de turno fueron eliminados por éstos sin contemplaciones (nota 5).

Nadie denunció como las monarquías petroleras del Golfo Pérsico (Arabia Saudí y Emiratos Árabes), bajo la dirección de Estados Unidos, reclutaban a fanáticos musulmanes por todas partes para combatir al infiel en Afganistán; Osama Ben Laden se encargó de ello con gran éxito. O como los Estados Unidos por un lado, y la China de Deng Xiaoping (mucho más revisionista, burocrática, y procapitalista que la URSS) por otro, sostuvieron durante esa época una sangrienta dictadura militar en Pakistán porque así les interesaba a ambos (nota 6). Todo aquello se pasaba por alto por la izquierda occidental, y no por desconocimiento precisamente, sino por la errónea tendencia que existía en igualar a la URSS con los Estados Unidos. Sin duda, beneficiaron todas esas posiciones erróneas de la izquierda occidental a los Estados Unidos, y a sus planes para que Afganistán fuera la tumba de la Unión Soviética, y obligar así a la burocracia soviética a destruir lo poquito de socialismo que sobrevivía, y a abrazar abiertamente el capitalismo, como así ocurrió hace ya 10 años.

Hoy la izquierda occidental se horroriza ante lo que fue el régimen talibán, e incluso se denuncia que la Alianza del Norte es igual o peor que éstos, sin embargo, esos horrores y denuncias llegan demasiado tarde, y justamente cuando a los Estados Unidos le ha interesado que llegasen, y cuando, lógicamente, la fácil excusa del "socialimperialismo soviético", que tan bien le vino en su momento a los Estados Unidos para desviar la atención, no se puede esgrimir.


NOTAS:

1. "La Fundación Ford y la CIA: un caso documentado de colaboración filantrópica con la policía secreta", por James Petras, en Rebelión. El ensayo a su vez está basado en el libro La Guerra Fría Cultural. La CIA en el mundo de las artes y las letras, de Frances Stonor Saunders (New York Press, Nueva York, 2000).
2. Por ejemplo: la tasa de mortalidad infantil en menores de 5 años pasó de 380 en 1960 a 300 en 1988. El analfabetismo femenino pasó del 98% al 75%. El 80% de la población urbana pudo acceder a servicios de salud. Por primera vez en Afganistán se crearon jardines de infancia. Todos estas mejoras hay que encuadrarlas lógicamente en una situación de guerra total como la que vivió Afganistán, sin embargo con la toma del poder de los muyahidines, y más tarde de los talibán, todos aquellos logros sociales se perdieron. Fuente: artículo "El drama afgano", del sociólogo José Antonio Egido, publicado en la web colombiana Palante.
3. Según reconoce el que fuera Consejero de Seguridad Nacional del presidente norteamericano Carter, Zbigniew Brzezinski, la intervención militar encubierta de los EU en Afganistán comenzó seis meses antes de la entrada de tropas soviéticas en Afganistán y fue preparada para debilitar al gobierno de Kabul y obligar a pedir con urgencia la presencia de tropas terrestres soviéticas. La finalidad era, según Brzezinski, someter a la URSS a una guerra de desgaste en suelo afgano. La URSS picó el "anzuelo envenenado" que se le preparó en Afganistán. También, varios artículos publicados últimamente en el diario británico The Independent por el periodista Robert Fisk confirman lo expuesto por Brzezinski, así como los planes norteamericanos para, a partir de Afganistán, desestabilizar el Caucaso soviético.
4. El Mundo, 30-11-2001. Declaraciones de la portavoz Sahla Asad acerca de la posición de la RAWA durante la Conferencia de Bonn sobre el futuro del Afganistán postalibán.
5. Documentos de la organización maoísta afgana ALO (en inglés, Organización para la Liberación de Afganistán). La posición de esta organización fue la de aliarse con grupos integristas para "liberar la patria de la invasión extranjera". Más tarde fueron víctimas de sus propios aliados. Documentos publicados en la web de la organización.
6. Por ejemplo, el régimen de Deng Xiaoping nunca condenó el golpe de estado de Pinochet en Chile debido a los contactos, aunque muy escasos, que hubo entre el gobierno de Allende y la URSS.


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En 1982, la compañía Osborne se solidarizó con los terroristas que operaban en Afganistán, llamándolos «revolucionarios». Pseudoizquierdistas de Occidente, especialmente Francia, cayeron en esa trampa ideológica.
Texto de 2008, pero imprescindible hoy cuando los ultraizquierdistas siguen apoyando grupos tan despreciables como Hizbolá, Hamás o hasta el Talibán.


Autor: Samir Amin, economista egipcio de prestigio internacional y larga trayectoria antiimperialista, es director del Foro del Tercer Mundo en Dakar, Senegal.
Traductor: Lucas Antón.


Todas las corrientes que prestan adhesión al Islam político proclaman la “especificidad del Islam”. Según este criterio, el Islam nada sabe de la separación entre política y religión, algo supuestamente distintivo del cristianismo. Nada se lograría recordándoles, como yo he hecho, que sus observaciones reproducen, casi palabra por palabra, ¡lo que afirmaban reaccionarios europeos (como Bonald y de Maistre) a comienzos del siglo XIX con el fin de condenar la ruptura que la Ilustración y la Revolución Francesa habían ocasionado en la historia del Occidente cristiano!

Sobre la base de esta postura, todas las corrientes del Islam político eligen llevar su lucha al terreno de la cultura, pero “cultura” reducida en realidad a la afirmación convencional de pertenecer a una religión particular. En realidad, los militantes del Islam político no están verdaderamente interesados en discutir los dogmas que configuran la religión. La afirmación ritual de pertenencia a la comunidad es su única y exclusiva preocupación. Esa visión de la realidad del mundo moderno no sólo es inquietante por la inmensa vacuidad de pensamiento que esconde sino que también justifica la estrategia del imperialismo de substituir el llamado conflicto de culturas por el que existe entre los centros imperialistas y las periferias dominadas. El énfasis exclusivo sobre la cultura permite al Islam político eliminar de todas las esferas de la vida las confrontaciones sociales reales entre las clases populares y el sistema capitalista globalizado que las oprime y explota. Los militantes del Islam político no tienen presencia real en las zonas en las que tienen lugar los conflictos sociales reales y sus dirigentes repiten incesantemente que esos conflictos carecen de importancia. Los islamistas solo están presentes en estos terrenos para abrir escuelas y clínicas de salud. Pero esto no supone más que una labor caritativa y de adoctrinamiento. No son medios de apoyo de las luchas de las clases populares contra el sistema responsable de su pobreza.

