Texto y foto de Paco Azanza Telletxiki. Tomado de su blog Baraguá.

La Sierra de Cristal desde Levisa.
Hace unos días transcendió la noticia, nada divulgada en los habituales medios de la reacción, de que Cuba había conseguido, hasta la fecha, cubrir de bosques el 27,3% de su superficie. Cuando en 1959 la Revolución hubo triunfado, el territorio nacional sólo abarcaba el 13,4% de zona boscosa, a pesar de que al inicio de la dominación estadounidense, en 1902, era del 54% y en 1492, a la llegada de los españoles, del 64%. El 11 de febrero de 2008 escribí un texto relacionado con esta noticia que hoy vuelvo a editar. Quienes dediquen un poco de tiempo a su lectura, comprobarán el gran avance que Cuba revolucionaria ha hecho en esa materia. Comprobarán, igualmente, cómo Cuba se acerca al cumplimiento de la campaña internacional “Plantemos para el Planeta” que, promovida por Naciones Unidas, implica llegar a 2015 con el 29% de la Isla cubierta de bosques. He aquí el mencionado texto:

Cuba acostumbra a cumplir sus compromisos, y cuando no lo hace no es precisamente por falta de empeño. En el recién despedido año 2007 cumplió con creces con la campaña internacional “Plantemos para el Planeta” promovida por Naciones Unidas, ya que se llegaron a plantar en todo su territorio 136,6 millones de árboles, 1,6 más de los previstos. Sólo otras tres naciones latinoamericanas -Costa Rica, Chile y Uruguay- cumplieron también con su cometido.

El paisaje original cubano era ampliamente boscoso. Según un estudio del geógrafo alemán Leo Waibel, el 64% de la Isla estaba ocupado por bosques. El testimonio histórico del Padre Bartolomé de las Casas viene a corroborar dicho criterio: “Cuba es muy montuosa, cuasi se puede andar 300 leguas por debajo de los árboles”.

Pero, debido al indiscriminado tratamiento de la naturaleza, a partir de la segunda mitad del siglo XVIII el colonialismo económico español fue destruyendo el rico ecosistema cubano.

Muchísimos árboles de madera preciosa -caoba, cedro, guásima, ébano, majagua, ceiba, guayacán, júcaro etc., fueron utilizados en la construcción de navíos de guerra y mercantes, y en la decoración de edificios en El Escorial, por ejemplo, o en el palacio real de Madrid. Paradójicamente, mientras la salvaje deforestación se producía, la Cuba colonial se convertía en la principal compradora de madera de los Estados Unidos.

Después llegaron los yanquis, y el número de ingenios comenzó a crecer de manera vertiginosa. Grandes zonas boscosas fueron arrasadas para sustituirlas por inmensos cañaverales y, siendo la madera el combustible que se utilizaba en los centrales, las talas masivas se fueron sucediendo unas a otras.

La merma arbórea durante los 60 años de dominación norteamericana fue sin duda devastadora. En 1902 la superficie boscosa era del 54% y al triunfo de la Revolución, en 1959, ya sólo abarcaba el 13,4% del territorio nacional.

Hoy se cuenta con el 24,95% más de 2.700.000 hectáreas, y se cree que, si se mantiene el actual ritmo de trabajo, se puede alcanzar el compromiso adquirido de llegar a 2015 con el 29% de la Isla cubierta de bosques.

No obstante, como hubo expresado el secretario de la Comisión Nacional de Reforestación, Elías Linares Landa, el porcentaje que se logre alcanzar de aquí a ocho años puede ser mayor “porque [como en otros muchos asuntos] en la tarea están involucrados todos los sectores de la sociedad cubana”.

Así pues, mientrasla Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación revela que la pérdida anual neta de la floresta mundial asciende a 7,3 millones de hectáreas, en Cuba, como se puede observar, ocurre justo lo contrario.

Por otra parte, conviene recordar que en 2006 Año de la Revolución Energética en Cuba se cambiaron todos los bombillos tradicionales por otros de bajo consumo. La entrega gratuita por parte de los trabajadores sociales y la valiosa colaboración de los estudiantes fue realmente ejemplar. También el gobierno entregó ollas y cocinas eléctricas, igualmente de bajo consumo. Para entonces, los viejos ventiladores que tanta energía gastaban habían sido sustituidos por otros más ahorradores y eficientes. Algo después le tocó el turno a los frigoríficos. Los más de 100.000 motores destinados a mover el agua de los acueductos cubanos, también van a ser sustituidos de manera gradual por otros más eficientes y de menor consumo… En cuanto a las grandes y deterioradas termoeléctricas, decir que han sido suplidas por grupos electrógenos.

Se espera que, concluida la instalación del equipamiento, el país produzca 1.320 Mega Wats/hora de electricidad, ahorrándose, además, 1.700 millones de dólares en inversión, así como seis años de trabajo y más de 40 toneladas de petróleo al día.

Estas y otras medidas han permitido están permitiendo un ahorro económico muy importante e, indiscutiblemente, el medio ambiente está saliendo altamente beneficiado.