En el terreno de las cuestiones sociales de verdad, el Islam político se alinea en el campo del capitalismo dependiente y el imperialismo dominante. Defiende el principio del carácter sagrado de la propiedad y legitima la desigualdad y los requisitos de la reproducción capitalista. El apoyo prestado por los Hermanos Musulmanes en el parlamento egipcio a las recientes leyes reaccionarias que refuerzan los derechos de los propietarios en detrimento de los arrendatarios rurales (la mayoría del pequeño campesinado) no es más que un caso entre cientos. No hay ejemplo siquiera de una sola ley reaccionaria promovida en cualquier Estado musulmán a la que los movimientos islamistas se hayan opuesto. Además, esas leyes se promulgan con el acuerdo del sistema imperialista. El Islam político no es antiimperialista, ¡hasta sus militantes piensan que no lo es! Es un aliado inapreciable del imperialismo y éste lo sabe. Es fácil entender, por tanto, que el Islam político haya contado siempre en sus filas con la clase dominante de Arabia Saudí y Pakistán. Por ende, estas clases estaban entre sus más activos promotores desde su mismo principio. Las burguesías compradoras locales, los nuevos ricos, beneficiarios de la actual globalización imperialista, apoyan generosamente al Islam político. Y éste ha renunciado a una perspectiva antiimperialista y la ha reemplazado por una postura “antioccidental” (casi “anticristiana”) que evidentemente sólo lleva a las sociedades afectadas a un callejón sin salida y no constituye por tanto un obstáculo al despliegue del control imperialista sobre el sistema mundial.

El Islam político no sólo es reaccionario en ciertas cuestiones (sobre todo en las referentes al estatus de la mujer) y acaso hasta responsable de los excesos del fanatismo contra ciudadanos no musulmanes (como los coptos en Egipto): es fundamentalmente reaccionario y por tanto no puede participar evidentemente en el progreso de liberación de los pueblos.

Tres argumentos principales son los que, con todo, se postulan para alentar a los movimientos sociales en conjunto a dialogar con los movimientos del Islam político. El primero es que el Islam político moviliza a nutridas masas populares, a las que no se puede ignorar o despreciar. Esta pretensión la refuerzan ciertamente numerosas imágenes. Con todo, hay que mantener la cabeza fría y valorar adecuadamente la movilización en cuestión. Los “éxitos” electorales registrados se sitúan en perspectiva tan pronto como se les somete a un análisis más riguroso. Mencionemos aquí, por ejemplo, la enorme proporción de la abstención –¡más del 75 %!- en las elecciones egipcias. El poder de la calle islamista es en buena medida tan solo el reverso de la debilidad de la izquierda organizada, ausente de las esferas en que se producen los actuales conflictos sociales. Aunque estuviéramos de acuerdo en que el Islam moviliza en realidad cifras considerables, ¿justifica eso concluir que la izquierda debe tratar de incluir a las organizaciones políticas islámicas en las alianzas para la acción política o social? Si el Islam político moviliza con éxito a gran número de personas, se trata sencillamente de un hecho y cualquier estrategia política efectiva debe incluir este hecho en sus consideraciones, propuestas y opciones. Pero buscar alianzas no es necesariamente el mejor medio de enfrentarse a este desafío. Habría que apuntar que las organizaciones del Islam político –los Hermanos Musulmanes, en particular- no buscan dicha alianza, de hecho incluso la rechazan. Si por casualidad algunas organizaciones izquierdistas llegan a creer que las organizaciones políticas islámicas los han aceptado, la primera decisión que éstas tomarían, una vez alcanzado con éxito el poder, sería liquidar a sus engorrosos aliado con extrema violencia, como sucedió en Irán con los muyaidín y los fedayín jalk. La segunda razón que postulan los partidarios del “diálogo” es que el Islam político, aunque sea reaccionario en lo que toca a sus propuestas sociales, es “antiimperialista”. He oído decir que el criterio para esto que propongo (apoyo sin reservas a las luchas favorables al progreso social) es “economicista” y descuida las dimensiones políticas del reto al que se enfrentan los pueblos del Sur. No creo que esta crítica sea válida, considerando lo que he dicho sobre las dimensiones democráticas y nacionales de las respuestas deseables para enfrentarse a este reto. Estoy también de acuerdo en que, en su respuesta al desafío al que se enfrentan los pueblos del Sur, las fuerzas en acción no se muestran necesariamente coherentes en su manera de habérselas con sus dimensiones sociales y políticas. Así pues, resulta posible imaginarse un Islam político que sea antiimperialista, aunque regresivo en el plano social. Irán, Hamás en Palestina, Hizbolá en Líbano y ciertos movimientos de resistencia en Irak son ejemplos que vienen inmediatamente a la cabeza. Discutiré estas situaciones concretas posteriormente. Lo que sostengo, muy sencillamente, es que el Islam político en su conjunto no es antiimperialista sino que se alinea tras los poderes dominantes a escala mundial.

El tercer argumento llama la atención de la izquierda sobre la necesidad de combatir la islamofobia. Ninguna izquierda digna de ese nombre puede ignorar la question des banlieues, es decir, el tratamiento de las clases populares de origen inmigrante en las metrópolis del capitalismo desarrollado contemporáneo. Los análisis de este reto y las respuestas dadas por diversos grupos (los mismos partidos interesados, la izquierda electoral europea, la izquierda radical) quedan fuera del objeto de este texto. Me contentaré con expresar mi punto de vista en principio: la respuesta progresiva no puede basarse en la institucionalización del comunitarismo*, que está siempre esencial y necesariamente asociado con la desigualdad y en última instancia se origina en una cultura racista. Producto ideológico específico de la cultura política reaccionaria de los Estados Unidos, el comunitarismo (ya triunfante en Gran Bretaña) está empezando a contaminar la vida política del continente europeo. La islamofobia, sistemáticamente promovida por importantes sectores de la élite política y los medios, forma parte de una estrategia para gestionar la diversidad comunitaria en beneficio del capital, puesto que este supuesto respeto por la diversidad es, de hecho, sólo un medio para ahondar las divisiones entre las clases populares.

La cuestión del llamado problema de las barriadas (banlieues) es concreta y confundirla con la cuestión del imperialismo (es decir, de la gestión imperialista de las relaciones entre los centros imperialistas dominantes y las periferias dominadas), como se hace a veces, en nada contribuirá a lograr progresos en cada uno de estos terrenos completamente distintos. Esta confusión forma parte del instrumental reaccionario y refuerza la islamofobia, que, a su vez, hace posible legitimar tanto la ofensiva contra las clases populares en los centros imperialistas como la ofensiva contra los pueblos de las periferias afectadas. Esta confusión, así como la islamofobia, proporcionan por su parte un valioso servicio al Islam político reaccionario, dando credibilidad a su discurso político antioccidental. Afirmo, por tanto, que las dos campañas ideológicas reaccionarias promovidas, respectivamente, por la derecha racista en Occidente y el Islam político se apoyan mutuamente, en la medida en que apoyan prácticas comunitarias.

Modernidad, democracia, secularismo e Islam

La imagen que las regiones árabes e islámicas dan de si mismas es la de sociedades en las que la religión (el Islam) está al frente en todos los terrenos de la vida social y política, hasta el punto de que parece extraño imaginar que pudiera ser diferente. La mayoría de los observadores extranjeros (dirigentes políticos y medios de comunicación) concluyen que la modernidad, acaso incluso la democracia, tendrá que adaptarse a la fuerte presencia del Islam, excluyendo de facto el secularismo. O bien esta reconciliación es posible y será necesario apoyarla, o no lo es y será necesario tratar con esta región del mundo tal cual es. Yo no comparto en absoluto esta visión considerada realista. El futuro –en la visión prolongada de un socialismo globalizado- es, para los pueblos de esta región, como para los demás, democracia y secularismo. Este futuro es posible en estas regiones como en otras partes, pero no hay nada garantizado o seguro, en ningún lado. La modernidad supone una ruptura en la historia del mundo, iniciada en Europa durante el siglo XVI. La modernidad proclama que los seres humanos son responsables de su propia historia, individual y colectivamente, y rompe por consiguiente con las ideologías premodernas dominantes. La modernidad hace, pues, posible la democracia, al igual que exige secularismo, en el sentido de separación de lo religioso y lo político. Formulado por la Ilustración del siglo XVIII, puesto en práctica por la Revolución Francesa, la compleja asociación de modernidad, democracia y secularismo, sus avances y retrocesos, ha ido configurando el mundo contemporáneo desde entonces. Pero la modernidad no supone por si misma una revolución cultural. Deriva su significado solo a través de la estrecha relación que mantiene con el nacimiento y posterior crecimiento del capitalismo. Esta relación ha condicionado los límites históricos de la modernidad “realmente existente”. Las formas concretas de la modernidad, la democracia y el secularismo que hoy encontramos deben ser, por tanto, consideradas como productos de la historia concreta del crecimiento del capitalismo. Están configuradas por las condiciones específicas en que se expresa la dominación del capitalismo, los compromisos históricos que definen los contenidos sociales de los bloques hegemónicos (lo que yo llamo el curso histórico de las culturas políticas).

Esta presentación condensada de mi comprensión del método del materialismo histórico la traigo aquí a colación simplemente para situar las diversas formas de combinar la modernidad capitalista, la democracia y el secularismo en su contexto teórico.

La Ilustración y la Revolución Francesa postularon un modelo de secularismo radical. Ateo o agnóstico, deísta o creyente (en este caso, cristiano), el individuo es libre de elegir, el Estado nada tiene que ver en ello. En el continente europeo –y en Francia al inicio de la Restauración- las retiradas y compromisos que combinaban el poder de la burguesía con el de las clases dominantes de los sistemas premodernos fueron la base de formas atenuadas de secularismo, entendido como tolerancia, sin excluir el papel social de las iglesias del sistema político. Por lo que se refiere a los Estados Unidos, su particular senda histórica tuvo como resultado la formación de una auténtica cultura política reaccionaria, en la que el auténtico secularismo es prácticamente desconocido. La religión es aquí un actor social reconocido y el secularismo se confunde con la multiplicidad de religiones oficiales (cualquier religión –o incluso secta- es oficial).

Existe un lazo evidente entre el grado de secularismo radical mantenido y el grado de apoyo para configurar la sociedad de acuerdo con el tema central de la modernidad. La izquierda, ya sea radical o moderada, que cree en la efectividad de la política para orientar la evolución social en las direcciones elegidas, defiende conceptos fuertes de secularismo. La derecha conservadora argumenta que debería dejarse que las cosas evolucionen por si mismas, ya se trate de la cuestión económica, política o social. Por lo que toca a la economía, la elección en favor del “Mercado” resulta evidentemente favorable al capital. En la política, la democracia de baja intensidad se convierte en la real, y la alternancia es reemplazada por la alternativa. Y en la sociedad, en este contexto, la política no tiene necesidad de un secularismo activo: las “comunidades” compensan las deficiencias del Estado. El mercado y la democracia representativa hacen historia y es eso lo que se les debería dejar que hicieran. En el actual momento de retroceso de la izquierda, esta versión conservadora del pensamiento social es ampliamente dominante, en formulaciones que recorren toda la gama que va de Touraine a Negri. La cultura política reaccionaria de los Estados Unidos va aún más allá al negar la responsabilidad de la acción política. La repetida afirmación de que Dios inspira a la nación “americana” y la masiva adhesión a esta “creencia” dejan en nada el concepto mismo de secularismo. Decir que Dios hace la historia es, de hecho, dejar que sea el Mercado solo el que la haga.

Desde este punto de vista, ¿dónde se sitúan los pueblos de la región de Oriente Medio? La imagen de barbudos postrados y mujeres con velo da lugar a apresuradas conclusiones sobre la intensidad de la adhesión religiosa entre los individuos. Los amigos “culturalistas” occidentales que piden respeto a la diversidad de creencias rara vez dan cuenta de los procedimientos utilizados por las autoridades para presentar una imagen que les resulte conveniente. Están desde luego los que son “locos de Dios”. ¿Son proporcionalmente más numerosos que los católicos españoles que desfilan en procesión en Semana Santa? ¿Más que las enormes multitudes que prestan oídos a los teleevangelistas en los Estados Unidos?

En cualquier caso, la región no siempre ha proyectado esta imagen de si misma. Más allá de las diferencias de país a país, puede identificarse una extensa región que discurre de Marruecos a Afganistán, y que incluye a todos los pueblos árabes (con excepción de los de la Península Arábiga), a los turcos, iraníes, afganos y otros pueblos de las antiguas repúblicas soviéticas de Asia Central, en las que las posibilidades de desarrollo del secularismo distan de ser despreciables. La situación es diferente entre otros pueblos vecinos, los árabes de la Península o los paquistaníes.