No es de extrañar, pues, que la prestigiosa Fundación parala Vida Silvestre-WWF, en inglés- que controla el medio ambiente global, declarara no hace mucho tiempo que el conjunto de medidas aplicadas por Cuba para proteger el medio ambiente la convertían en el único país de la tierra que cumple con los requisitos mínimos de desarrollo sostenible.

Deberían tomar nota los gobernantes del mundo que, cegados por las grandes fortunas económicas personales, siempre piensan en el consumo y en el mercado, pero nunca en la casa que en ruinosas condiciones nos alberga a todos.


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A continuación reproduzco un interesante artículo del teólogo brasileño Leonardo Boff titulado "Todos contra Gaia":

El cataclismo económico-financiero, fruto de avidez y de mentiras, esconde un vía crucis de sufrimiento para millones de personas que perdieron sus economías, sus casas y sus puestos de trabajo.

¿Quién habla de ellos? Los verdaderos culpables se reúnen más para salvaguardar o corregir el sistema que les garantiza hegemonía sobre los demás actores que para encontrar caminos con características de racionalidad, cooperación y compasión hacia las víctimas y con toda la humanidad.

Esta crisis evidencia otras crisis que, cual espadas de Damocles, está pendiendo sobre la cabeza de todos: la climática, la energética, la alimentaria y otras más. Todas ellas remiten a la crisis del paradigma dominante. La situación de caos generalizado suscita preguntas metafísicas sobre el sentido del ser humano en el conjunto de los seres en evolución.

En este momento callan los posmodernos con su every thing goes. Quieran ellos o no, hay cosas que tiene que valer, hay sentidos que deben ser preservados, en caso contrario nos hundimos en el mas burdo cinismo, expresión de profundo desprecio por la vida.

Ya hace tiempo que pensadores como Teilhard de Chardin o René Girard notaron cierto exceso de maldad en el camino de la evolución consciente. Cito un pensamiento de Girard, estudioso de la violencia, cuando estuvo entre nosotros en 1990 dialogando con teólogos de la liberación: «Todo parece probar que las fuerzas generadoras de la violencia en este mundo, por razones misteriosas que intento comprender, a cierto nivel son más poderosas que la armonía y la unidad.

Este es el aspecto siempre presente del pecado original, en cuanto que, más allá de cualquier concepción mítica, representa un nombre para la violencia en la historia». No hay por qué rechazar este sombrío veredicto. Solamente el pensamiento de la esperanza contra toda esperanza, de la compasión y de la utopía nos ofrece con un poco de luz.

Incluso hay que convivir con la sombra de que somos seres con una inmensa capacidad de autodestrucción, hasta el último hombre. Have años una investigación alemana sobre las guerras en la historia de la humanidad, citada por Michel Serres en su último libro Guerre mondiale (2008), llegaba a los siguientes datos: desde tres mil años antes de nuestra era hasta el momento presente habrían sido asesinados tres mil ochocientos millones de seres humanos, muchos de ellos en guerras de exterminio total.

Sólo en el siglo XX fueron muertas doscientos millones de personas. ¿Cómo no cuestionarse, honestamente, sobre la naturaleza de este ser complejo, contradictorio, ángel bueno y Satán de la Tierra que es el ser humano?

Hoy vivimos una situación absolutamente inédita. Es la guerra colectiva contra Gaia. Hasta la introducción de la guerra total por Hitler (totaler Krieg), las guerras tenían su ritual: eran entre ejércitos. Después pasaron a ser entre naciones y entre pueblos: era la guerra de todos contra todos. Hoy se ha radicalizado: es la guerra de todos contra el mundo, contra el planeta Gaia (bellum omnium contra Terram).

Eso es lo que está implicado en nuestro paradigma civilizacional que se ha propuesto explotar y extraer, con violencia tecnológica, la totalidad de los recursos del planeta Tierra.

En efecto, atacamos la Tierra en todos sus frentes, en los suelos, en los subsuelos, en los aires, en las selvas, en las aguas, en los océanos, en el espacio exterior. ¿Cuál es el rincón de la Tierra que no está siendo objeto de dominación y de conquista por el ser humano?

Hay heridas por todas partes, sangre y heridas de nuestra madre Tierra, que sufre y gime en los terremotos, los tsunamis, los ciclones, las crecidas devastadoras de santa Catalina y las sequías pavorosas del Nordeste. Son señales que nos está enviando. Cabe interpretarlas y cambiar nuestra conducta. Esta guerra no la ganaremos nosotros.

Gaia es paciente y con una inmensa capacidad de aguante. Como ha hecho con tantas otras especies en el pasado, ojala no decida librarse de la nuestra en las próximas generaciones.

No nos basta el sueño del filósofo Kant de la paz perpetua entre todos los pueblos. Necesitamos con urgencia hacer un pacto de paz perenne de todos con la Tierra. Ya la hemos atormentado demasiado. Hay que curarle las heridas y cuidar de su salud. Sólo entonces Tierra y Humanidad tendremos un destino mínimamente garantizado.


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