En esta región más extensa, las tradiciones políticas se han visto fuertemente marcadas por las corrientes radicales de la modernidad: las ideas de la Ilustración, la Revolución Francesa, la Revolución Rusa y el comunismo de la Tercera Internacional estaban presentes en la imaginación de todos y fueron mucho más importantes que el parlamentarismo de Westminster, por ejemplo. Estas corrientes dominantes inspiraron los modelos principales de transformación política aplicados por las clases dominantes, que podrían describirse, en ciertos aspectos, como formas de despotismo ilustrado. Este fue desde luego el caso del Egipto de Mohammed Ali o Jedive Ismail. El “kemalismo” en Turquía y la modernización en Irán fueron similares. El populismo nacional de estadios más recientes de la historia pertenece a la misma familia de proyectos políticos de modernidad. Fueron numerosas las variantes del modelo (el Frente de Liberación Nacional argelino, el “burguibismo” tunecino, el “nasserismo” egipcio, el “baazismo” de Siria e Irak), pero la dirección del movimiento era análoga. Experiencias aparentemente extremas – los llamados regímenes comunistas de Afganistán y Yemen del Sur- no eran realmente muy distintos. Todos estos regímenes lograron muchas cosas y por esta razón disfrutaron de amplio apoyo popular. Esta es la razón por la cual, aun cuando no fueran verdaderamente democráticos, abrían el camino a un posible desarrollo en esta dirección. En ciertas circunstancias, como las de Egipto entre 1920 y 1950, se intentó un experimento de democracia electoral, apoyado por el centro antiimperialista moderado (el partido Wafd), al que se oponía la potencia imperialista dominante (Gran Bretaña) y sus aliados locales (la monarquía). El secularismo, aplicado en versiones moderadas, no sería a buen seguro “rechazado” por el pueblo. Por el contrario, era la gente religiosa la que la opinión pública general consideraba obscurantista, y la mayoría lo era.

Los experimentos de modernización, del despotismo ilustrado al populismo nacional radical, no eran producto de la casualidad. Los crearon potentes movimientos que eran dominantes en las clases medias. De esta forma expresaban estas clases su voluntad de ser vistas como socios hechos y derechos en la globalización moderna. Estos proyectos, que pueden describirse como nacional-burgueses, eran portadores potenciales, modernizantes y secularizadores, de un desarrollo democrático. Pero precisamente porque estos proyectos entraban en conflicto con el imperialismo dominante, éste los combatió implacablemente, movilizando de forma sistemática a fuerzas obscurantistas en declive con este propósito. La historia de los Hermanos Musulmanes es bien conocida. La Hermandad la crearon los británicos y la monarquía en la década de 1920 a fin de cerrar el paso al Wafd, secular y democrático. Su regreso en masa de su refugio saudí tras la muerte de Nasser, organizado por la CIA y Sadat, es también bien conocido. Todos estamos familiarizados con la historia de los talibán, formados por la CIA en Pakistán para luchar contra los “comunistas” que habían abierto escuelas para todos, chicos y chicas. También es de sobra sabido que Israel apoyó a Hamás en un principio como forma de debilitar las corrientes seculares y democráticas de la resistencia palestina. El Islam político habría tenido muchas más dificultades para moverse fuera de las fronteras de Arabia Saudí y Paquistán sin el potente apoyo continuado y resuelto de los Estados Unidos. La sociedad de Arabia Saudí no había comenzado siquiera a moverse más allá de sus límites tradicionales cuando se descubrió petróleo bajo su suelo. Se concluyó entre las dos partes una alianza entre el imperialismo y la clase dominante tradicional, sellada de inmediato, que dio un nuevo arriendo de vida al Islam político wahabí. Por su parte, los británicos tuvieron éxito al quebrar la unidad de la India, persuadiendo a los líderes musulmanes de que creasen su propio Estado, atrapado en el Islam político desde su mismo nacimiento. Hay que hacer notar que la teoría con la que se legitimó esta curiosidad –atribuida a Mawdudi- había sido esbozada por anticipado por los orientalistas ingleses al servicio de Su Majestad.**

Resulta fácil, por tanto, comprender, la iniciativa tomada por los Estados Unidos para romper el frente unido de los estados asiáticos y africanos establecido en Bandung (1955), creando una “Conferencia Islámica” inmediatamente promovida (desde 1957) por Arabia Saudí y Pakistán. El Islam político penetró en la región por estos medios. La mínima conclusión que puede extraerse de las observaciones aquí realizadas es que el Islam político no es el resultado espontáneo de la afirmación de las auténticas convicciones religiosas por parte de los pueblos afectados. El Islam político lo erigió la acción sistemática del imperialismo, apoyada, por supuesto, por fuerzas obscurantistas reaccionarias y las clases compradoras subordinadas. Que este estado de cosas es también responsabilidad de las fuerzas de izquierda que ni vieron ni supieron cómo enfrentarse a este desafío sigue siendo algo indiscutible.

Cuestiones relativas a los países de la Línea del Frente (Afganistán, Irak, Palestina e Irán)

El proyecto de Estados Unidos, apoyado en grado diverso por sus aliados subalternos en Europa y Japón, consiste en establecer un control militar sobre todo el planeta. Con esta perspectiva en mente, se eligió Oriente Medio como región para el “primer golpe” por cuatro razones: (1) mantiene los recursos petrolíferos más abundantes del mundo y su control directo por parte de las fuerzas armadas norteamericanas otorgaría a Washington una posición privilegiada, situando a sus aliados —Europa y Japón— y posibles rivales (China) en una incómoda posición de dependencia en su suministro energético; (2) se encuentra en la encrucijada del Nuevo Mundo y facilita poner en pie una amenaza militar contra China, India y Rusia; (3) La región está experimentando un momento de debilidad y confusión que permite al agresor asegurarse una victoria fácil, al menos por el momento; y (4) la presencia de Israel en la región, aliado incondicional de Washington. Esta agresión ha colocado a los países y naciones ubicados en la línea del frente (Afganistán, Irak, Palestina e Irán) en la particular situación de ser destruidos (los tres primeros) o amenazados de destrucción (Irán).

Afganistán

Afganistán experimentó el mejor período de su historia moderna durante la llamada república comunista. Se trataba de un régimen de despotismo ilustrado que abrió el sistema educativo a los niños de ambos sexos. Tenía por enemigo al obscurantismo y por esta razón disfrutó de un apoyo decisivo en la sociedad. La reforma agraria que había llevado a cabo consistió, en su mayor parte, en un grupo de medidas destinadas a reducir los poderes tiránicos de los líderes tribales. El apoyo –al menos tácitamente- de la mayoría del campesinado garantizaba el éxito probable de este cambio que había empezado bien. La propaganda que transmitían los medios occidentales, así como el Islam político, presentaba este experimento como un totalitarismo comunista y ateo rechazado por el pueblo afgano. En realidad, el régimen distaba de ser impopular, en buena medida como Ataturk en su época.

El hecho de que los dirigentes de este experimento, ambos provenientes de las facciones principales (jalk y parcham), se describieran a si mismos como comunistas no resulta sorprendente. El modelo de progreso logrado por los vecinos pueblos de Asia Central (pese a todo lo que se ha dicho sobre el tema, no obstante las prácticas autocráticas del sistema) en comparación con los desastres sociales de la gestión imperialista británica que aún se dejan ver en los países vecinos (incluyendo India y Pakistán) tuvo el efecto, aquí como en muchos otros países de la región, de animar a los patriotas a valorar en toda su extensión el obstáculo que representa el imperialismo para cualquier intento de modernización. La invitación enviada por una facción a los soviéticos para que intervinieran con el fin de librarse de las demás tuvo desde luego un efecto negativo e hipotecó las posibilidades del proyecto modernizador nacional populista. Los Estados Unidos, en particular, y sus aliados de la Tríada, en general, han sido siempre tenaces opositores de los modernizadores afganos, comunistas o no. Son ellos los que movilizaron a las fuerzas obscurantistas del Islam político al estilo de Pakistán (los talibán) y los señores de la guerra (los líderes tribales neutralizados con éxito por el llamado régimen comunista), y quienes les entrenaron y armaron. Incluso después de la retirada soviética demostró el gobierno de Nayibulá capacidad de resistencia. Y probablemente se habría mantenido de no ser por la ofensiva militar paquistaní que vino en apoyo de los talibán y la ofensiva posterior de las fuerzas reconstituidas de los señores de la guerra, que hicieron aumentar el caos. Afganistán quedó destrozado como resultado de la intervención de los Estados Unidos y sus aliados y agentes, sobre todo de los islamistas. No se puede reconstruir Afganistán bajo su autoridad, apenas disfrazada tras un fantoche sin raíces en el país, propulsado allí por la transnacional de Texas de la que era empleado. La supuesta “democracia”, en nombre de la cual Washington, la OTAN y la ONU, llamadas al rescate, pretendieron justificar la continuación de su presencia (de hecho, ocupación), fue una mentira desde el principio y se ha convertido en una inmensa farsa. Hay una única solución al problema afgano: que todas las fuerzas extranjeras abandonen el país y todas las potencias se vean obligadas a dejar de financiar y armar a sus aliados. A los bienintencionados que expresan sus temores de que el pueblo afgano tolere entonces la dictadura de los talibán (o los señores de la guerra), yo les respondería que ¡la presencia extranjera ha sido hasta ahora y sigue siendo el mejor sostén de esta dictadura! El pueblo afgano se ha ido moviendo en otra dirección —potencialmente la mejor posible—en un momento en el que Occidente se ha visto forzado a tomar menos interés en sus asuntos. Al despotismo ilustrado de los “comunistas”, el Occidente civilizado ha preferido siempre el despotismo obscurantista, ¡infinitamente menos peligroso para sus intereses!

Irak

La diplomacia armada de los Estados Unidos tenía el objetivo de destruir literalmente Irak mucho antes de que se adujeran realmente pretextos para llevarlo a cabo en dos ocasiones diferentes: la invasión de Kuwait en 1990 y el período posterior al 11 de septiembre de 2001, explotado con este propósito por Bush con un cinismo y mentiras dignos del estilo de Goebbels (“Si cuentas una mentira lo bastante gorda y sigues repitiéndola, la gente terminará por creérsela). La razón de este objetivo es sencilla y nada tiene que ver con el discurso que convoca a la liberación del pueblo iraquí de la sangrienta dictadura (lo cual ciertamente era) de Sadam Hussein. Irak posee una gran parte de los mejores recursos petrolíferos del planeta. Pero, lo que es más, Irak había conseguido formar cuadros científicos y técnicos que eran capaces, mediante su masa crítica, de apoyar un proyecto nacional substancial y coherente. Ese peligro debía eliminarse mediante una guerra preventiva que los Estados Unidos se otorgaron el derecho de librar dónde y cuándo decidieran, sin el menor respeto por el Derecho internacional.

Más allá de esta observación evidente, habría que examinar varias cuestiones graves: (1) ¿Cómo pudo parecer tan fácilmente que el plan de Washington —aunque no fuese más que por un momento— sería un éxito tan deslumbrante? (2) ¿Qué situación nueva es la que se ha creado y a la que se enfrenta la nación iraquí hoy? (3) ¿Qué respuestas dan los diversos elementos de la población iraquí a este desafío? y (4) ¿Qué soluciones pueden promover las fuerzas democráticas y progresistas iraquíes, árabes e internacionales?

La derrota de Sadam Hussein era predecible. Enfrentado a un enemigo cuya principal ventaja consiste en su capacidad de proceder a un genocidio con impunidad mediante bombardeos aéreos (el uso de armas nucleares está por llegar), la gente solo dispone de una respuesta efectiva: presentar resistencia en su territorio invadido. El régimen de Sadam se dedicó a eliminar cualquier medio de defensa al alcance de su pueblo mediante la destrucción sistemática de toda organización y partido político (empezando por el Comunista) que hubiera contribuido a la historia del moderno Irak, sin descontar al mismo Baaz, que había sido uno de los protagonistas principales de esta historia. No es sorprendente que en estas condiciones el pueblo iraquí permitiera que su país fuera invadido sin lucha, ni siquiera que algunos comportamientos (como la aparente participación en las elecciones organizadas por el invasor o el estallido de luchas fratricidas entre kurdos, árabes suníes y chiitas) parecieran ser signos de una posible aceptación de la derrota (sobre la que Washington había basado sus cálculos). Pero lo que es digno de nota es que la Resistencia sobre el terreno cobra cada día mayor fuerza (pese a todas las graves flaquezas mostradas por las diversas fuerzas de resistencia), que ya ha hecho imposible establecer un régimen de lacayos capaz de mantener la apariencia de orden; en cierto modo, ha demostrado ya el fracaso del proyecto de Washington. Se ha creado, sin embargo, una nueva situación a causa de la ocupación militar extranjera. La nación iraquí se halla de veras amenazada. Washington es incapaz de mantener su control sobre el país (dirigido a esquilmar sus recursos petrolíferos, que es el objetivo número uno) teniendo como intermediario a un gobierno aparentemente nacional. El único modo en que puede continuar este proyecto supone, por tanto, deshacer el país. La división del país en al menos tres estados (kurdo, árabe suní y árabe chiita) fue acaso desde el principio mismo el objetivo de Washington, alineado con Israel (los archivos revelarán la verdad en un futuro). Hoy en día, es la guerra civil la carta con la que juega Washington para garantizar la continuidad de su ocupación. Está claro que la ocupación permanente es y sigue siendo el objetivo: es el único medio por el que Washington puede garantizarse el control de los recursos petrolíferos. Desde luego, no puede darse crédito a las declaraciones de intenciones de Washington, tales como “abandonaremos el país en cuanto hayamos restaurado el orden”. Habría que recordar que los británicos nunca dijeron que su ocupación de Egipto, que tuvo su inicio en 1882, fuese otra cosa que provisional (¡duró hasta 1956!). Mientras tanto, por supuesto, los Estados Unidos destruyen el país, sus escuelas, sus fábricas y capacidades científicas, usando todos los medios, hasta los más criminales.

Las respuestas dadas por el pueblo iraquí a este reto – hasta ahora, por lo menos- no parecen estar a la altura de la situación. Esto es lo mínimo que se puede decir. ¿Qué razones hay para ello? Los medios dominantes de Occidente repiten ad nauseam que Irak es un país artificial y que la opresiva dominación del régimen “suní” de Sadam sobre chiitas y kurdos es el origen de la inevitable guerra civil (que solo puede suprimirse, si acaso, continuando con la ocupación extranjera). La resistencia, por tanto, se limita a un núcleo duro de unos pocos islamistas pro-Sadam del triángulo suní. Seguro que sería difícil poner más falsedades juntas.

Tras la Primera Guerra Mundial, los británicos tuvieron grandes dificultades para quebrar la resistencia del pueblo iraquí. Absolutamente coherentes con su tradición imperial, los británicos importaron una monarquía y crearon una clase de grandes terratenientes que apoyara su dominio, otorgando así una posición privilegiada a los suníes. Pero a pesar de sus esfuerzos sistemáticos, los británicos fracasaron. El Partido Comunista y el Partido Baaz constituían las principales fuerzas políticas organizadas que derrotaron al poder de la monarquía “suní” detestada por todos, suníes, chiitas y kurdos. La violenta competencia entre estas dos fuerzas, que ocuparon el centro de la escena entre 1958 y 1963, terminó con la victoria del Partido Baaz, recibida con alivio en aquel entonces por las potencias occidentales. El proyecto comunista llevaba en si mismo la posibilidad de una evolución democrática; no sería cierto decir lo mismo del Baaz. Este último era nacionalista y panárabe en principio, admiraba el modelo prusiano de construcción de la identidad alemana, y reclutaba a sus miembros entre la pequeña burguesía secular y moderna, hostil a las expresiones obscurantistas de la religión. El Baaz evolucionó en el poder, de manera predecible, hasta convertirse en una dictadura sólo a medias antiimperialista, entendiendo por ello que, dependiendo de las coyunturas y circunstancias, podía aceptar un compromiso entre dos socios (el poder baazista de Irak y el imperialismo norteamericano, dominante en la región). Este acuerdo alentó los excesos megalómanos de su líder, que imaginó que Washington haría de él su principal aliado en la región.

El apoyo de Washington a Bagdad (la entrega de armas químicas es buena prueba de ello) en la absurda y criminal guerra contra Irán entre 1980 y 1989 pareció dar crédito a este cálculo. Sadam nunca imaginó el engaño de Washington, que la modernización de Irak era inaceptable para el imperialismo y ya se había tomado la decisión de destruir el país. Sadam cayó en la trampa cuando recibió luz verde para anexionarse Kuwait (sumada en época otomana a las provincias que constituyen Irak y desgajada por los imperialistas británicos con el fin de convertirla en una de sus colonias petrolíferas). Irak fue sometido a diez años de sanciones destinadas a desangrar el país para así poder facilitar la conquista del consiguiente vacío por parte de las fuerzas armadas de los Estados Unidos.

A los sucesivos régimenes baazistas, incluido el último en su fase de declive bajo la dirección de Sadam, se les puede acusar de todo menos de haber atizado el conflicto entre suníes y chiitas. ¿Quién es responsable entonces de los sangrientos choques entre las dos comunidades? Algún día sabremos de cierto cómo la CIA (y sin duda el Mossad) organizaron muchas de estas masacres. Pero más allá de ello, es verdad que el desierto político creado por el régimen de Sadam y el ejemplo que dio de métodos oportunistas sin principios a los aspirantes al poder de todo pelaje que se han sucedido para seguir su camino, a menudo protegidos por el ocupante. A veces, quizá, fueron ingenuos hasta el punto de creer que podrían ser útiles al servicio del ocupante. Los aspirantes en cuestión, ya se trate de dirigentes religiosos (suníes o chiitas), supuestamente “notables” (paratribales), u hombres de negocios notoriamente corruptos exportados por los Estados Unidos, nunca tuvieron en realidad ningún ascendiente político sobre el país. Ni siquiera aquellos líderes religiosos respetados por los creyentes tenían una influencia política aceptable para el pueblo iraquí. Sin el vacío creado por Sadam, nadie sabría ni pronunciar sus nombres.

Enfrentados al nuevo universo político creado por el imperialismo de la globalización liberal, ¿tendrán medios para reconstruirse otras fuerzas políticas auténticamente populares y nacionales, posiblemente hasta democráticas?

Hubo una época en que el Partido Comunista era el núcleo organizativo de lo mejor que podía producir la sociedad iraquí. El Partido Comunista se estableció en todas las regiones del país y dominaba el mundo de los intelectuales, a menudo de origen chiita (¡hagamos notar de pasada que los chiitas producían sobre todo revolucionarios o líderes religiosos, raramente burócratas o compradores!). El Partido Comunista era auténticamente popular y antiimperialista, poco inclinado a la demagogia y potencialmente democrático. Tras la matanza de miles de sus mejores militantes por las dictaduras baazistas, el derrumbe de la Unión Soviética (algo para lo que el Partido Comunista de Irak no estaba preparado), y el comportamiento de aquellos intelectuales que creían aceptable el retorno del exilio como palanganeros de las fuerzas armadas de los Estados Unidos, ¿se encuentra el Partido Comunista destinado a partir de ahora a desaparecer permanentemente de la historia? Por desgracia, resulta perfectamente posible, pero no inevitable, ni mucho menos.

La cuestión kurda es real, lo mismo en Irak que en Irán y Turquía. Pero en este asunto habría que recordar nuevamente que las potencias occidentales han desplegado siempre, con gran cinismo, su doble rasero. La represión de las demandas kurdas nunca llegó al nivel de la violencia policial, militar, política o moral ejercida por Ankara. Ni Irán ni Irak han llegado al extremo de negar la propia existencia de los kurdos. Sin embargo, a Turquía se le perdona todo por ser miembro de la OTAN, una organización de naciones democráticas, como nos recuerdan los medios informativos. Entre los eminentes demócratas proclamados por Occidente estaba Salazar, de Portugal, uno de los miembros fundacionales de la OTAN, y esos admiradores no menos ardorosos de la democracia, ¡los coroneles griegos y los generales turcos! Cada vez que los frentes populares iraquíes, formados en torno al Partido Comunista y el Baaz en los mejores momentos de su turbulenta historia, ejercieron el poder, encontraron siempre un terreno de acuerdo con los principales partidos kurdos. Estos últimos, además, han sido siempre sus aliados.

Ciertamente se produjeron excesos contra chiitas y kurdos bajo el régimen de Sadam: así, por ejemplo, el bombardeo de la región de Basora por el ejército de Sadam tras su derrota en Kuwait en 1991 y el uso de gases contra los kurdos. Estos excesos se produjeron como respuesta a las maniobras de la diplomacia armada de Washington, que había movilizado a sus aprendices de brujo entre chiitas y kurdos. No por ello dejan de ser excesos criminales, y además estúpidos, puesto que el éxito de los llamamientos de Washington fue bastante limitado. Pero, ¿qué otra cosa podía esperarse de dictadores como Sadam? La fuerza de la resistencia a la ocupación extranjera, inesperada en estas condiciones, parecería ser milagrosa. No es éste el caso, pues la realidad básica es que el pueblo iraquí en su conjunto (árabes y kurdos, suníes y chiitas) detesta a los ocupantes y está familiarizado a diario con sus crímenes (asesinatos, bombas, matanzas, torturas). Considerando todo esto, se podría hasta imaginar un frente unido de resistencia que se proclamase como tal, enunciando los nombres, listas de organizaciones y partidos que lo componen, así como su programa común. Este no ha sido, sin embargo, realmente el caso hasta hoy por todas las razones antes descritas, entre ellas la destrucción del tejido social y político a manos de la dictadura de Sadam y la ocupación. A despecho de tales razones, esta debilidad es un serio obstáculo, lo que hace más fácil dividir a la población, da pábulo a los oportunistas, hasta el punto de hacerles colaborar, y arroja confusión sobre los objetivos de la liberación. ¿Quién conseguirá vencer estos obstáculos? Los comunistas deberían estar situados para ello. Los militantes presentes sobre el terreno ya se están distanciando de los dirigentes del Partido Comunista (los únicos conocidos por los medios dominantes) que, confusos y azorados, intentan dar apariencia de legitimidad a su adhesión al gobierno colaboracionista, ¡pretendiendo incluso que se suman a la efectividad de la resistencia armada gracias a ello! Pero, en estas circunstancias, muchas otras fuerzas políticas podrían tomar iniciativas decisivas orientadas a la formación de este frente.

La cuestión sigue siendo que, pese a su debilidad, la resistencia del pueblo iraquí ha derrotado ya (política, si no militarmente) el proyecto de Washington. Precisamente esto es lo que preocupa a los atlantistas de la Unión Europea, aliados fieles de los Estados Unidos. Temen hoy en día una derrota norteamericana, puesto que fortalecería la capacidad de los pueblos del Sur de forzar al capital transnacional globalizado de la tríada imperialista a respetar los intereses de las naciones y pueblos de Asia, África y América Latina. La resistencia iraquí ha ofrecido propuestas que harían posible salir del callejón sin salida y ayudar a los Estados Unidos a librarse de su trampa. Propone: (1) La formación de una autoridad administrativa de transición establecida con apoyo del Consejo de Seguridad; (2) el cese inmediato de la acciones de resistencia y de las intervenciones militares y policiales de las fuerzas ocupantes; (3) la retirada en un plazo de seis meses de todas las autoridades militares y civiles extranjeras. Los detalles de estas propuestas se han publicado en la prestigiosa revista árabe Al Mustaqbal al Arabi (en su número de enero de 2006), que se edita en Beirut. El absoluto silencio con el que los medios de información europeos se oponen a la difusión de este mensaje testimonia la solidaridad de los socios imperialistas. Las fuerzas europeas democráticas y progresistas tienen el deber de desligarse de esta política de la tríada imperialista y apoyar las propuestas de la resistencia iraquí. Dejar que el pueblo iraquí se enfrente solo a su oponente no es una opción aceptable: refuerza la peligrosa idea de que nada puede esperarse de Occidente y sus pueblos, y en consecuencia alienta los excesos –incluso criminales- de las actividades de algunos de los movimientos de resistencia. Cuanto antes abandonen el país las tropas de ocupación extranjeras y mayor sea el apoyo al pueblo iraquí de las fuerzas democráticas en el mundo y en Europa, mayores serán las posibilidades de un futuro mejor para este pueblo martirizado. Cuanto más dure la ocupación, más penosas serán las secuelas de su inevitable final.

Palestina

El pueblo palestino ha sido víctima, desde la Declaración Balfour durante la Primera Guerra Mundial, del proyecto de colonización de una población extranjera, que le reserva el destino de los “pieles rojas”, se reconozca esto o se pretenda ignorancia. Este proyecto ha disfrutado siempre del apoyo incondicional de la potencia imperialista dominante en la zona (ayer Gran bretaña, hoy los EE.UU.), puesto que el estado extranjero de la región formado por ese proyecto sólo puede ser aliado incondicional, a su vez, de las intervenciones que se precisan para forzar al Oriente Medio árabe a someterse a la dominación del capitalismo imperialista. Se trata de un hecho evidente para todos los pueblos de África y Asia. Por consiguiente, en ambos continentes se encuentran espontáneamente unidos en la afirmación y defensa de los derechos del pueblo palestino. En Europa, sin embargo, la “cuestión palestina” provoca divisiones producidas por las confusiones que mantiene vivas la ideología sionista, que goza con frecuencia de un eco favorable. Hoy más que nunca, en conjunción con la puesta en práctica del proyecto norteamericano del “Gran Oriente Medio”, se han abolido los derechos del pueblo palestino. De igual modo, la OLP aceptó los planes de Oslo y Madrid, así como la Hoja de Ruta redactada por Washington. Israel es quien se ha echado abiertamente atrás respecto al acuerdo, y ha puesto en práctica un plan expansionista aún más ambicioso. Como resultado, la OLP se ha visto minada, y la opinión pública puede reprocharle con justicia que haya creído ingenuamente en la sinceridad de sus adversarios. El apoyo proporcionado por las autoridades de Ocupación a su adversario islamista (Hamás), en un principio al menos, y la extensión de las prácticas de corrupción en la administración palestina (sobre las que guardan silencio los donantes de fondos —el Banco mundial, Europa y las ONGs—, si es que no son parte de ello) tenía que conducir a la victoria electoral de Hamás (predecible). Esto se convirtió entonces en un pretexto adicional postulado para justificar el alineamiento incondicional con las políticas de Israel, cualesquiera que éstas pudieran ser. El proyecto colonial sionista ha constituido siempre una amenaza, más allá de Palestina, para los pueblos árabes vecinos. Sus ambiciones de anexionarse el Golán sirio son testimonio de ello. En el proyecto del Gran Oriente Medio se le otorga un lugar especial a Israel, a su monopolio de la tecnología nuclear militar y a su papel de “socio indispensable” (con el falaz pretexto de que Israel posee una pericia de la que los pueblos árabes son incapaces de alcanzar.¡Vaya indispensable racismo!). No es nuestra intención ahora ofrecer análisis referentes a las complejas interacciones entre las luchas de resistencia contra la expansión colonial sionista y los conflictos y opciones políticas de Líbano y Siria. Los regímenes baazistas de Siria han resistido a su modo las exigencias de los poderes imperialistas e Israel. Que esta resistencia haya servido también para legitimar ambiciones más cuestionables (como el control del Líbano) está fuera de discusión. Además, Siria ha escogido cuidadosamente a los aliados menos peligrosos del Líbano. Es bien sabido que el Partido Comunista Libanés había organizado la resistencia a las incursiones israelíes en el sur del Líbano (desvío de aguas incluido). Las autoridades sirias, libanesas e iraníes cooperaron estrechamente para destruir esta peligrosa base y reemplazarla por Hizbolá. El asesinato de Rafik al-Hariri (un caso aún por resolver) dio evidentemente oportunidad a las potencias imperialistas (los Estados Unidos, frontalmente; Francia, por detrás) de intervenir con dos objetivos implícitos: (1) forzar a Damasco a alinearse de modo permanente con los estados árabes vasallos (Egipto y Arabia Saudí) —o, en caso de fracasar esto, eliminar los vestigios de un deteriorado poder baazista-; y (2) demoler lo que queda de la capacidad de resistir a las incursiones israelíes (exigiendo el desarme de Hizbolá). Se puede invocar la retórica de la democracia en este contexto, caso de resultar útil. Aceptar hoy la puesta en práctica del proyecto israelí en desarrollo supone ratificar la abolición del derecho primario de los pueblos: el derecho a existir. Este es el supremo crimen contra la humanidad. La acusación de “antisemitismo” dirigida a quienes rechazan este crimen es solo un medio de detestable chantaje.

Irán 

No tenemos intención aquí de desarrollar los análisis que exige la Revolución Islámica. ¿Fue, tal como han proclamado los partidarios del Islam político así como algunos observadores extranjeros, la manifestación y el punto de partida de un cambio que últimamente debe abarcar a toda la región, quizás a todo el mundo musulmán, rebautizado como umma para la ocasión (la “nación,” lo que nunca sido)? ¿O se trataba de un hecho singular, sobre todo porque era una combinación única de las interpretaciones del Islam chiita y la expresión del nacionalismo iraní? Desde la perspectiva que aquí nos interesa, quiero hacer tan solo un par de observaciones. La primera es que el régimen del Islam político en Irán no es por naturaleza incompatible con la integración del país en el sistema capitalista globalizado tal cual es, puesto que el régimen se basa en principios liberales para la gestión de la economía. La segunda es que la nación iraní como tal es una “nación fuerte”, cuyos principales componentes, si no todos, se niegan a aceptar la integración de su país en el sistema globalizado en una posición subordinada. Hay, por supuesto, una contradicción entre estas dos dimensiones de la realidad iraní. La segunda se refiere a las tendencias de la política exterior de Teherán, que testimonian la voluntad de resistir los dictados foráneos. El nacionalismo iraní —poderoso y, en mi opinión, históricamente positivo en conjunto— es lo que explica el éxito de la modernización de las capacidades científicas, industriales, tecnológicas y militares desarrolladas por el régimen del Shah y el de Jomeini que le siguió. Irán es uno de los pocos estados del Sur (junto a China, India, Corea, Brasil, y acaso unos cuantos más, ¡pero no muchos!) que dispone de un proyecto nacional burgués. Si es posible o no realizar este proyecto a largo plazo (mi opinión es que no) no es ahora el núcleo del debate. Hoy en día, este proyecto existe y está en vigor. Precisamente porque Irán forma una masa crítica capaz de intentar afirmarse como socio respetado es por lo que los Estados Unidos han decidido destruir el país mediante una nueva guerra preventiva. Como es bien sabido, el conflicto se centra en las capacidades nucleares que está desarrollando Irán. ¿Por qué no tendría derecho este país, como otros, a buscar esas capacidades incluyendo el llegar a ser una potencia militar nuclear? ¿Se puede dar crédito al discurso que sostiene que las naciones “democráticas” nunca utilizarían esas armas como sí lo harían los “estados díscolos”, cuando es cosa sabida que las naciones democráticas en cuestión son responsables de los mayores genocidios de los tiempos modernos, incluido el perpetrado contra los judíos, y que los Estados Unidos han hecho ya uso de las armas nucleares y rechazan hoy en día una prohibición general y absoluta de su uso?

Conclusión 

En la actualidad, los conflictos políticos de la región mantienen a tres grupos de fuerzas opuestas unas a otras: las que proclaman su pasado nacionalista (pero no son en realidad nada más que herederas degeneradas y corruptas de las burocracias de la era nacional-populista); las que proclaman el Islam político; y aquellas que tratan de organizarse en torno a exigencias “democráticas” que sean compatibles con el liberalismo económico. La consolidación del poder de cualquiera de estas fuerzas no resulta aceptable para una izquierda que se muestre atenta a los intereses de las clases populares. De hecho, los intereses de las clases compradoras, ligados al actual sistema imperialista, se expresan a través de estas tres tendencias. La diplomacia norteamericana mantiene esos tres hierros en la forja, puesto que se concentra en utilizar los conflictos entre ellas para su exclusive beneficio. Para la izquierda, intentar comprometerse en estos conflictos a través tan solo de alianzas con una u otra de las tendencias* (prefiriendo los regímenes ya existentes a fin de evitar lo peor) es algo destinado a fracasar. La izquierda debe afirmarse adoptando luchas en terrenos en los que encuentra su lugar natural: defensa de los intereses económicos y sociales de las clases populares, democracia y afirmación de la soberanía nacional, todo ello conceptualizado en conjunto como inseparable. * Otra cosa son las alianzas tácticas surgidas de la situación concreta, a saber, la acción conjunta del Partido Comunista Libanés con Hizbolá para resistir la invasión israelí del Líbano en el verano de 2006 [Ed]. La region del Gran Oriente Medio es hoy central en el conflicto entre el líder imperialista y los pueblos de todo el mundo. Derrotar el proyecto del estamento político de Washington es la condición que proporcionaría la posibilidad de éxito para avanzar en cualquier región del mundo. Si esto fracasa, estos avances seguirán siendo vulnerables en extremo. Eso no significa que la importancia de las luchas llevadas a cabo en otras regiones del mundo, en Europa, América Latina u otros lugares, deban subestimarse. Significa solo que deberían formar parte de una perspectiva totalizadora que contribuya a derrotar a Washington en la región que ha elegido para su primer golpe criminal de este siglo.


* Teoría política basada en las “identidades culturales colectivas” como algo central para la comprensión de la realidad social dinámica. —Nota del editor.
** El origen de la fuerza del Islam político en Irán no responde a la misma conexión histórica con la manipulación imperialista, por razones que se discuten en el siguiente apartado. – N. del e.


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